El clima en Neuquén

icon
20° Temp
73% Hum
La Mañana

“Sobisch anuló el plan Neuquén 2020”

El diputado provincial y coautor del programa de desarrollo Luis Sapag asegura que aún hay mucho por rescatar de aquel intento de cambiar la matriz productiva. También destacó la política de Jorge Sapag en la materia, aunque deslizó críticas al rol del Copade. (Por R.A.)

“Está la planificación cuasi soviética de la matriz y el liberalismo total del mercado: entre esos extremos hay un punto intermedio y ahí nos tenemos que ubicar”, aseguró el diputado provincial del MPN, Luis Sapag. En momentos donde el gobierno provincial prepara una plan de desarrollo junto al PNUD para los próximos cuatro años, E&E dialogó con uno de los autores del Neuquén 2020, aquella plataforma de desarrollo creada en el último gobierno de su padre, Felipe Sapag, que buscaba cambiar la matriz productiva de la provincia.
El legislador aseguró que el programa “no fracasó”, sino que fue una víctima del sobischismo. Se mostró confiado en que el actual gobierno de Jorge Sapag retome la planificación estatal, aunque deslizó críticas al rol que cumple el Copade. También adelantó dos propuestas para encarar con la captura de parte de la renta petrolera: la creación de un fondo jubilatorio y otro de inversiones, que funcionen a la manera que lo hacen los de la Anses.

¿Por qué fracasó el Neuquén 2020?
El plan no fracasó, cambió el gobierno. Jorge Sobisch lo ignoró y lo anuló. No sólo al Neuquén 2020 sino también al Copade, que fue desplazado a un rango menor del que tenía antes. La primera reunión que tenía Don Felipe (Sapag) a la mañana era con Ramón Martínez Guarino y conmigo para hablar los temas de planificación. No es que fracasó, sino que nunca se ejecutó. Era el año 1998 y se planificaba a 22 años. Recién se alcanzó la primera etapa, que era de concientización o discusión. Fue lo único que se pudo hacer porque a partir de ahí se cortó y con el paradigma privatista y neoliberal (donde la planificación no existe) se atiende sólo los planes de negocio de las empresas. El Copade literalmente se sumergió y el plan 2020 quedó de lado.

¿Algo perduró?
Quedó algo flotando en el espacio: la necesidad de un cambio en la de forma de pensar la provincia. En ese momento se hablaba del cambio de la matriz productiva, porque declinaban el petróleo y el gas. Entonces había que cambiar. Ahora, en vez de “cambiar” se propone “diversificar”. Sabemos que hay recursos por las nuevas tecnologías de exploración y tenemos que aprovechar esta oportunidad para hacer esa diversificación de matriz.

El plan no se llevó a cabo por razones políticas, aun cuando los gobiernos de Felipe Sapag y Sobisch pertenecían al mismo partido. ¿Va la política a contramano de la planificación?
Tenemos diversidad ideológica dentro del MPN y se nota en los hechos. El gobierno de Sobisch no propiciaba la planificación. Él aceptó el Consenso de Washington, la teoría del derrame. Mi viejo jamás salió al exterior a buscar fondos; Sobisch lo hizo 3 ó 4 veces. Fue un punto de vista distinto sobre el papel que tenía que tener el Estado. A Sobisch jamás se le habría ocurrido crear una empresa como Gas y Petróleo de Neuquén, por ejemplo. Ya en la gestión de Jorge Sapag, durante los últimos cuatro años, no hubo planificación general, sino sectorial. El Estado neuquino no tiene un plan como el Neuquén 2020 y hay un desafío para que lo tenga. El convenio con el PNUD es un muy buen primer paso, pero no es suficiente. Hay que recuperar el Copade, ponerlo donde dice que tiene que estar la Constitución de la provincia. Hay que volver a recrear su capacidad de “think thank”. Venimos hablando con Jorge Sapag, Leandro Bertoya y Pedro Salvatori este aspecto y es probable que trabajemos en una ley que lo ponga en el lugar que corresponde.

¿Cómo se resuelve la tensión que sobrelleva la planificación con eso que la ortodoxia llama las “fuerzas naturales” del mercado?
La palabra planificación es polisémica…

Rememora el comunismo soviético, por ejemplo…
Cuando nace, lo hace en el marco de la guerra fría, en Francia. Era una forma de planificar dentro de las economías capitalistas, en confrontación con la Unión Soviética donde el control de la economía era total. También Estados Unidos colaboró con la matriz de insumo producto de Wassily Leontief. Es una herramienta claramente keynesiana. Esto primaba: la intervención del Estado en los mercados. La planificación de esa época tenía la inspiración keynesiana: era el estado interviniendo a través del crédito, de herramientas fiscales, de promoción, subsidiando acceso a las tierras y a los recursos. En este momento estamos volviendo a pensar el Estado y ahora el Estado interviene, como controlador y como productor. No a la manera del IAPI peronista, pero sí como un actor más. Otra vez, el ejemplo claro es Gas y Petróleo en Neuquén, una empresa del Estado participando del mercado. La planificación hoy es la intervención del Estado, no para regular a la décima las inversiones y los montos de producción, sino para mejorar las ventajas comparativas de determinados sectores y apoyarlos.
En este sentido va la planificación que se está haciendo con el PNUD, y aquello que plantea el gobernador de capturar parte de la renta petrolera para repartirla en un fondo jubilatorio y otro de capitales. Por ejemplo, el Estado podría financiar como hace la Anses o bien participar de las empresas como socio temporario clase B para que luego, cuando se dé retorno de capital, la firma recompre las acciones y el Estado recupere fondos.

¿Es un tema que se está trabajando en la Legislatura?
Por ahora lo estoy hablando yo, pero cae bien. Es mi idea trabajarlo en la Legislatura. Necesitamos también una ley de promoción de inversiones. La última es de 1964, que es todo un monumento. Ahora rige una ley temporaria que termina en 2012 que sólo se rige por el subsidio de tasas. Eso sirve, pero no mueve la aguja de la inversión. Necesitamos una nueva ley que defina claramente la participación del Estado.

¿Cómo se captura parte de la renta del petróleo cuando se va toda en gasto corriente?
La producción de petróleo tiene que aumentar, y también los precios. Hoy tenemos opciones, como los programas plus y la condición para que vengan inversiones. También el gas y petróleo no convencional. No sólo vale para Neuquén, sino que Argentina necesita aumentar su producción. La provincia contribuye a esto con la creación de una empresa propia, que aún no mueve la aguja, pero va a ser un actor importante cuando logre capitalizarse. Necesitamos que el flujo de caja que genera el petróleo no quede encapsulado en el sector. Tenemos que lograr que comunidad, Pymes y universidades se relacionen con el encadenamiento. La creación del clúster no convencional, la creación de la Fundación Alejandría, van en ese sentido. Hay que romper el enclave. En ese camino, como va a haber más producción, hay que captar flujos y convertirlos en fondos productivos. Nuestro modelo claro es Noruega y Statoil. No podemos copiarlo, pero sí tenerlo como modelo.

¿Cómo deberían otorgarse esos fondos? ¿Sirve el mecanismo de subsidio?
Todo el Estado tiene que ir hacia mayor participación y transparentación. El Estado tiene que dejar de ser 1.0 -que vaya todo del Estado para abajo- y ser 2.0 para interacturar. Hay recetas de gestión y hasta manuales, pero si no participa la población y los entes no estatales, no puede funcionar. La historia del Iadep es una historia de aprendizaje. No quiere decir que si en algún momento funcionó mal siempre va a funcionar mal. Es más, en este momento está funcionando bien, tratando de recuperar sus acreencias y otorgando microcréditos.

¿Se está a tiempo de retomar el 2020 o hay que generar un plan nuevo?
Es un muy buen antecedente y tiene el valor de haber quedado en la conciencia de la población. La gente de Neuquén todavía confía en el Estado y el Estado tiene que responder. No sólo es posible sino necesario que tengamos un plan. Necesitamos estrategias claras para cumplir esa función, preguntarnos cuál es el Neuquén del 2030 o cómo va ser el Neuquén del millón de habitantes. De esa idealización daremos un paso para llegar ahí. ¿Queremos que un quinto de la población de la capital viva en tomas? No, no queremos. Para lograr que no haya más tomas tenemos que hacer políticas. Sin poner porcentajes ni números tan exactos, pero sí tenemos que definir qué hacer.