Remake al máximo extremo

La intriga y el mundo del surf vuelven a emparentarse en la pantalla grande en Punto de quiebre, la remake de la película de 1991 que alcanzó estatus de culto gracias a sus carismáticos protagonistas, Keanu Reeves y el fallecido Patrick Swayze, y su efectiva trama policial con tintes anarco-espirituales, críticos del sistema social.

La intriga y el mundo del surf vuelven a emparentarse en la pantalla grande en Punto de quiebre, la remake de la película de 1991 que alcanzó estatus de culto gracias a sus carismáticos protagonistas, Keanu Reeves y el fallecido Patrick Swayze, y su efectiva trama policial con tintes anarco-espirituales, críticos del sistema social. Tras 25 años, una nueva versión dirigida por el especialista en fotografía Ericson Core llega a las salas de la mano de Edgar Ramírez, Luke Bracey y Teresa Palmer.

Dúo de lujo En el film original, Reeves era el agente infiltrado, mientras que Patrick Swayze interpretaba al líder de la banda de surf.

La historia gira en torno a un joven agente novato del FBI, Utah (Bracey), que investiga una serie de robos espectaculares a entidades financieras. Sus sospechas apuntan a un equipo de atletas de deportes extremos que, liderados por el místico Bodhi (Ramírez), buscan completar las Ocho Pruebas, una carrera de postas y retos que pretenden usar las fuerzas de la naturaleza para alcanzar la iluminación. Utah se une a ellos para desenmascararlos, pero una vez infiltrado, el policía tendrá que esforzarse para probar su hipótesis tironeado entre su objetivo y el vínculo que establece con los presuntos delincuentes que lo llevará a cuestionarse su visión del mundo.

Rasgos propios
Sobre la impronta del film, Edgar Ramírez señaló: "Podríamos llamarlo remake, sólo porque tenemos a Bodhi, Utah y Sam y porque hay una infiltración del FBI. Pero es más una reimaginación de la primera cinta. No tratamos de contar la misma historia". No obstante, el actor venezolano sostuvo que el espíritu subversivo permanecerá.

Otro contraste con su predecesora es que no sólo se enfoca en el surf –como la original–, sino en toda la cultura de los deportes extremos. "Creo que una de las diferencias principales con la primera es que estos chicos no son los surfistas que están buscando el verano eterno. Estos chicos son militantes, son activistas ambientales; incluso podrían ser vistos como terroristas, dependiendo del punto de vista", explicó Ramírez.

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