El clima en Neuquén

icon
12° Temp
80% Hum
La Mañana vino

Roberto de la Mota y sus "memorables vinos de la pandemia"

El socio fundador de Mendel Wines compartió sus opiniones sobre la industria

Por Carla Barbuto

Toda una vida dedicada al vino y al terruño. “Viví mi infancia en una bodega, con lo cual mi nexo con la vitivinicultura es altísimo”, nos cuenta Roberto de la Mota, socio fundador de Mendel Wines, como quien está predestinado a ser uno de los mejores y más reconocidos enólogos del país.

Te puede interesar...

En una charla que es un lujo, nos habla de la influencia de su padre (el gran Raúl de la Mota, padre de la vitivinicultura argentina), de su formación en Francia, del promisorio futuro de la industria más allá de la coyuntura y hasta se anima a una dejarnos una enseñanza: “Después de la crisis del Covid-19, espero que hayamos aprendido que hay que seguir trabajando, apostando a la ciencia, que hay que seguir invirtiendo en salud y educación. Creo que esa será la enseñanza más importante que nos deje”.

- Toda una vida relacionado al vino. ¿Cómo cuenta su camino a quien no lo conoce?

- La vitivinicultura y la enología están vinculadas a una formación técnica y científica, vienen muy ligadas a la agronomía. Y también tiene mucho que ver con el apego a la tierra y a la pasión por el vino. Se conjugan esos factores y hace que sea apasionante para mi.

Mi padre era enólogo así que el tema del vino y la vitivinicultura lo viví de niño. Viví mi infancia en una bodega, con lo cual mi nexo con la vitivinicultura es altísimo. Siempre fue una actividad que me gustó.

Estudié en una escuela agrícola enológica en el secundario, después Agronomía en la Universidad Nacional de Cuyo. Luego seguí estudios en la École Nationale Supérieure Agronomique in Montpellier (donde recibí el Diplome Nationale d’Oenologue de France en 1989). Vengo ligado al mundo desde muy temprano

- Leí en una nota que decía: “La enología siempre fue parte de mi vida, el vino siempre fue muy cercano y sabía que ahí estaba mi futuro”...

- Es una actividad que me gustó siempre. Solo dudé un poquito en algún momento porque me gustaba Veterinaria también, pero siempre me incliné por algo ligado al campo, a la vitivinicultura y a los vinos, que siempre me gustaron.

Estudié viticultura en la década del 80, que fue bastante nefasta para el sector. Se perdieron muchas hectáreas de viñas porque cayó fuertemente el consumo, y a pesar de eso, me gustaba. Creo que, sin dudas, el hecho que mi padre haya hecho vinos influyó en mi.

- Desde sus primeros pasos en la industria, conoció cada uno de los eslabones de la cadena vitivinícola, ¿qué le dejó esa experiencia?

- Es algo muy positivo cuando uno empieza en una actividad desde la base y conoce desde el principio cómo es la forma de trabajar, de hacer las cosas. Creo que eso da una base sólida fundamental cuando uno quiere dirigir algo, porque sabe cómo se hace desde el principio. Es una gran ventaja.

Hoy eso es algo muy común entre los técnicos profesionales y enólogos argentinos. Están acostumbrados a hacer pretemporadas y haciendo lo que se hace en todos los países; me refiero a trabajar con las propias manos en la ejecución de hacer vinos hasta transformarse en directores técnicos.

En los 80 no era tan común y creo que en eso mi padre me ayudó mucho porque me hizo hacerlo desde el principio. Fue una gran cosa. Por supuesto que al principio no lo veía tan así cuando mis compañeros estaban de guardapolvo en un laboratorio y yo estaba cargando un camión o lavando una vasija. Pero el hecho que lo haya podido hacer fue muy importante como base de conocimiento de la actividad

- ¿Cómo ve la industria del vino?

- La industria del vino en la Argentina tiene dos facetas. La primera es la que está inmersa en el contexto del país con una enorme crisis, que es inevitable y difícil de ocultar. Salvo algunas actividades puntuales, todas están sufriendo, y ni hablar ahora que estamos en el marco de la cuarentena.

Por otro lado, la Argentina también está progresando muchísimo. Se está viendo cómo elaborar desde otro punto de vista, tal vez no tan masivo y desde el punto de vista del terruño, de las pequeñas parcelas, del descubrimiento de nuevos lugares, de nuevos varietales. Todo esto hace que la actividad tenga un interés superlativo.

Entonces, el presente tiene dos caras: la de una crisis neta -que exporta pero tiene muy poca posibilidad de dar crédito, con poco apoyo a la industria-, y la otra cara es que veo que hay mucho interés, mucha gente joven vinculada, y veo que hay buenas perspectivas. Indudablemente las dos caras se contrapesan y estamos en una situación compleja.

- ¿Cómo los está afectando la cuarentena?

- Pasaron cosas muy diversas dentro de la pandemia. Obviamente el consumo que se ha caído muchísimo. Toda la venta en restaurantes y hoteles está en cero, pero percibimos que la gente sigue consumiendo y en algunas circunstancias, para algunos ha aumentado el consumo.

La gente está en su casa, no tiene que andar en auto, no tiene que manejar y se ha empezado a consumir en la semana, incluso todos los días; y esto antes no sucedía. En algunos países se ha visto que, aún en situaciones de confinamiento, el consumo ha crecido.

Por el otro lado, nos vemos en la situación de trabajar en cuarentena. En la bodega, trabajamos en turnos, cada uno con distanciamiento de los compañeros; es difícil hacerse de los insumos, la logística está muy afectada también, la gente de las oficinas trabaja desde sus casas. Hay una serie de complicaciones.

Creo que aún tenemos posibilidades porque hay oportunidades. Europa, por ejemplo, está solicitando poco vino a mercados importantes como el americano. Esto podría ser una oportunidad para nosotros, pero nosotros estamos con muchas dificultades, de trabajo, de aprovisionamiento, de logística para exportar. Todo está funcionando muy lentamente, no se hace fácil.

- ¿Cómo fue esta vendimia?

- Será inolvidable por varias razones. Sin duda, hacer una vendimia con cuarentena es complicado pero tuvo condiciones cualitativas muy interesantes, saldrán muy buenos vinos. Van a ser muy buenos los vinos de la pandemia, memorables por varias razones.

- De ahora en más, ¿cuáles son los desafíos?

- Creo que nuestros desafíos no son muy diferentes a los de otras actividades de la Argentina. Nos vemos confrontados a una situación que se lleva al extremo “vida o la actividad económica” y creo que eso es un error. Creo que tenemos que empezar a aprender a trabajar en situaciones difíciles, con el distanciamiento social, separando a quienes tienen mayor riesgo. Pero alguna actividad tiene que comenzar porque vamos a padecer problemas que serán tan serios como la pandemia de Covid-19.

En mi opinión, lamentablemente el país tiene que empezar a trabajar y debe hacerlo de forma muy concienzuda y cuidadosa, pero no podemos seguir en esta situación por más meses porque pronto no tendremos cómo seguir manteniéndonos.

- ¿Cómo ve el futuro del vino el día después de esta crisis?

Creo que depende de cómo actuemos, puede ser muy diferente o no tanto. Ciertamente no es la primera pandemia de la humanidad, ésta es la más asombrosa porque toca de manera simultánea a todo el mundo. En la medida en que sepamos manejarla de forma solidaria, con información y formación de la gente, vamos a salir. En ese momento, espero que hayamos aprendido que hay que seguir trabajando, apostando a la ciencia, que hay que seguir invirtiendo en salud y educación. Creo que esa será la enseñanza más importante que nos deje.

LEÉ MÁS

Gustavo Agostini y su mirada optimista sobre el futuro del vino

"Logramos el objetivo de quitar la imagen de borracho al enólogo"

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

0% Me interesa
0% Me gusta
0% Me da igual
0% Me aburre
0% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario