Una grieta en el techo de cristal

aunque el 60 por ciento de los graduados universitarios son mujeres, sólo un 20% de ellas ocupa cargos de alta jerarquía en las empresas argentinas.

Desde su primera aparición en el Wall Street Journal en 1986, el concepto de “techo de cristal” se utiliza para calificar las barreras invisibles que enfrentan las mujeres para ascender en sus puestos laborales, más allá de sus méritos y capacidades. La tradición de las compañías, los prejuicios y el trabajo doméstico que recaen sobre ellas y les generan una doble jornada laboral son algunos de los motivos que parecen tejer el cielorraso transparente que impide su crecimiento profesional.

En Argentina, aunque más del 60% de los graduados universitarios son mujeres, estas ocupan sólo un 20% de los altos cargos ejecutivos en las empresas. Por su parte, una reciente encuesta de D’Alessio IROL determinó que, si bien la mayoría considera que el género no influye en las ganancias de los trabajadores, un 74% cree que el sólo hecho de ser mujer hace más difícil el acceso a un cargo de dirección dentro de una compañía.

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El viernes, miles de mujeres tomaron las calles para exigir un cese en la escalada de violencia que ya se cobró medio centenar de víctimas fatales en lo que va del año en Argentina. Y se levantaron también otras consignas: unas que apuntan a que la equidad de género sea genuina y en todos los ámbitos de la vida diaria, en acciones casi imperceptibles y menos dramáticas que aquellas que terminan en femicidios.

Compartir el peso de las tareas domésticas y valorizar los méritos y capacidades laborales de forma independiente al género son los primeros y necesarios pasos en un largo camino para abrir, al menos, una grieta en ese techo de cristal.

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