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Son cartoneros y necesitan 35 mil pesos por mes para alimentar a su hijo con epilepsia

Ítalo Enríquez, de Zapala, sufría 300 convulsiones por día que debilitaron sus órganos. Hoy se trata con aceite de cannabis pero necesita suplementos dietarios que la familia no puede comprar.

La familia Enríquez aseguró que agotó todos los medios para conseguir los alimentos que necesita su hijo ítalo, un joven de 17 años que padece epilepsia refractaria y esclerosis tuberosa. En los momentos más agudos de su enfermedad, llegó a sufrir 300 convulsiones diarias que dañaron su sistema digestivo, y hoy sólo puede alimentarse con suplementos dietarios que la salud pública no tiene y que la familia no puede pagar.

"Nosotros vivimos del cartón", dijo Alejandra, la mamá de Ítalo. Cuando el joven tenía apenas un año de edad, le diagnosticaron una enfermedad que afectó de forma notable su calidad de vida. El chico llegó a sufrir 300 convulsiones por día, desarrolló una lesión medular que lo dejó en silla de ruedas y perdió la movilidad de un brazo y la capacidad para ir al baño por sus propios medios.

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Los Enríquez probaron de todos. A fuerza de su empuje y las ayudas estatales, lograron iniciar tratamientos en el Garraham para colocarle, en 2014, un estimulador implantado para controlar las crisis convulsivas. Pero el aparato se quedó sin baterías y no consiguieron hacer una nueva operación para renovarlas.

El aceite de cannabis fue el tratamiento más efectivo para las crisis que Ítalo. "Con el aceite pasó de tener 300 convulsiones a tener sólo una o dos por día", relató su mamá. Gracias a esa sustancia y a otros seis fármacos que consume, Ítalo también recuperó la movilidad en su brazo, lo que le permite sostener un vaso o una cuchara, y también consiguió dejar los pañales y volver a usar el baño por sus propios medios.

Por una lesión medular, el joven zapalino se moviliza en silla de ruedas. La sucesión de convulsiones dañaron tanto sus órganos que le provocaron complicaciones en el sistema digestivo. Por eso, Ítalo sólo consume suplementos dietarios en estado líquido.

Sin obra social ni ingresos estables, sus padres se ocuparon de conseguir el suplemento Ensure a través de ayudas estatales o del gesto solidario de los particulares. Sin embargo, en los últimos meses todas las puertas se cerraron. "La gente que nos ayudaba nos decía que no podían conseguir más, al principio pensé que nos querían cortar la ayuda, y lo entendí, pero después me enteré que las obras sociales ya no los están entregando", dijo Alejandra.

La mujer golpeó todas las puertas. En los hospitales públicos les dicen que ya no llegan esos suplementos a la provincia. Y en la Municipalidad le aclararon que no cuentan el dinero para destinar a estos gastos especiales. Los únicos que exhiben los tarros de Ensure en polvo son los dueños de la farmacia, pero exigen un precio demasiado alto para los bolsillos de los Enríquez.

"No tengo un peso partido al medio para poderlo comprar", se lamentó Alejandra. Su hijo consume tres botellas diarias del suplemento y cada una de ellas cuesta 400 pesos. Otras veces, optan por darle el producto en polvo, con un consumo total de 4 o 5 tarros mensuales. En total, destinan 35 mil pesos mensuales a la alimentación del joven.

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