Sufrió durante una década violencia de género y hoy es una sobreviviente que busca Justicia

Una joven de 29 años sufrió abusos sistemáticos por parte de su pareja. Lo denunció pero no hubo ninguna condena. Pide que investiguen el hecho y seguridad para ella y sus hijos.

Por Ailin Trepiana - trepianaa@lmneuquen.com

Carolina Parra podría ser considerada una sobreviviente de femicidio, aunque todavía no está del todo a salvo. Necesitó diez años para juntar fuerza y denunciar públicamente a su ex pareja –con quien tiene una hija de siete y un hijo de dos años-, luego de sufrir innumerables hechos de violencia de todo tipo, humillaciones e insultos. Ahora reclama justicia.

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En una entrevista exclusiva con LM Neuquén, Carolina contó la violencia sistemática que sufrió por parte de su pareja y mostró la cantidad de denuncias que radicó en su contra.

La primera agresión sucedió cuando apenas llevaban tres meses de noviazgo, en Cutral Co, de donde ambos son oriundos. Él le golpeó la cabeza contra la gaveta del auto y le quebró el tabique. La violencia se convirtió en algo habitual para ella desde que empezó la relación, cuando tenía 18 años. Otro hecho extremo que relata fue en diciembre de 2013 -mientras vivían en Neuquén-, cuando él la echó de la casa junto a su hija de un año, en plena madrugada.

Dos meses después lo perdonó, pero las agresiones nunca se fueron y a mediados del 2015 -en un intento de escapar- su mamá la llevó a vivir a Mar del Plata. Pero, otra vez, tras pedidos de perdón de parte de él, llantos y supuestas confesiones de amor, al mes siguiente ella volvió a Neuquén con su hija. Apenas llegaron, él le dijo: "Buscate un lugar porque acá no te quedás". En octubre de ese año quedó embarazada.

El 25 de febrero del 2018 ocurrió un nuevo ataque de violencia dentro del auto, donde la golpeó, le tiró el celular y él se fue de la casa a Cutral Co, donde vive su familia. Ella hizo la denuncia y le impusieron una restricción de acercamiento. Un hecho similar ocurrió casi un año después, el 7 de enero de este año, también en la comarca petrolera, cuando ya estaban separados.

"Él me declaró su amor, lloró y me pidió perdón. Discutimos y cuando no dio para más, agarró un ladrillo y lo tiró al parabrisas y la ventanilla. Los vidrios me lastimaron y me quedó una cicatriz en el mentón. Me rompió el retrovisor izquierdo y las ópticas traseras del auto. Cuando bajé a preguntarle por qué lo había hecho, me sacó el celular de las manos y me lo destrozó", contó Carolina. Volvió a hacer la denuncia.

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Su límite fue el pasado 22 de mayo, cuando fue a buscar a sus hijos después de que pasaran la tarde con su padre, en Neuquén. "Luego de una discusión que él inició, me golpeó adelante de mis hijos, me sacó las llaves del auto y quería quebrarlas", contó. De allí, con sus dos hijos llorando, se fue a la Comisaría Primera, donde -otra vez- radicó la denuncia y la Justicia dispuso -nuevamente- una restricción de acercamiento y rondines policiales por dos meses. Siete días después, decidió exponer la situación públicamente en su cuenta de Facebook. “Si la Justicia no me ayuda, yo voy a buscar la condena social”, asegura a LM Neuquén.

Carolina cuenta que durante diez años se aisló de sus amistades, su agresor no la dejaba trabajar y no podía tener redes sociales. Por eso hoy siente que nació de nuevo. Empezó a estudiar Recursos Humanos a escondidas de él y, de a poco, entendió “lo lindo de la vida”. Sin embargo, asegura que todavía no hubo Justicia y que ni ella ni sus hijos están a salvo: “Mis hijos son testigos de toda la violencia. No sé qué les puede pasar. Yo lo único que pido es Justicia”.

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Ejemplo de fortaleza: “Es difícil salir pero no es imposible”

Los años de violencia sistemática vividos y sufridos por Carolina no son hechos únicos ni aislados. Por eso su experiencia puede ser un impulso para muchas que hoy están como lo estuvo ella hace algún tiempo atrás.

- ¿Qué le dirías a una mujer que todavía no puede salir de una relación como la que sufriste vos?

- Si no quieren luchar por su vida, tienen que luchar por sus hijos. Dejen de asumir que esto es normal, que esto está bien. Dejen de sentir que están solas porque la vida no se termina, cuando vos ponés un punto final tu vida comienza. Yo lo único que digo es que la vida es tan linda cuando te das cuenta que fuiste tan infeliz. Lo económico pesó mucho en mi vida. No trabajé en diez años. Imaginate que un tipo te esté diciendo todo el día "inútil, no servís para nada, nadie te va a querer". Yo pensaba "no voy a poder, no voy a poder sola". Para mí era normal que te tiren un vaso de agua, que alguien te insulte, que te escupa, que me denigre en frente de mis amigos”.

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Los motivos detrás del padecimiento continuo

“¿Por qué no lo dejó antes?” es la primera pregunta que suele atravesar al sentido común, antes que algún interrogante que cuestione el accionar del violento. Aunque desde afuera parezca simple, una serie de factores se conjugan para que a la mujer se le dificulte decir basta y romper definitivamente con el vínculo. El temor a que la violencia aumente y/o la dependencia económica son algunos de ellos. De hecho, son reiterados los casos en los que la mujer decide poner fin a la relación y es asesinada, como ocurrió con los femicidios de Violeta Matos en Plottier (2017) o Delia Aguado en la capital neuquina (2018).

Es necesario comprender el ciclo de violencia que se repite cual fórmula en las relaciones entre las víctimas de violencia de género y sus agresores. En la primera, la denominada “acumulación de tensión”, aparecen algunas señales y hechos de violencia hasta llegar a la etapa de la “explosión”, donde el nivel de agresión aumenta hasta declinar en la etapa del “arrepentimiento”: allí hay pedidos de disculpas, demostraciones de “amor” y promesas de que no volverá a ocurrir. Luego, viene la etapa de “calma” donde no hay discusiones, hasta que el ciclo vuelve a empezar. Así lo definió en 1978 la psicóloga Leonor Walker y el modelo es utilizado hasta la actualidad para entender la lógica del círculo.

“El motivo por el que la víctima se sumerge cada vez más en esa situación es porque a lo largo de toda la vida aprendió una serie de cuestiones sobre lo que se espera de ella. Por ejemplo, se supone que ella debe atender y complacer a su pareja y que si ocurre algo, la que está equivocada es ella, que hay algo que dejó de hacer bien como para que su pareja reaccione violentamente”, explica Ana Mercado, psicóloga social y directora de la Escuela Vínculo. A esas creencias sobre el “deber ser” de la mujer se suman “las que se atribuyen a lo masculino, por ejemplo, que es una violencia irrefrenable, como si eso fuera propio de ser hombre”, detalla.

“Parte de lo que hace difícil romper ese círculo tiene que ver con esas creencias que están en un contexto social y son las que sostienen y legitiman la violencia hacia las mujeres, donde estamos acostumbrados a escuchar más críticas a la víctima que hacia el victimario”, agrega la profesional.

Si bien para salir adelante es necesaria la fuerza de la mujer, la ayuda externa es imprescindible, tanto del círculo íntimo como por parte del Estado. “Hoy se habla mucho de empoderamiento como si fuera solamente una cuestión individual. La victima tiene que hacer, pero tiene que haber un acompañamiento social para que esto sea posible”, asegura Mercado.

“Una víctima de violencia puede salir de eso cuando empieza a notar que hay una mano que se extiende para ayudarla. Pero tenemos que estar preparados para dar ayuda, porque muchas han pedido y no estaba la mano del otro lado”, concluye.

“Hay suficientes leyes que protegen a las mujeres pero tienen que ponerles presupuesto. Tiene que haber políticas que sean sostenidas en el tiempo. Mínimamente una coordinación entre todos los organismos, justicia, salud y desarrollo social”.

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