Sin gas, hasta queman basura para calentarse
Alejandro Olivera
Los vecinos de Valentina Norte Rural sufren las inclemencias de uno de los inviernos más fuertes de los últimos años. Es que no están conectados a la red de gas natural y sólo un sector del barrio cuenta con suministro de energía eléctrica, por lo que deben combatir las temperaturas bajo cero con estufas a leña y pantallas con gas de garrafa, tarea que les demanda varios miles de pesos mensuales.
Al mediodía el sol se encuentra en su punto más alto y su calidez invita a la vecindad a salir de sus hogares. En una pequeña mesa de trabajo, ubicada en el frente de un terreno, se encuentra Hugo, un hombre joven que aprovecha el buen clima para trabajar la mecánica del automotor y la herrería.
Desde hace dos años vive en Valentina Norte Rural y conoce bien la crueldad del invierno. “Este lugar es muy frío porque estamos desamparados, no hay reparo. Afuera hace cinco grados bajo cero y adentro hace diez”, detalló.
Es que en el sector no hay vegetación ni construcciones de altura, lo que favorece que los frentes de viento polar ingresen directamente al barrio.
A pesar de ser un hombre con un oficio, Hugo no pudo construir una casa, por lo que vive en un tráiler que le compró a un frigorífico. El hombre reconoce que su situación es complicada porque sólo puede sobrevivir a las bajas temperaturas con la estufa a leña -que él mismo armó- o la pantalla a gas, lo que le demanda una gran inversión.
“Tengo un gasto fijo de alrededor de mil pesos mensuales. Antes vivía en San Lorenzo y tenía todos los servicios. Acá es complicado en ese sentido porque no tenemos nada”, contó.
A dos cuadras de distancia viven los hermanos Orellana, Pascual y Miguel, quienes se dedican a la fabricación y reparación de kayaks y tienen los mismos problemas que Hugo. Generosamente, demoran su trabajo para detallar la situación del barrio.
“Acá la mayoría de la gente se calefacciona con leña y estufas a gas porque no hay ni siquiera red de energía eléctrica en todo el barrio y la poca luz que hay no aguanta los aparatos”, confió Pascual, mientras que agregó que sus gastos semanales ascienden a mil pesos en leña y recarga de la garrafa para calentar a su familia.
Además, aseguró que, contrario a lo que muchas personas piensan, los vecinos quieren pagar los servicios. “Todas las familias solicitaron un plan para tener los pilares, pero desde CALF aseguran que faltan obras”, manifestó.
Pascual sostuvo que en el barrio conviven con temperaturas gélidas durante esta época del año desde que se despiertan hasta que se acuestan, pero que la voluntad de la gente es más fuerte y sale a trabajar igual. “Por más frío que haga, hay que salir a laburar igual. Una vecina se toma tres colectivos para ir a su trabajo”, contó.
En tanto, Miguel aseguró que algunos vecinos no tienen cómo transportar la leña, por lo que se las rebuscan y queman hasta basura para sortear las inclemencias invernales.
“Hay gasoductos que pasan por debajo de todo Valentina Norte, pero no estamos conectados y no tenemos respuestas”, concluyó.
2000 familias viven en el barrio Valentina Norte Rural.
El conglomerado ya tiene medio siglo de existencia, pero hasta ahora no les llegó a los vecinos el momento de contar con los servicios mínimos que cualquier habitante de la ciudad tiene en su casa.
Las lluvias generan condiciones de vida insoportables para los vecinos
A pesar de que Neuquén se encuentra en una región en la que predomina el clima seco, durante los últimos años las precipitaciones se han intensificado y los barrios más alejados del centro han sufrido las consecuencias. Tal es el caso de Valentina Norte Rural, que sufre la furia del agua que cae desde las bardas.
Al respecto, Hugo contó que las últimas lluvias arrastraron las tapas de los pozos ciegos de los vecinos. Además, manifestó que cuando llueve las líneas de colectivo dejan de ingresar al barrio.
“Por suerte con el tráiler gano altura y no perdí nada, pero de la fosa del taller saqué unos 90 litros de agua”, detalló el vecino que vive en una casa improvisada en un tráiler.
“El colectivo pasa seguido en los horarios pico -de 5:30 a 9:30-, pero después merman las frecuencias y cuando llueve directamente no pasa”, puntualizó Miguel Orellana.
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