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La Mañana José Luis Lozano

Su vocación de servicio, la medalla más valiosa

José Luis Lozano. El deporte fue el propósito para generar ayuda social.

Ricardo Galasso

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Neuquén.- Para José Luis Lozano, el éxito no pasa por ganar medallas o títulos. Por eso aquel impactante logro de hace tres décadas, cuando se consagró quíntuple campeón de los Juegos Panamericanos de Indianápolis, en Estados Unidos, no fue la culminación de un sueño sino un punto de partida que iluminó su gran vocación comunitaria.

Aquel hito del deporte argentino se consumó un 12 de agosto. Al día siguiente, su nombre copó las primeras planas de los diarios nacionales y a su regreso contó su historia en la mesa de Mirtha Legrand y en el living de Susana Giménez –emblemáticos programas de la TV argentina de esos años–, pero nunca fueron esos momentos su señal de identidad, sino el principio de una experiencia enriquecedora que cambió su vida para siempre.

“Esas medallas están en esto que se ve: en esta institución, la Fundación Cristiana Neuquén Oeste (ubicada al lado del Ruca Che)”, dice orgulloso. Profesor y licenciado en historia, Lozano marcó una época en la década del 80 cuando revolucionó el patín con sus logros. Nunca se la creyó y por eso colgó los patines con 30 años (se retiró en el 94), justo cuando la modalidad línea empezaba a desplazar a los patines tradicionales.

“Un año antes de Indianápolis nació este proyecto de hacer un gimnasio para sacar a los pibes de la calle en el barrio San Lorenzo, que en ese momento era -no sé si hoy- el más grande y el más pobre. Este era el propósito”.

Visto en la perspectiva del tiempo, ganar cinco medallas fue casi una hazaña. “Estados Unidos era el campeón, conocían la pista. Eran carreras de velocidad, de medio fondo y de fondo. No había una lógica coherente desde lo físico para ganarlas. Por eso digo que hubo algo más. Una decisión clave fue no comprarles las ruedas como hacía el resto. Decidí usar las mías, que eran usadas y viejas pero las conocía”, se jacta.

Hubo un hecho traumático en la vida de José Luis Lozano que lo marcó para siempre: la trágica muerte de su padre (lo atropelló un automovilista borracho que escapaba de la policía). “La injusticia, el trauma del cajón en la habitación -porque en esos años no había casas velatorias en Neuquén-, preguntas como dónde vamos cuando nos morimos, quiénes somos, dónde estamos, qué hacemos acá me atravesaron”, recordó.

“Fue una búsqueda de diez años. Recién a los 20 le encontré un sentido a la vida cuando en una reunión de jóvenes cristianos escuché hablar de Jesús y de cómo había vencido a la muerte. Me agarré del Evangelio de Dios de una manera muy fuerte. Entendí que me había dado el don de patinar para ayudar a otros. El deporte era mi lenguaje. Todo este proceso son hoy el jardín de infantes, el colegio primario, el bachillerato con orientación en educación física, la escuela secundaria para adultos de la que soy el director, el Instituto Superior de Educación Interdisciplinaria que vamos a empezar a construir y las canchas de fútbol. Aquí no hay templos. Todo lo que se ve son templos para que la gente se descubra”.

“No es un camino que veo para mí”

“Me han ofrecido cargos en la política, pero no creo que sea el camino para mí. Trabajo desde otro lugar: la comunidad. Hay otro tipo de poderes. Todos los tenemos. Hay que despertarlos sobre todo en los jóvenes. Ellos tienen saberes, dignidad. Sólo hay que mostrarles el camino. Hacerles ver que también se puede. Es lo que hacemos desde los cursos de operadores sociocomunitarios que estamos dando”.

“La juventud está muy confundida”

“Veo muy confundida a la juventud de hoy. Si uno lo mira desde lo político, se habló en nuestro país de la era K, ahora de la PRO. Y yo hablo de un paradigma nuevo de la sociedad que hay que empezar a construir: ‘la era co’, de colaboración, conectividad, compartir, corresponsabilidad. No creernos que tenemos más derechos que deberes, sino ser responsables, trabajar en equipo. Los jóvenes están cansados de un liderazgo mesiánico o carismático. Lo mismo pasa dentro de lo religioso: hay una saturación de escuchar a líderes que se creen iluminados. Es hora de trabajar en equipo dentro de las iglesias, los hospitales, las escuelas. Lo hacen los médicos, los científicos, los profesionales. ¿Por qué entonces no llevar ese modelo de liderazgo diferente a la comunidad? Es algo que hice toda mi vida”, reflexionó.

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