Buscan desplomar las tasas de interés y ofrecer cuotas fijas que den un respiro al bolsillo. De qué se trata la particular iniciativa.
El Banco Central analiza una medida para reducir el costo de operar con las tarjetas de crédito, para así darle algo de aliento al financiamiento para el consumo. Se trata de volver a un régimen que existió hace 30 años, cuando todavía no se había generalizado la tecnología digital.
La idea es que los comerciantes puedan vender los "cupones" de las operaciones que hicieron con tarjetas: para esto hay que recordar cómo funcionaba el viejo sistema.
Un cliente iba al comercio, compraba con tarjeta. El comerciante ponía el plástico en un dispositivo con los cupones en blanco. Desplazaba una barra por encima y luego le daba al cliente para que firmara. De ello resultaban un original y dos copias. El cliente se llevaba una, el comercio se quedaba con otra y el original se llevaba al banco emisor de la tarjeta.
Entonces, el banco le pagaba al comercio en función de la sumatoria de los cupones que le habían presentado. En términos comerciales, el cupón es un documento que representa un derecho de cobro de una suma de dinero.
Lo que busca el Banco Central es recrear el sistema de cupones, pero de manera digital para meter competencia en el segmento de las empresas proveedoras de servicios de pago. El comercio podrá vender en el mercado de capitales o entre bancos sus cupones de la misma manera en que se hace actualmente con los cheques.
En ese segmento pueden conseguir tasas de interés más competitivas. Por ejemplo, si un comercio vende a 6 cuotas, el sistema genera 6 cupones con sus respectivos vencimientos mensuales.
Ese régimen podría abaratar las tasas de interés para que se puedan implementar mecanismos de cuotas para el comercio minorista con tasas ya determinadas con anterioridad, lo que permitiría reducir costos.
En el caso de las pymes, podría servirles para obtener financiamiento ágil de capital de trabajo en términos más favorables que vender sus cheques a un banco, por ejemplo.
Los neuquinos entre los menos endeudados
En un contexto nacional donde predomina el sobreendeudamiento de las familias, la provincia de Neuquén destaca por registrar uno de los niveles relativos más bajos del país en relación con el tamaño de su economía. Así lo reveló el último informe de la consultora EcoGo y la Universidad Austral, con datos cerrados a julio de 2026.
De acuerdo con el relevamiento, la ratio entre el crédito otorgado a las personas físicas y el Producto Bruto Geográfico (PBG) provincial se ubicó en Neuquén en apenas un 5,2%. Este indicador sitúa a la provincia patagónica muy por debajo del promedio nacional (8,8%) y lejos de los distritos con mayor presión financiera sobre los ingresos locales, como Tucumán (13,5%), Catamarca (12,3%) o Formosa (11,8%).
El estudio precisa que Neuquén cuenta con un stock total de crédito a familias de $2,6 billones a precios reales. Aunque la provincia experimentó un notable dinamismo interanual —con una expansión del crédito del 9,3% frente a julio de 2025, la más alta de Argentina—, la solidez del PBG neuquino absorbe este crecimiento sin comprometer de manera crítica la capacidad global de pago de la jurisdicción.
En términos individuales, el informe señala que en la provincia existen 535 deudores por cada 1.000 habitantes, con una deuda promedio de $6,8 millones por deudor. La masa crediticia se canaliza mayoritariamente a través del sistema financiero tradicional ($2,0 billones), mientras que los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) explican $0,5 billones.
En lo relativo a la morosidad, Neuquén reporta una mora por monto del 16,1%, cifra que se mantiene inferior a la media del país (18,0%) y sensiblemente distanciada de las provincias con mayor mora, como La Rioja (25,3%) o Santa Cruz (23,6%). Asimismo, el porcentaje de deudores con al menos un saldo irregular alcanza el 23,6% de la población neuquina bancarizada, ubicándose entre las tasas más moderadas del mapa provincial.
Te puede interesar...












