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La Mañana

Poner nombre al mundo

Nuestro universo simbólico se construye con palabras. Por eso, nuestras formas de concebir el mundo dependen de los términos que usamos para nombrarlo. Y cuando aprendemos a mirar distinto, urge la necesidad de pensar palabras nuevas, unas que se condigan con nuestra nueva forma de ver las cosas.

El Día del Niño ya no existe. Porque, tarde o temprano, aprendimos que no hay un único niño y que la infancia no responde a un estereotipo. No hay un niño porque no hay una forma correcta de serlo y, por lo tanto, otras que estén mal porque no se ajustan a ese parámetro establecido.

La niñez es una etapa vital que incluye a todos. Con sus géneros, sus creencias, sus culturas, sus identidades. Todos son niños dignos de ser celebrados. Todos merecen un día para festejar y sentirse parte.

A pesar de que el lenguaje inclusivo tiene sus acérrimos detractores, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) propuso rebautizar el Día del Niño y cambiarlo por el Día de las Infancias. El objetivo es imprimir la perspectiva de género y de respeto a la diversidad que, a fuerza de una lucha constante de sus defensores, se cuela de a poco en nuestra visión del mundo.

Hablan en plural porque para la Senaf no hay niñez; hay niñeces. Afirman que todas las maneras de vivir la infancia son diferentes, que hay realidades que no encajan en un patrón pero que no por eso son menos válidas o valiosas.

Todos los niños valen. Y para que valgan, para que tengan peso simbólico, es necesario nombrarlos. No con términos estereotipados o exclusivos, sino con un nombre que los incluya a todos.

Hoy es el día para celebrarlos. Con su identidad, con sus extravagancias, con su forma única de habitar el mundo. Felices infancias. Así, en plural.