Un lugar de encuentro con la naturaleza en las sierras de Córdoba

La posada rural La Matilde, en el valle de Traslasierra, es una propuesta, en la que los ciclos propios de la naturaleza y su convivencia con el hombre, la hace única.

POR MARTIN PEDONI / pedonim@lmneuquen.com

Recuerdos, medio ambiente y turismo son los elementos que combinan en la propuesta de la posada rural La Matilde, enclavada en pleno valle cordobés de Traslasierra en la localidad de San Javier, a unos 212 kilómetros de la ciudad de Córdoba.

La propuesta, que surgió del sueño de tres amigos que pasaban su infancia en el campo de la abuela de uno de ellos (cuyo nombre bautiza el emprendimiento), invita no sólo a alojarse en un espacio netamente natural y orgánico sino a contemplar y participar de los ciclos naturales de la vida.

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“Es más que una empresa, es una forma de vida que queremos transmitir y compartir”, comenta Pablo Asef, uno de los socios fundadores del proyecto integrador arrancó hace una década y se fundamenta en la filosofía creada por el austríaco Rudolf Steiner. En ésta priman los principios de diversificación, el respeto sobre el medioambiente, el reciclaje, libre de químicos, la producción local, así como el uso de sustancias vegetales, animales y minerales expuestas a ritmos naturales.

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Y con esos conceptos, el turista puede acceder a un lugar único en el país donde un simple jabón tocador es orgánico, al igual que el champú o la crema de enjuague. Las paredes son de adobe y las pinturas de las mismas como el piso de cada rincón de la posada ha sido tratado en forma natural. El primero en base a una preparación de ricota y este último caso, con miel.

“No hay producto industrial ni químico, todo se ha hecho a mano, todo se hace a mano”, agrega Asef, destacando el aporte del arte de los oficios como la herrería o la carpintería. En tal sentido, en la galería rumbo a las habitaciones se ven fotos de las manos de los trabajadores como un homenaje.

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Y aunque es difícil cronicar las sensaciones que uno palpa al estar en La Matilde, se siente un privilegiado de estar en un espacio para reflexionar, relajarse, compartir y dialogar con su ser querido. Es un microclima de energía y belleza.

“No sólo es tranquilidad y aire puro, también es volver a escuchar los sonidos de la naturaleza y apreciar los ciclos naturales. No sólo es estadía para quienes nos visitan sino aprender”, agrega Asef.

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La posada rural tiene 10 habitaciones. El perfil de los visitantes generalmente son parejas, cuyas edades oscilan entre los 40 y 60 años de edad. Un dato llamativo es que en ninguna dependencia hay televisores pero sí libros o espacios para compartir mate. La idea es generar conversaciones

Desde la tierra a la mesa

Y ese microclima que se palpa mirando el cerro Champaquí, uno de los principales de las Sierras Grandes de Córdoba, por los ventanales de la posada tienen un condimento aún más especial cuando de gastronomía orgánica se trata.

El restorán de la posada, que además de los pasajeros que pernotan puede ser disfrutado cada fin de semana por otros visitantes, propone un menú autóctono y orgánico. Y es que cada uno de los productos que se utilizan en los platos surge de la producción propia de la finca biodinámica y el tambo caprino que se ubican en el predio de varias hectáreas. Incluso las bebidas sin alcohol (jugo fresco de la propia cosecha de frutos) como el vino son elaborados por la misma gente de la posada rural.

“Nuestro sueño era volver a los sabores de la infancia, como la fruta o los tomates”, dice Asef.

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“Esperando los vientos” y “Sierra Roja”, son los vinos surgidos de los viñedos orgánicos y biodinámicos que combinado con el aire serrano le dan un sabor especial a las uvas malbec, cabernet y tanat, a lo que se suma.

La biodinámica rescata la sabiduría milenaria del respeto a los ciclos naturales consiguiendo unos productos más sanos y libres de tóxicos que recuperan el auténtico sabor y aroma. La certificación de los procesos depende de la Consultora Internacional DEMETER

“Cada uno de los productos son elaborados en nuestras tierras y respetando los ciclos propios. Hay que saber aprender a esperar. La cosecha depende los ciclos lunares, como también la siembra o la poda, por ejemplo”, cuenta Florence Lecat, conocedora de la agricultura biodinámica. “Vemos a la finca como es un organismo vivo en el que interactúan los cultivos, los animales y el hombre para dinamizarse y ser más productivo”, agrega.

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Además de conocer los ciclos propios de la tierra y disfrutar de sus sabores en platos elaborados, en La Matilde el turista puede participar de un taller para elaborar pan casero o realizar una cabalgata por el amplio predio del emprendimiento, que incluye un sector de monte virgen que se recorre por senderos que alimentan la aventura.

También se puede realizar una visita a San Javier, un poblado de poco más de 1200 habitantes, a pocos kilómetros de la posada.

La Matilde, sea cual sea la época del año, se erige como un lugar de encuentro…con uno, con el otro, con la naturaleza. Y eso lo hace único.

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