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Una loca persecución en taxi al 10, tatuaje y banderas: el neuquino más Maradoneano

Bruno es de Cutral Co, fana de Alianza y estuvo en el homenaje del club a Diego. Conoció al más grande cara a cara: "Pará de llorar, Bruno, me decía D10S".

Su amor por Diego Maradona es muy conocido en Cutral Co y en Alianza, club regional con el que simpatiza el neuquino más Maradoneano. Sus banderas del Diez hace años decoran el Coloso del Ruca Quimey e incluso una solía salir seguido por la tele a nivel nacional ("la que tiene el logo de TN, cuando ellos pasaban los goles del Federal B la mostraban").

No fue casualidad, entonces, que esta semana el plantel de Alianza lo invitara especialmente a Bruno Orozco para participar del emotivo homenaje que el club le realizó al mejor jugador de todos los tiempos, quien supo dirigir en el templo celeste al combinado nacional en un amistoso previo al Mundial 2010.

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El también fana de Boca desplegó su bandera más famosa y al lado de ella diez pelotas configuraron el número emblemático, en tributo a Maradona. El plantel del Gallo la rodeó y hubo un emotivo minuto de silencio.

"Mirame bien, puedo morir y una y mil veces renaceré", reza el estandarte que tiene muchos kilómetros encima, inspirado en la frase de una canción de Los Piojos pero con la imagen de Maradona festejando de espaldas con la camiseta argentina en "su Mundial", México '86.

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Bruno dejó ver el tatuaje que se hizo en uno de los gemelos de su pierna. Y también repasó con LM Neuquén su devoción por el Dios del fútbol y una anécdota imperdible del día que lo conoció, historia que en su momento cautivó hasta a la revista "Un Caño" que reflejó su carta a propósito de un cumple de Diego.

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"Soy de Cutral Co, Neuquén. Viví cinco años y medio en Buenos Aires para estudiar la carrera de chef. Durante todo ese tiempo ocupé un departamento en el barrio de Almagro, en la esquina de Sarmiento y Río de Janeiro, y soñé que en algún momento tendría la fortuna de encontrarme a Diego Armando Maradona. Alucinaba con cómo sería ese encuentro. En ese momento, el 10 vivía en Cuba y venía poco a la Argentina. Ya en el final de mis días en la Capital, en el último fin de semana porteño, decidí hacerme mi primer tatuaje: la cara del Diego. Al día siguiente -para ser precisos, el 4 de abril de 2004- fui a la cancha a ver el partido de Boca contra Talleres, con mi amigo Daniel, que había viajado para ayudarme con el tema de la mudanza. Ya me había recibido y era hora de volver a mis pagos. Esa noche me senté en la vereda de mi edificio, medio resignado porque no iba a poder cumplir la fantasía que había rondado en mi cabeza durante todo ese tiempo. Entonces se acercó una vecina y me dijo que Maradona estaba a dos cuadras de mi casa, en un restaurante. 'Con eso no se jode', le respondí un poco incrédulo. Ella me juró que era cierto y yo corrí como nunca en mi vida. Llegué a la ventana del restó y efectivamente, ahí estaba el Diez", narró entonces en el texto que envió a dicha publicación.

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"Quise entrar, pero ya habían cerrado las puertas al público, así que me aferré a las rejas de la ventana mientras lo veía fumar un puro y disfrutar de una botella de ron. Me puse a llorar. Debe haber pasado más de media hora de lágrimas y miradas cruzadas con los amigos de Diego, cuando uno de los mozos se me acercó, preguntó mi nombre, se dirigió a la mesa de él y le habló al oído. Diegote me miró, me saludó y escribió en un papel: “PARA BRUNO, CON CARIÑO, DIEGO (10)”, describió en uno de los tramos más emotivos.

Pero se venía la parte cinematográfica del recuerdo que jamás olvidará. "A todo esto, la vereda ya estaba ocupada por una multitud. Se empezó a armar un operativo para su salida y yo quería ver si lo podía llegar a tocar, a decirle algo. Fue imposible. Maradona salió en una camioneta y se alejó. Decidimos seguirlo en un taxi con mi amigo Daniel y dos flacos que se colaron en el auto sólo para ver más de cerca al ídolo. En medio de la persecución, yo le decía al tachero: 'No tan cerca, no tan cerca que al Diego no le gusta que lo sigan, ¡se va a enojar!'. Pero el tipo era tan fanático como yo, o más. No nos cobró el viaje, se puso a la par de la camioneta al grito de 'una foto Diegooooo”.

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Bruno es muy maradoneano y cumplió el sueño de tenerlo cara a cara, a pura lágrima.

Bruno es muy maradoneano y cumplió el sueño de tenerlo cara a cara, a pura lágrima.

Y así llegó el momento sublime, memorable, emocionante que este neuquino siempre soñó. "Maradona bajó un poco la ventanilla e hizo señas para que siguiéramos camino. 'Ya está, ya está, ya lo vimos', decía yo. Aceleramos, lo pasamos y llegando a la esquina nos agarró un semáforo en rojo. Diego frenó la camioneta y empezó a hacer luces. Yo no lo podía creer. En ese momento pensé que se había enojado y me quedé paralizado en el asiento delantero del taxi, mientras mi amigo, el tachero y los dos colados se bajaban a verlo. Un grito me hizo volver a la realidad: '¡Bruno, Bruno!'. Mi amigo Daniel me gritaba: 'Dale, Boro (le dicen Boroco) ¡vení que te está llamando!'.

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"Me bajé llorando, me acerqué a la camioneta y le di un abrazo interminable por la ventanilla, mientras le decía que había soñado mil veces con ese encuentro y con todo lo que le iba a decir. Sin embargo, en ese momento no me salía nada… sólo abrazarlo llorando y agradeciéndole por todo lo que nos había dado. 'Bueno… ¡no llores más!', me decía. Se bajó de la camioneta, se sacó una foto con todos, me regaló una camiseta que llevaba en la 4×4. Yo me tiré al piso para abrazarle la zurda… Sin lugar a dudas es uno de los momentos que nunca borraré de mi mente", agregó Bruno.

"Y como no todo es color de rosa en esta historia les tengo que decir que las fotos que nos sacamos… se velaron. Fue el dolor más grande que sentí, así que aprovecho para hacer un llamado a la solidaridad. Si alguno de los dos colados tiene esas imágenes, ya que recuerdo que nos sacamos fotos con las cámaras de ambos, por favor dejen algún dato a los muchachos de la revista. Harían muy feliz a un fanático que tiene un recuerdo imborrable y un souvenir borrado", redondeó el primo de Cristian Figueroa, muy querido en el Gallo y uno de los ideólogos del homenaje al Diez (Matías Takara el otro y el emblema Fede Panei apoyó "como hincha de Gimnasia de La Plata, que lo tuvimos con nosotros hasta el final, y amante del mejor de todos los tiempos").

La de Bruno Orozco, el neuquino más maradoneano, una historia de 10.

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