El clima en Neuquén

icon
16° Temp
38% Hum
La Mañana Lanín

Tragedia del Lanín: intuyó el fin, dejó el anillo de casada y se aventuró a la cima

Ana María Muñoz tuvo un par de premoniciones que previas a la tragedia que iba a protagonizar junto a sus compañeros, de San Patricio del Chañar, camino a la cumbre del Lanín. El recuerdo de un amigo de la infancia a quien le confió su triste final.

La vida es mágica, misteriosa, única. Hay sucesos que escapan a la razón y que solo los corazones y las almas las podrían explicar desde otro plano . En este sentido, hay personas que tienen la capacidad de percibir imágenes o hechos que aún no suceden. Pueden ser intuiciones o presentimientos que aparecen de forma repentina. Algo así se podría llegar a decir sobre la desafortunada andinista Ana María Muñoz de San Patricio del Chañar que intuyó su triste final.

Ana María, según la describieron su familia, amigos y ex alumnos, era una muy querida, alegre, carismática y siempre estaba sonriente.

Te puede interesar...

Participaba en cada evento que había en la escuela que trabajaba y en el polideportivo municipal. Le gustaba mucho el deporte y eso la llevó a realizar varios cursos de destreza en aparatos, actividades atléticas y educación física infantil. Jugaba al vóley en un equipo de El Chañar (en este mismo equipo estaba Eduardo Werro, sobreviviente de la tragedia). En el mes de abril, en la década del 90, el subcomisario de la policía de Zapala, Mario Arango, les presentó a varios conocidos la idea para ascender el volcán Lanín y sin dudarlo ella se anotó.

Previo a este ascenso el equipo comenzó una preparación que incluía distintas actividades físicas además de largas caminatas por las bardas e incursiones a cerros en la zona de Zapala y Primeros Pinos para incorporar, no solo la resistencia física, sino también las técnicas de montañismo.

ENTRENAMIENTO DE GRUPO EN CERROS DE PRIMEROS PINOS_Ana de camp celeste (2) (1).jpg

Su esposo, recordó una vez, la motivación de Ana por escalar el Lanín: “Ella tenía la necesidad de probarse a sí misma, ponerse retos continuamente y llevarlos a cabo con éxito y decía que cuando llegara a la cima del volcán se iba a dar cuenta que todo lo iba poder. Cuando se le metía algo en su cabeza no la paraba nadie”, aseveró

Alianza de amor

Su historia de amor comenzó en Chepes, su pequeña ciudad natal localizada en la región de los Llanos Sur en La Rioja. Allí se conoció con Noé Orlando Argañaraz y juntos soñaron una familia y un futuro.

Con ese objetivo en mente, en 1984 emprenden su viaje a San Patricio del Chañar. Allí comienzan a ejercer su profesión de docente en la Escuela Primaria 273, nombrada después como Carlos Julio Sang.

Al tiempo sellaron su amor y se casaron en la iglesia María Auxiliadora en una celebración en la que participó casi todo el pueblo.

FOTO CENTRAL_LA ALIANZA DE ANA MARIA (1).jpg

En ese justo momento entró en escena el espíritu de la alianza matrimonial, un signo de compromiso y amor por la familia que vendría a sus brazos. Seis años después de ese acontecimiento, lleno de alegría y felicidad, lamentablemente dejó su vida en las entrañas del Lanin, pero su amor, dedicación y lealtad para con su familia quedaron en esa alianza que la quedó aguardando en la base del volcán.

Premoniciones

Como es la vida cuando el destino ya tiene las cartas marcadas y las cosas van sucediendo inexorablemente. Así es que una amistad de niños, que siguió de grandes, en un momento determinado del año 1990 se transformó en un pacto de palabras premonitorias que anticipaban un final ya escrito.

Así lo relató José Luis Saddi, un ex empleado municipal de Zapala, hoy de 59 años. “Ana y yo éramos amigos. Yo nací en Córdoba y vacacionaba todos los años en Chepes (La Rioja) donde vivían mis abuelos y donde ella había nacido. Era muy amigo de ella, de su mamá, de su papá, de las hermanitas. En 1980 me vine a Neuquén a vivir y la dejé de ver por mucho tiempo. Cada vez que volvía a Chepes pasaba a saludarla. En ese tiempo le conté que yo trabajaba en la municipalidad de Zapala. Ella más tarde se vino a vivir con su futuro esposo a San Patricio del Chañar, donde también había otros amigos de mi infancia”, contó José Luis.

“Unos días antes de la partida al Volcán Lanín, sorpresivamente ella me llamó por teléfono a la municipalidad y me dijo que necesitaba hablar conmigo. Hacía muchos años que no hablábamos, empezamos a charlar, me contó que estaba en El Chañar con su esposo, sus hijos Alejandro y Pablo y con muchos amigos”.

Luego Ana le confió a José Luis: "te cuento que voy a ir a escalar el Volcán Lanín, estamos entrenando. Estoy con un grupo de personas donde salimos a hacer ejercicios para ponernos en forma para ir al volcán”.

ENTRENAMIENTO DE GRUPO EN CERROS DE PRIMEROS PINOS_Ana de camp celeste (4) (1).jpg

Pasaron entre 10 y 15 días y se repitió la escena pero estaba vez no es una llamada sino que es Ana que está en la recepción del municipio. “Cuando la vi nos fundimos en un abrazo, me sorprendió”, recordó José Luis a quien Ana lo había pasado a visitar en una parada que hicieron en Zapala de camino a su aventura final, el volcán Lanín.

“No quería pasar por Zapala y no saludarte porque quién sabe, si sea la última vez que te veo", confió José Luis para quien esa frase tirada al viento cobró fuerza después de la tragedia que puso fin a los días de Ana.

El anillo del amor

Luego, José Luis continúo su vida, aferrado a los bellos recuerdos de la larga amistad que había fundado en su infancia con Ana en Chepes.

La noticia de la muerte de su amiga le llegó por un titular en el diario: “Accidente en el Volcán Lanín”. Con desesperación pasó las páginas hasta llegar al hecho donde descubrió lo ocurrido.

“Enseguida se me vino a la mente la frase que ella me había dicho. Busqué, busqué y busqué en la lectura el nombre de ella, no recuerdo si la encontré. El diario creo que era El Diario del Neuquén. Resulta que yo recordaba que Roberto Moreno estaba en un grupo de rescate del Volcán Lanín, y él trabajaba en una oficina contigua a la mía. Me fui corriendo a su oficina para consultarle”, contó José Luis a quien su corazón se le agitó a la hora de recordarlo.

Moreno le pidió las características de Ana y luego le confirmó: “ella está muerta, fue la primera persona que yo ayudé a rescatar en el volcán”.

No solo José Luis lloró en ese entonces sino también al evocarla a la distancia.

El rescatista aprovechó que José Luis era amigo de Ana para que los ayudara a ubicar a los familiares, pero la cosa no quedó ahí, sino que Moreno le aportó un dato escalofriante.

FOTOS ORIG_ CASAMIENTO ANA MARIA Y NOE (1).jpg

“Me contó que ella antes de subir se sacó su alianza de casada y la dejó en el puesto de Gendarmería y les dijo a los efectivos: ‘dejo mi alianza por si me pasa algo, para que se la entreguen a mi esposo y a mis hijos", revela José Luis y un frío intenso nos envuelve.

La alianza quedó en manos de un gendarme en el puesto de frontera por lo que José Luis debía dar dos noticias intensas al esposo de Ana, su muerte y su premonición.

“Yo no tenía el número de teléfono del marido, pero a través de unos amigos en común lo conseguí, me comuniqué con él, me presenté, le conté la experiencia que tuvo conmigo y le dije que la persona que la había rescatado me contó que ella había dejado su alianza. A partir de ese momento no volví a saber más de la familia de ella, pero yo siempre pensaba y pienso en su premonición y que pese a ello siguió adelante”, explicó José Luis.

“Fue algo tremendamente injusto”

Respecto a estos sucesos José Luis dijo que “nadie hace este tipo de comentarios normalmente. Yo creo que ella conscientemente no tenía premonición sobre su muerte, sino que era algo más como una manifestación inconsciente que se expresaba a través de estas palabras. Era algo que estaba en otro nivel, que no era a nivel consciente y también creo que era una cuestión hereditaria, ya que su mamá tenía premoniciones de este tipo”.

Hoy a la distancia, a 31 años de la tragedia, José Luis cuenta: “lo veo como un hecho trágico, injusto, porque Ana era una persona muy alegre, muy dedicada, inquieta, pero muy responsable, que amaba a su marido, a sus dos hijos, a sus padres y a sus hermanas. La verdad que lo veo como una cuestión injusta porque era una mujer con mucha iniciativa y con un futuro brillante en el campo de la educación. Ella estaba muy ilusionada con su ida al volcán y lamentablemente el volcán se quedó con su vida y sus sueños”, concluyó.

ENTRENAMIENTO DE GRUPO EN CERROS DE PRIMEROS PINOS_Ana de camp celeste (3).jpg

Pasaron más de tres décadas de la tragedia y en San Patricio del Chañar y en especial en las familias de Ana y de los otros tres fallecidos el dolor no termina de cicatrizar. Fue un evento inesperado, cruel y doloroso. Los restos de Ana fueron velados junto a sus compañeros de cordada en el polideportivo de su pueblo adoptivo con profundas muestras de pesar y luego fueron trasladados a su Chepes natal para descansar en la eternidad. En Neuquén quedaron su esposo, sus hijos Alejandro y Pablo y la alianza matrimonial donde permanecerá su alma y su corazón para siempre.

EL DATO

El sábado 13 de octubre de 1990 a las 18 se produjo la tragedia más dramática y emblemática del macizo neuquino por excelencia. Ese día Ana María junto a sus compañeros Rodolfo Castilla y Marisa López, fallecieron trágicamente junto al suboficial de la Policía de Zapala Víctor Hugo Medina. Fue en medio de un temporal de nieve y viento que los sorprendió al intentar escalar el volcán Lanín. Hubo 5 sobrevivientes de esa patrulla proveniente de San Patricio del Chañar.

Lo más leído