¿Qué hacer cuando tu hijo vuelve a casa borracho?
El alcohol en exceso forma parte de la vida de los adolescentes cada vez con más frecuencia. Muchos comienzan su salida luego de una “previa” que ya los puso en un estado de total descontrol y ni hablar de cómo terminan… Ojo: no es propiedad de nuestro país. Sin ir más lejos, la semana pasada, en España, una niña de 12 años murió por un coma alcohólico.
Si bien es un tema para estar alertas, no hay que alarmarse. Cuando ocurre algo así, la clave es actuar con calma. Los especialistas lo recomiendan no sólo para manejar la situación ante una borrachera, sino también para saber cómo encarar el tema con los hijos cuando estén fuera del espacio de excitación que promueve el alcohol. O sea, cuando vuelvan a estar sobrios.
Principalmente, se sugiere no iniciar una persecución ni hacer un interrogatorio. Está claro que lo ideal sería haber generado con antelación, incluso desde niños, una comunicación que genere confianza y así enseñarles valores esenciales, como la responsabilidad, el respeto a las normas establecidas y que sepan decir que no, lo cual es una forma de asumir límites. Pero si esto no ocurrió y el tema nos sorprende con nuestro hijo alcoholizado volviendo de su salida con amigos, lo mejor es evitar el enojo que derive en un ataque de furia. Respirar profundo y postergar la conversación para cuando el chico se encuentre en condiciones de mantener un diálogo con toda su atención. Si llega en un estado muy perjudicado es importante que le preguntemos cómo se siente y, llegado el caso, pedir ayuda médica.
Una vez que el adulto está frente al menor listo para charlar del tema, no hay que dramatizar. Aunque sin que esto signifique complicidad: el adolescente debe entender que se trata de algo serio, por más que lo minimice y seguramente diga “no pasa nada, lo tengo controlado”. Buscar conocer, desde la conversación, por qué tomó tanto, y si creemos que aún no tiene información sobre los riesgos del consumo excesivo de alcohol, dársela e intentar reflexionar juntos al respecto. Y tratar de que esa charla no finalice con un reto ni un castigo ni una amenaza, sino con un compromiso de responsabilidad, incluyendo potenciar la comunicación padres-hijos, porque si el consumo compulsivo de alcohol tapa algo de la personalidad de los chicos, sería bueno que comience a descubrirse para encontrar una canalización positiva y saludable, y no la ingesta excesiva de alcohol.
No es una tarea sencilla. Pero en la paciencia, la capacidad de reflexión, la calidez en el diálogo sin perder firmeza y en mostrarle un afecto incondicional están las claves para superar lo que puede convertirse en un problema grande si no se advierte a tiempo.
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