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Una familia que se calefacciona con garrafa gasta $2400 al mes

Es lo que cuestan cuatro recargas de 10 kilos en los barrios de la ciudad. El precio aumentó entre un 25 y 30 por ciento respecto al año pasado.

El calor del hogar cuesta muy caro en los asentamientos del noroeste de la ciudad. Son barrios donde no llega la red de gas natural, aunque muchos vivan literalmente sobre los ductos, y la principal alternativa para calefaccionarse es la garrafa de 10 kilos, que tuvo un fuerte aumento en abril y hoy se paga entre 600 y 680 pesos. Para cada familia, implica un gasto de 2400 pesos al mes.

En muchos casos, se recurre también a la leña que reparte el gobierno o al famoso “bono de gas”, que permite una provisión del camión garrafero. Sin embargo, esos paliativos no alcanzan para calentar las precarias viviendas y cocinar durante cuatro semanas completas.

Como las plantas en las que se comercializan las garrafas están lejos, desde hace años, existe una red de distribución informal, en la que los repartidores compran las cargas a un precio, las revenden en las despensas con un margen de ganancia y los comerciantes barriales a su vez las ofrecen a un valor un poco mayor.

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Así, lo que en el papel figura a 450 pesos, en la realidad de las tomas se transforma en 600 y hasta 680. Esa brecha incluye el gasto de la nafta para ir a buscarlas y la logística de almacenarlas y distribuirlas.

Uno de los vendedores de gas envasado más conocidos del oeste neuquino es “El Cata”, de la despensa que lleva su nombre, en el sector Bella Vista. Él cobra hoy 650 pesos por la garrafa de 10 kilos porque se asegura que sea de YPF. Explicó que “hay otra empresa que más barata”, pero prefiere dar seguridad a sus compradores.

“Vendo desde que se inició el barrio y por eso viene gente de todas las tomas, hasta de Los Hornitos”, comentó. Agregó que, pese a que en pandemia hay un mayor reparto de los bonos gasíferos de Desarrollo Social, la gente igual compra porque no le alcanza.

“Si lo usás para la cocina nomás, puede durar un mes, pero, si tenés la garrafa para calefaccionarte, por ahí te dura tres o cuatro días en invierno”, confió.

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Cerca de allí, en la toma 2 de Mayo, una de las vecinas que vende el gas envasado es Eli, de la despensa de calle Racedo. Indicó que a ella el repartidor le deja cada unidad a 550 pesos “y por eso la tengo a 680, que la gente la compra lo que valga porque la usa mucho”.

Wilson Ruiz, comerciante de la toma 7 de mayo, contó que él ofrece la garrafa a 600 pesos y el repartidor le cobra 530. “Está 30 por ciento más cara que el invierno pasado, que la recibía a 400”, resaltó.

Observó que, si bien depende del uso que se le dé, “a la mayoría, la garrafa le dura un semana, como mucho dos, y es una plata importante en el mes”.

Unas cuadras más abajo, José, de la despensa TR, también vende los 10 kilos a 600, con un costo para él de 500 por unidad. Afirmó que, desde el año pasado, hubo un aumento de un 25 por ciento “y la gente se queja y compra igual, porque no le queda otra”.

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“Nosotros recibimos de los revendedores que van a comprar a la planta y reparten en esta zona, porque los que tienen vehículo van hasta allá, pero la mayoría no puede; dicen que en la YPF a 450, pero acá ese precio es imposible”, remarcó.

Cada peso de aumento que aplican las plantas de gas envasado, son 1,3 en los barrios periféricos. Por eso, las familias sin red necesitan un mínimo de 2400 pesos al mes para calefaccionarse. Es un tercio más caro que si pudieran ir al mayorista y mucho más de lo que pagan los hogares con conexión domiciliaria. En las tomas, la pobreza sale cara.

Todos los inviernos esperan que llegue la red

Cuando comienzan los primeros fríos, en cada hogar de las tomas de la ciudad, se acuerdan de todas las veces que les prometieron la red de gas. “Capaz que este año llega”, es el comentario en las calles entre las vecinas, mientras cargan como pueden la garrafa hasta sus casas, a pie, con sus chiquitos prendidos de las polleras.

El gasto por mes no baja de 2 mil o 2500 pesos , porque en las despensas conseguís la garrafa a 600 y te dura una semana si la usás para calefaccionar”, detalló Andrea, vecina de la calle Piuquén, en la toma 7 de Mayo.

Indicó que la conexión de red es uno de los mayores deseos cuando se acerca el invierno, porque no sólo mejoraría la calidad de vida, “sino que seguro pagaríamos más barato que la garrafa”.

“Yo tengo una de 10 kilos para calefacción y otra en la cocina, que esa aguanta 15 días, pero es un montón y encima en el sector en el que vivo no entramos en la entrega de bonos y se hace muy difícil”, subrayó.

Valeria, del mismo barrio, coincidió en que la falta de la red de gas los deja rehenes del precio que les pongan a las garrafas. “Hace dos días, llegué a pagar 700 pesos y lo hago porque la planta queda lejos y hay que tener movilidad, no podés ir caminando”, explicó, mientras acomodaba en sus brazos a su bebé envuelto en una frazada y su hija de cinco la ayudaba con la bolsa de las compras.

“El año pasado, la pagábamos 500 pesos, está más cara”, se quejó y destacó que la buena noticia “es que ahora anunciaron que el gas va a estar este año; ojalá cumplan”.

La garrafa vacía se vende a 6 mil

Además de pagar por el gas, los vecinos de las tomas deben conseguir por su cuenta los envases de 10 kilos, que no se venden en ningún comercio de la ciudad y sólo se pueden adquirir de segunda mano.

Esa oferta restringida eleva el precio de cada garrafa por las nubes, por eso hay quienes piden 5 mil por cada unidad que ya no utilizan y los que las venden a 6 mil y hasta 7 mil. El valor depende del apuro del comprador y de las posibilidades que tenga de movilizarse a otro punto de la ciudad a buscar una alternativa más barata.

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