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Paula Sibilia: "En las redes, el otro decide quién soy y cuánto valgo"

Vida online. La antropóloga afirma que la sociedad vive en la "extimidad", término para nombrar lo que parece una contradicción: la exhibición de la intimidad.

Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar

“Hoy las redes atraviesan todas las paredes y, con una eficacia inusitada pero todavía perturbadora, ponen en cuestión, o incluso hacen estallar, la dinámica de casi todas las instituciones modernas, desde la escuela hasta la pareja o la familia”, asegura a LM Neuquén la antropóloga Paula Sibilia, en relación con la vinculación de la sociedad actual las redes sociales.

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La ensayista e investigadora argentina, quien actualmente vive en Río de Janeiro, Brasil, estuvo en Neuquén, donde brindó el seminario “Transformaciones de la intimidad en la sociedad del espectáculo” en un colegio de esta ciudad.

- ¿Cómo analiza hoy el fenómeno de mostrarse en el espacio público a través de redes sociales como Instagram, once años después de la publicación de su libro La intimidad como espectáculo?

Puedo asegurar que el fenómeno se ha intensificado enormemente. Eso que estaba esbozado como una transformación de lo íntimo, de lo que tenía que ser cerrado por paredes, la intimidad se ha transformando en algo que tiene que ser visto y además tener una repercusión positiva. No solo se ha intensificado enormemente por Facebook, Instagram, Tinder, sino también por la popularización de los celulares inteligentes. Llevamos a todas partes una computadora, a la que todavía llamamos teléfono, que en realidad es una pantalla con cámara y acceso a las redes informáticas en todo momento y en todo lugar. Es un dispositivo de visibilidad y conexión.

- ¿El hábito de la conexión extenuante, al que usted se refiere, es lo que perturba a las instituciones, la familia, la escuela?

Cuando publiqué ese libro era algo que, por un lado, producía inquietud, dudas y desafíos y, por otro, fascinación porque provocaba una ampliación de nuestro radio de acción, conectarse con muchísima gente, superar los límites espacio-temporales, atravesar las paredes. Pero en el último tiempo se ha identificado ese malestar, cansancio, fatiga porque se ha hecho constante la conexión ya sea cuando estamos en la calle, en una conferencia, en un restaurante o donde nos encontremos. Hay un cansancio porque hay muchas cosas para hacer, para saber y nunca logramos satisfacer esa sed de verlo todo, de contestarlo todo y de disfrutarlo todo.

- Las redes sociales también se convirtieron en pantallas para mostrar la sexualidad.

La sexualidad es uno de los aspectos más importantes de la intimidad. Que ahora aparezcan la sexualidad y la desnudez como uno de los grandes tópicos que se exhiben en las redes sociales me parece que es muy significativo. La sexualidad y la desnudez probablemente no forman parte de ese núcleo duro de la intimidad y de la privacidad, sino que se ha transformado en algo que hay que mostrarlo con los códigos de la publicidad porque si no es como si no hubiera sucedido. Si nadie tiene acceso, su valor para juzgarme quién soy y consideren que soy una persona valiosa se perdería. También ocurre con otros aspectos de la intimidad, como la familia, las mascotas, las vacaciones. Todo pasa a ser exhibido y compartido con los demás porque se espera una repercusión positiva.

- ¿Las redes construyen hoy nuestra identidad?

El hecho de mostrar no es un mostrar ingenuo, es un mostrar con códigos de la publicidad y del espectáculo. Lo muestro de la forma que me parece que va a tener efectos positivos entre el público que me está mirando.

- ¿Existe un espectador que pone un valor a eso que se le está mostrando?

Es la mirada de los espectadores que ven mi vida o esta versión de mi vida que muestro y que ganó una importancia fundamental. Son los otros, que ven lo que yo muestro de mí, los que pondrán una nota, me evaluarán y decidirán si valgo y cuánto valgo; si existo o no. Cuanta más gente me valore positivamente o mi repercusión sea más rica, más variada, más enfática, se supone que mi vida tiene más valor. Esto sería una evidencia de que hubo un desplazamiento del lugar de la verdad, la verdad está en la mirada ajena. El otro tiene la capacidad de decir quién soy yo y cuánto valgo. En la época moderna, la intimidad estaba preservada de la mirada ajena. La verdad estaba en otro lado. No era la mirada ajena la que iba a decir cuánto vale mi vida, sino que era una especie de verdad íntima e interior, relacionada con frases como “lo esencial es invisible a los ojos”. Cada vez es más importante lo que se ve para juzgar quién soy y cuánto valgo.

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