Se cumplen cinco años de la muerte del querido Trépano

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus, escapado de la balada del poeta Ferrer. Así caminaba por la vida El Trépano o aquel desconocido Juan Carlos Cabeda, viviendo su locura infinita y cosechando ternura por las callecitas de Neuquén. Lo hacía desafiando límites, corriendo por las cornisas, regalando flores imaginarias e inventando amores que nunca existieron.

El Trépano tuvo el don de cautivar a varias generaciones porque su locura linda y simpática no discriminaba edades ni sabía de maldades y odios. En su mundo loco no había más espacio que para la compañía, las ocurrencias graciosas y la aventura de descubrir amigos espontáneos para subirlos a su ilusión super sport.

Lo vieron mil veces con un medio melón en la cabeza, mientras los semáforos de la Avenida Argentina le tiraban luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina le regalaban azahares.

Hace cinco años se fue con un corso de astronautas y niños bailando alrededor, corriendo detrás de una luna redonda y gigante escondida entre las bardas. Igual a la del tango.

Y los neuquinos que lo conocieron y lo disfrutaron, hoy lo siguen recordando y queriendo. Así lindo, así piantao.

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