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La Mañana condena

Primera condena por crimen de odio en Neuquén: emoción, festejos y un mensaje social por el transfemicidio de Azul Semeñenko

Por primera vez en Neuquén se juzgó un transfemicidio: un jurado popular declaró culpable a Roberto Daniel Sánchez por el homicidio con ensañamiento, violencia de género y odio a la identidad trans de Azul Semeñenko.

“Azul Semeñenko, presente, ahora y siempre ”, gritaron con el puño en alto con rosas azules en las manos, cuando este lunes 19 de octubre ya de noche el presidente del jurado leyó el veredicto de culpabilidad.

El resultado que implica una condena perpetua para Sánchez provocó un tsunami de emociones pero por sobretodo los aplausos entre las compañeras de trabajo de Azul en el Centro de Atención a la Víctima y entre militantes travestis de ATTTA, la filial provincial de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina.

El hermano de la víctima, Marco Millapán, quien conformó la querella y encabezó el pedido de Justicia por Azul quedó en estado de conmoción de llanto al escuchar la sentencia condenatoria.

Mientras la Fiscalía y la querella se saludaban con lágrimas, Sánchez mantuvo una breve conversación con su abogado defensor Ezequiel Leanza antes de que fuera esposado por un policía y sacado de la Sala 12. Allí donde durante once jornadas que iniciaron el 2 de octubre pasaron más de 60 testigos y abundante prueba evaluada por las y los doce integrantes del jurado.

“Es un día histórico: fue un transfemicidio, un crimen de odio”

Al salir de la Sala en medio de abrazos y agradecimientos, las compañeras y militantes aguardaban la salida del juicio pese a la lluvia y el frío desde las 8 de la mañana. En la entrada ubicada sobre calle Leloir colgaron banderas del orgullo trans y un altar para Azul.

“En primer lugar agradecerles la permanencia constante en la entrada de la Ciudad Judicial, la verdad que hoy para nuestra familia es un día histórico, un día de mucha lucha a la cual nunca desistimos”, expresó Marco Millapán por un megáfono.

“La verdad que haber conseguido este veredicto del jurado popular es fruto colectivo de cada uno de los que hoy están presente y los que nos han acompañado a lo largo de todo este año”, indicó ante la multitud que prendía velas para Azul.

“Siempre vinimos con la verdad, nunca dijimos ni intentamos evadir la realidad de Azul, Azul fue y será una persona del común y corriente como somos todos con defectos, con virtudes pero sobretodo con un corazón noble”, recalcó su hermano.

“Ha sido un año muy difícil donde hemos tenido que tolerar injurias, falta de respeto, situaciones muy humillantes, logramos lo que todos queríamos, Justicia para Azul, esto fue un transfemicidio, un crimen de odio”.

En diálogo con LM Neuquén, por su parte, Janet Hernández, compañera de Azul que acompañó desde el primer día primero el pedido por su aparición con vida y luego la condena a Sánchez expresó: “Nada nos devuelve la vida de Azul, pero sabemos que ahora descansa en paz, que su transfemicidio el odio a la identidad de género no quedó impune ”.

“Pudieron ver cuáles son las problemáticas que afectan a las personas travesti trans”

La querella que representó a la familia de Azul Semeñenko conformada por Shirley Sarasola, abogada y quien fuera compañera de la víctima en el CAV, junto a Fernando Gómez, y Jéssica Falcone también dialogaron con LM Neuquén después de haber logrado que el jurado popular declarara culpable a Sánchez por los cargos que presentaron: homicidio triplemente agravado.

“Fue un año duro, difícil, cargado de emociones, fue un juicio con mucha evidencia que demostraba la culpabilidad que el jurado pudo ver en la prueba”, indicó Gómez, al tiempo que remarcó la contracara: “Pero también fue un espejo de los prejuicios de una comunidad que necesita construir un aprendizaje”.

En este sentido, expresó que atravesó “sensaciones encontradas” por el resultado a un año del crimen brutal de la trabajadora estatal que la noche del crimen realizaba trabajo sexual y fue abordada por Sánchez quien la llevó a su domicilio en Copahue al 1100 donde la asesinó con múltiples fracturas y 25 puñaladas. Luego, tras 24 horas de continuar su vida normal, la descartó de madrugada en un canal de desagüe en Valentina Norte.

“Uno se va satisfecho de que el jurado pudo ver que acá hubo un crimen de odio, de una mujer que tiene la protección de la violencia de un hombre contra una mujer, de la saña en un crimen horrendo”, dijo.

De todas maneras insistió en las sensaciones encontradas: “es una brisa fresca de la Justicia que no te devuelve a Azul, entonces es seguir con las brasas ardiendo del dolor que no se apaga”.

Por su parte, Shirley Sarasola, profundamente conmovida indicó: “como parte de la querella y como compañera de Azul, para mi es una responsabilidad muy grande, no fue un expediente más, me atravesó como compañera, hoy se hizo Justicia, hoy Azul descansa en Paz”.

Por último, Jéssica Falcone, indicó: “por un lado muy satisfecha con el veredicto de culpabilidad, muy orgullosa del pueblo neuquino, porque el jurado popular tiene ese condimento son las personas de a pie que nos cruzamos en la calle las que definen el veredicto de culpabilidad, me reconforta poder salir mañana a la calle sabiendo que las personas logran empatizar con una forma de vida que capaz no es la suya no es la habitual y pudieron ver cuales son las problemáticas que afectan a las personas travesti trans, lamentablemente en todo el país”.

En en sentido, remarcó: “pudieron ver la culpabilidad de un homicidio con tres agravantes que son los que constituyen la primera experiencia de un transfemicidio en nuestra provincia”.

Al finalizar, también conmovida, puntualizó en el sabor amargo de que “Azul no está, no va a volver a estar, pero se encuentra representada por sus compañeras de trabajo que no la dejaron de buscar desde el día uno”.

“Sánchez no mató a Azul por lo que hizo, sino por lo que es”

La Fiscalía, representada por el fiscal jefe Agustín García y la asistente letrada Agustina Jarry, había pedido que el jurado declarara culpable a Sánchez por las tres agravantes. En su alegato, García sostuvo que la prueba permitió reconstruir cómo Azul ingresó a la vivienda del acusado durante la madrugada del 25 de septiembre de 2025, qué ocurrió allí y cuáles fueron las maniobras posteriores para ocultar el crimen.

La última imagen de Azul con vida la ubicó en la camioneta Ford Ranger blanca de Sánchez, que llegó hasta la casa de Copahue al 1100, en Neuquén. Según la reconstrucción presentada por la acusación, las cámaras registraron el ingreso durante la madrugada. Después, el acusado continuó con su rutina cotidiana, mientras la búsqueda de Azul todavía no había comenzado.

Para la Fiscalía, esa normalidad aparente contrastó con lo que ocurrió durante la madrugada siguiente, cuando Sánchez habría trasladado el cuerpo envuelto en un gazebo y atado con cuerdas y alambres hasta un canal de desagüe en el límite entre Neuquén y Plottier, a unos 16 kilómetros de su casa.

Azul permaneció desaparecida durante 19 días. Su cuerpo fue encontrado el 14 de octubre, cuando un vecino que paseaba a sus perras advirtió un olor nauseabundo y llegó hasta el lugar. La acusación sostuvo que el modo en que fue ocultado el cuerpo formó parte de una secuencia deliberada para esconder el crimen.

Las cámaras de seguridad, los registros de circulación de la camioneta, las manchas de sangre detectadas en la vivienda y en el vehículo, y las pericias criminalísticas fueron algunos de los elementos que la Fiscalía presentó para reconstruir los movimientos del acusado y la agresión dentro de la casa.

García rechazó la hipótesis de una reacción bajo emoción violenta que propuso la defensa de Sánchez. A su criterio, la continuidad de las actividades del condenado, el traslado del cuerpo y las maniobras para borrar rastros no se correspondían con una pérdida repentina del control. También cuestionó la versión de una agresión mutua y señaló que los informes médicos no encontraron lesiones recientes en el acusado que respaldaran esa explicación.

Las 25 puñaladas y el ensañamiento

La cantidad y la distribución de las lesiones que presentaba Azul ocuparon un lugar central en los alegatos. La autopsia del médico forense Gerez determinó al menos 25 heridas de arma blanca, además de fracturas en el rostro, la mandíbula, las costillas y los antebrazos. Dos de las heridas comprometieron órganos vitales: el corazón y la aorta.

Para la Fiscalía y la querella, la agresión no se limitó a las lesiones que causaron la muerte. Las heridas defensivas en manos y brazos, la cantidad de puñaladas y las fracturas fueron presentadas como indicadores de una violencia que excedió lo necesario para matar.

El abogado querellante Fernando Gómez retomó el concepto de overkill, utilizado por los especialistas para describir una cantidad de lesiones muy superior a la necesaria para provocar la muerte. Según sostuvo, esa mecánica evidenciaba sufrimiento innecesario y debía ser valorada para acreditar el ensañamiento.

Gómez también destacó las fracturas en el rostro de Azul. Los peritos no pudieron determinar si se produjeron antes o después de la muerte debido al estado de descomposición del cuerpo. Sin embargo, para el querellante, esa limitación no impedía analizar el conjunto de la violencia ejercida.

“Le rompió la cara tres veces”, afirmó durante su alegato. Y definió esas lesiones como “la marca indeleble del odio a la identidad y expresión de género”.

El odio a la identidad de Azul

La segunda dimensión central de la acusación fue el odio o prejuicio hacia la identidad de género. La Fiscalía sostuvo que ese agravante no podía analizarse únicamente a partir de la existencia de un encuentro sexual entre Sánchez y Azul, sino mediante el conjunto de la evidencia: el trato hacia la víctima, las expresiones discriminatorias incorporadas a la causa, la violencia desplegada y el modo en que fue tratado su cuerpo.

En ese planteo, los testimonios de la antropóloga Josefina Fernández, de la referente trans María Belén Correa y de trabajadoras sexuales permitieron contextualizar la discriminación y las condiciones de vulnerabilidad que atraviesan muchas mujeres trans, así como las situaciones de riesgo que pueden presentarse durante el trabajo sexual.

La querella, por su parte, puso el foco en la historia de Azul: su búsqueda de reconocimiento, el camino para acceder a su identidad registral y los proyectos que había empezado a construir. Gómez recordó que Azul había conseguido un trabajo estable y había iniciado el proceso para una cirugía que consideraba importante para su vida.

“Ninguna víctima viene a un juicio a rendir examen para que le reconozcan el derecho a no ser asesinada”, dijo el abogado, al cuestionar los testimonios que durante el debate buscaron desacreditar a Azul por su identidad, su actividad laboral o sus decisiones personales.

Para la querella, el crimen no podía entenderse al margen de esa historia ni de las desigualdades de poder entre una trabajadora sexual expuesta a la vulnerabilidad económica y un cliente que la llevó a su propia casa.

“Desde mucho antes de llegar a esa esquina, Sánchez ya la había deshumanizado a Azul”, sostuvo Gómez.

La violencia de género y las maniobras para ocultar el crimen

El tercer agravante, por mediar violencia de género, también fue defendido a partir de la relación desigual de poder y de los antecedentes de violencia atribuidos a Sánchez durante el juicio. La querella cuestionó la imagen de una persona pacífica que, según planteó, se había intentado construir desde algunos testimonios de la defensa.

Gómez consideró que la violencia ejercida contra Azul no debía ser presentada como un episodio aislado o una reacción circunstancial. Para sostenerlo, retomó declaraciones vinculadas con otros vínculos de Sánchez y las puso en relación con la agresión que terminó con la vida de Azul.

Las acusaciones también cuestionaron las maniobras posteriores al crimen y algunos testimonios ofrecidos por la defensa. La Fiscalía señaló contradicciones en las declaraciones de ciertas personas y recordó las comunicaciones telefónicas que, a su criterio, permitían observar intentos de condicionar relatos. Entre ellas estuvo la conversación en la que Carola Araneda, expareja del acusado, le indicó a su hija que no dijera ante la Fiscalía que Sánchez la golpeaba porque podía perjudicarlo.

Para la acusación, esos episodios debían ser considerados junto con la evidencia material, sin tomar de manera aislada los relatos que favorecían la versión defensiva.

El pedido de justicia por Azul

El alegato de Gómez había cerrado con un pedido dirigido al jurado: que reconociera la responsabilidad de Sánchez y los tres agravantes. El abogado destacó el impacto que el crimen tuvo en la familia, las amigas y las compañeras de Azul, y recordó que ella había comenzado una etapa de su vida marcada por proyectos personales que quedaron truncos.

“La decisión es clara: el único mandato es pedirles justicia”, había concluido.

Afuera de la sala, el juicio había sido acompañado por personas cercanas a Azul, integrantes del colectivo travesti-trans, trabajadoras del Centro de Atención a la Víctima donde ella trabajaba y organizaciones sindicales. Durante las jornadas, el reclamo por justicia atravesó tanto el desarrollo de las audiencias como las actividades de acompañamiento en Ciudad Judicial.

Con el veredicto de culpabilidad, el jurado dio por acreditada la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez por el homicidio de Azul Semeñenko y las tres agravantes que sostuvieron las acusaciones. La lectura puso fin a la deliberación popular, aunque todavía resta la instancia judicial en la que se determinará la pena.

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