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Los rompehuesos que mejicanean narcos y el crimen del Cachi Varela

Irrumpen fingiendo ser de la Policía Federal, golpean y torturan hasta hacerse del dinero y la droga. Los vínculos con el crimen del comerciante de Centenario.

La violencia de este grupo compacto de rompehuesos, tal como les dicen los narcos, es temeraria ya que aprovechan la imposibilidad de denunciar de sus víctimas. La historia tiene elementos muy variados y en sus recovecos vamos a encontrar vínculos con el brutal crimen de Andrés “Cachi” Varela, comerciante de Centenario.

Pero desde el dato inicial sobre este grupo violento hasta esta publicación, pasaron seis meses, muchas charlas clandestinas y un minucioso chequeo que permite develar lo que ocurre en los sótanos del ambiente criminal neuquino.

La llamada

Lo bueno de sufrir insomnio es que la madrugada pasa a ser una suerte de espacio de trabajo y la compulsión por el mismo, que tantos pesares genera, lleva a que uno se encuentre con datos que no surgen en horario de oficina.

Todo comenzó una madrugada de abril cuando un número sin identificar apareció en la pantalla del celular. Del otro lado de la línea, la voz fue fácilmente identificable.

Ser periodista de sucesos no solo permite tener fuentes dentro de la Policía y la Justicia, sino también vecinos de distintas barriadas, personajes del hampa y del narco regional. Todo es parte del crisol de fuentes con el cual uno interactúa y se nutre para tener un panorama más o menos certero del crimen en Neuquén.

“Amigo, perdón la hora. Fijate que hay unos rompehuesos terribles reventando los kioscos narcos”, me advirtió la fuente, que camina por una delgada línea desde hace un tiempo y mantiene un equilibrio tan nimio que por ahora le permite estar en libertad y con vida.

La charla se extendió por unos diez minutos, hasta que se escucharon unos ruidos de fondo y pidió que por cualquier cosa lo contacte “como siempre”. Método imposible de revelar.

En definitiva, el dato que me brindó no podía ser chequeado por los canales oficiales. Es decir, denuncias en la Policía y en la fiscalía era imposible que existieran.

Las víctimas, todas dedicadas al narcomenudeo, no van a acudir a la Policía a contar que les entraron a robar la droga y la recaudación o, como se dice, los mejicanearon.

El cotejo requería tiempo, visitas a algunas fuentes marginales y charlas por canales encriptados con otras. Lentamente fueron revelando lo que ocurría, pero en absoluta reserva.

De hecho, recientemente un funcionario me dijo: “Pedile a uno que denuncie y estamos hechos”. Ambos sonreímos porque sabemos que, en ese mundillo, el único código que queda vigente son las represalias a puro plomo.

Pero para avanzar un poco más con los rompehuesos es necesario saber a qué rubro atacan.

Héctor Montecino está preso desde enero de 2012, cuando fue capturado en Catriel tras cuatro meses prófugo.
Héctor Montecino está preso desde enero de 2012, cuando fue capturado en Catriel tras cuatro meses prófugo.
Héctor Montecino está preso desde enero de 2012, cuando fue capturado en Catriel tras cuatro meses prófugo.

Los kiosquitos de la droga

Hasta mediados de la década pasada, el negocio narco era sumamente desprolijo, visible y ostentoso.

Para que se entienda. Las bandas del oeste tenían soldaditos que vigilaban la zona, se reventaban a tiros entre las distintas facciones para manejar el territorio y acopiaban la droga en los mismos búnkeres desde donde la comercializaban en dos modalidades: delivery y pasamanos.

Sucesivos allanamientos realizados por las distintas fuerzas de seguridad, tanto locales como nacionales, las llevaron a perder mucho dinero y droga.

En 2013 ya habían tenido muchas bajas cruzadas, a tal punto que ese año hubo 52 muertes en Neuquén, pico histórico. La mayoría de los crímenes estuvieron vinculados a los punteros del oeste que manejaban el negocio del narcomenudeo.

El Ministerio Público Fiscal, que venía de realizar con Delitos de la Policía una investigación sobre el accionar de las bandas, observó que casi todas las bajas eran ajustes de cuentas, por lo que hubo una reunión con el Gobierno para que gestionaran un alto al fuego.

En esa década, el juez federal Gustavo Villanueva logró desarticular a los Montecino, que tenían sede en Cipolletti y se ramificaban por todo Neuquén.

También se avanzó sobre distintas organizaciones, dando con cargamentos de 40 kilos de marihuana en una casa del oeste neuquino y la mayor incautación de drogas de la provincia que fue un campo de Picún Leufú donde secuestraron casi 800 kilos.

¿Qué aprendieron los narcos? Que hay que leer las leyes. La virtud del negocio está en desarrollarlo en familia, es decir, con gente de confianza, moverse con pocas cantidades y en varios domicilios.

Fue así que se pasó de búnkeres con doble portón, cámaras y perros bravos, para demorar el ingreso de la Policía cuando allanaba, a simples viviendas que pasan desapercibidas en la geografía barrial.

De hecho, cuando son descubiertos por sus movimientos, les abren la puerta a los pesquisas que vienen a allanar y entregan todo porque son cantidades y montos recuperables.

Tras la demora inicial, los notifican, como mucho los indagan y los liberan.

No obstante, se trata de un negocio chico pero muy rendidor. En los kioscos se pueden encontrar hasta 100 dosis de cocaína, la droga más consumida en la actualidad, y entre uno y dos millones de pesos en efectivo.

Ese el promedio que estipulan que tienen los kioscos de narcomenudeo como botín en la región.

El juez federal Gustavo Villanueva encabezó el procedimiento realizado ayer en Picún Leufú, donde desenterraron la droga en una chacra. Hay tres personas detenidas.
El juez federal Gustavo Villanueva encabezó el procedimiento realizado ayer en Picún Leufú, donde desenterraron la droga en una chacra. Hay tres personas detenidas.
El juez federal Gustavo Villanueva encabezó el procedimiento realizado ayer en Picún Leufú, donde desenterraron la droga en una chacra. Hay tres personas detenidas.

Aprovechar la ventaja

Sin dudas que los rompehuesos que mejicanean a los narcos conocen todo el movimiento de los kioscos y cuentan con una ventaja: saben que no va a existir una denuncia y, por lo tanto, tras sus pasos no van a estar ni la Policía ni la Justicia. Sería absurdo, estúpido e inimaginable que denuncien.

Se estima que hubo una decena de ataques de rompehuesos que se han alzado con droga y dinero.

La reiteración de los golpes ha permitido establecer el modus operandi de estos violentos.

Una de las fuentes confió: “Deben hacer un pequeño trabajo de inteligencia. Acá (en Centenario) todos saben dónde están los kioscos y quiénes los manejan. Entran tipo medianoche a reventar fingiendo que son de la Policía Federal, traen armas y chalecos”.

Cuando los narcos buscan agarrar algún arma, ya están recibiendo una trompada, un palazo o un culatazo.

Detalle: “Estos no pegan piñas, pegan trompadas bien puestas. Saben golpear y son sumamente violentos”, referenció la fuente. Al principio creyeron que se trataba de algunos practicantes de MMA, el tradicional vale todo, pero luego se toparían con otros datos que les aclararon un poco más el panorama.

Una vez que los reducen, los atan con alambre y les exigen el dinero y la droga. Si se resisten, comienzan a dar vuelta la casa y recurren a métodos de tortura.

“Han arrancado uñas, metido la cabeza en un balde con agua, una bolsa en la cabeza y reventado a trompadas a los que se hicieron los valientes”, detalló el informante, que agregó que andan muy bien armados con pistolas y lo más peligroso es que están dispuestos a todo.

Más tarde que temprano

Para los lectores que no conocen mucho del ambiente criminal, sepan que en esos laberintos todos se conocen y no hay ninguna modalidad que no termine quedando expuesta tras hacer algunos estragos.

El exceso de confianza siempre traiciona a los delincuentes, más aún si alguno de ellos tiene alguna adicción.

Lo cierto es que los rompehuesos no estaban en el radar de la Policía y eran algo que solo se conocía en el mundillo narco.

Lo raro era que no se produjera una devolución de gentilezas como suele suceder habitualmente.

Esto solo puede referenciar dos cosas: no sabían quiénes eran o les temían. La segunda termina siendo la respuesta correcta.

A mediados de mayo se produjo un crimen muy violento en Centenario. El homicidio pareció ser un hecho aislado, pero en los detalles surgieron elementos que podrían vincularlos con los violentos atracos que se mantenían ocultos en los sótanos de la delincuencia.

Centenario marcha por Cachi Varela comerciante asesinado (5).jpg

El crimen de Cachi

Como todas las noticias terribles, siempre llegan de golpe o en medio de la noche. En este crimen, las dos premisas fueron de la mano.

Entre la medianoche del 19 de mayo y la madrugada del 20, fue descubierto el cuerpo de Andrés Benito “Cachi” Varela.

Varela tenía 58 años, vivía en la calle San Salvador de Centenario, era comerciante, tenía dos fiambrerías en la localidad y además poseía una licencia de taxi.

El hallazgo lo realizó su ex pareja, según explicó la Policía en ese entonces.

La versión da cuenta de que las hijas del Cachi le habían pedido a la ex que se acercara a la casa de su padre para ver si le ocurría algo porque no contestaba el celular y eso les preocupaba.

El cuadro con el que se encontró la mujer fue tremendo.

“A simple vista se notaba que había sido víctima de una muerte provocada con violencia. La casa estaba toda revuelta”, detalló a los medios el comisario inspector Sergio Llaytuqueo, a cargo del departamento de Seguridad Personal de la Policía.

El oficial aclaró que la principal hipótesis estaría vinculada a un robo, y no se equivocó.

Los fiscales de Homicidios, Andrés Azar y Lucrecia Sola, tomaron el caso y Criminalística se encargó de la escena del crimen.

Cachi Varela fue asesinado a golpes en su casa de Centenario.
Cachi Varela fue asesinado a golpes en su casa de Centenario.
Cachi Varela fue asesinado a golpes en su casa de Centenario.

El informe de los médicos forenses visibilizó la brutalidad ejercida contra la humanidad del comerciante. “La muerte fue por traumatismo craneoencefálico grave, pero no fue atacado con ningún elemento contundente. Le fracturaron el cráneo, el tabique y perdió piezas dentarias”, resumieron los especialistas.

A esto se sumó que lo encontraron atado de pies y manos con alambre, y con una bolsa en la cabeza. No se olviden de estos detalles.

A partir de ahí, Seguridad Personal inició las pesquisas para dar con los autores, y no fue un trabajo para nada sencillo.

Finalmente, entre el trabajo de campo y algunos buches, surgió un dato clave que fue cotejado mediante el cruce de antenas de telefonía.

Así fue como el 14 de septiembre la fiscalía, en conjunto con Seguridad Personal, detuvo a Julio José Vidal (33) y Jesús Ezequiel Vidal (20), hermanos y ex boxeadores. En sus casas secuestraron chalecos antibalas.

El 18 de septiembre, después de una extensión que pidió la defensa de los hermanos Vidal, se realizó la audiencia de formulación de cargos donde quedaron acusados de homicidio en ocasión de robo y detenidos con prisión preventiva.

SFP Audiencia por crimen de comerciante en centenario hermanos Vidal (10).JPG

El detalle: la línea cuatro

Y seguramente usted se preguntará qué tiene que ver este crimen. Repasemos: desde el ambiente, una fuente nos decía que los rompehuesos daban trompadas tremendas, los forenses develaron que al Cachi lo mataron fracturándole el cráneo, la nariz y le volaron los dientes. Los detenidos son boxeadores.

Lo que cambió fue el blanco del ataque, porque el Cachi no estaba vinculado al ambiente y mucho menos a la comercialización de drogas. Es por ese motivo que no parecía haber relación alguna hasta que encontré la pieza que faltaba.

Al repasar la audiencia pública de la acusación a los hermanos Vidal, perdido casi al final, el fiscal Azar reveló la bendita “línea cuatro”.

Del trabajo de campo se logró mantener diálogo con una persona que indicó deseos de colaborar, pero solicitó mantener su identidad en reserva por temor a represalias. Asegurado esto, manifestó haber tomado conocimiento, que los autores del hecho donde dejara de existir el Cachi, sería autoría de los ciudadanos Vidal. Da cuenta de que uno de ellos, Ezequiel Vidal, está tan perdido en las drogas que en un momento en que se encontraba mal (pasado de drogas) contó que se les pasó la mano. Conforme lo investigado, se obtuvo que Ezequiel y Julio se dedican a ‘mejicanear’ a los narcos, es decir, robarles las sustancias ya que saben que el hecho no será denunciado, y cada vez que ingresan a algún domicilio, es característica la violencia y que dejan atadas a sus víctimas”, le explicó el fiscal al juez Lucas Yancarelli en plena audiencia.

Bien, ya hay un testigo protegido que develó los vínculos de los Vidal y el perfil es perfecto.

Lo cierto es que “al Cachi le entraron al voleo en busca de guita (para droga). Le dieron vuelta toda la casa”, confió una fuente.

¿Se acuerdan de que les dije que cuando hay una adicción todo se termina desmadrando? Al parecer, los Vidal, cuando iban camino a la casa de su padre, el Pucará, vieron entrando al Cachi a su casa y aprovecharon la oportunidad.

“De acuerdo con los forenses, lo mataron a golpes y después lo ataron de pies y manos con alambre”, detalló un informante.

SFP Audiencia Hijo de Pucara Vidal por homicidio comerciante en centenario (14).JPG

Devolución de gentileza

Con toda la información recopilada, seguí el protocolo para contactar a mi fuente marginal. Después de unos días, hace unas pocas madrugadas charlamos.

“Sí, son ellos. Pasa que nadie se quiere meter con los Vidal porque son rebravos. El Ezequiel, el Julio y el Pucará (el padre) son ex boxeadores y andan muy bien enfierrados. Esto ninguno de los que fueron castigados por los Vidal lo va a querer blanquear”, confió la fuente, que reveló que Pucará es muy conocido por ser un reducidor (de cosas robadas) en Centenario, dato que también confirmó una fuente policial a este medio.

Pero esto no es todo, porque mientras la Policía trabajaba en la investigación del crimen del agenciero Miguel “Ruso” Auer, por el que pronto comenzará el juicio por jurados, se toparon con una fuente que les aportó el mismo dato: “Los Vidal mataron al Cachi”. Y además confiaron que los Vidal eran los rompehuesos, pero que eso nunca lo iban a declarar.

Lo cierto es que desde que los Vidal están con prisión preventiva, los kioscos narcos no han sufrido nuevos ataques y respiran con cierto alivio.

El miércoles, el Tribunal de Impugnación integrado por Andrés Repetto y las juezas Liliana Deiub y Patricia Lupica Cristo confirmó la prisión preventiva para Exequiel y Julio Vidal.

Los jueces coincidieron con el fiscal Azar, que entiende que existen riesgos procesales, en especial la posibilidad de que los Vidal puedan intimidar a testigos. Y, la verdad, meten miedo los muchachos.

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