Una mecánica de bicicletas contra todos los prejuicios
Un hombre entra a la bicicletería; con las manos llenas de grasa, Celeste Giménez lo atiende. El cliente le pregunta por el mecánico del taller y ella, por dentro, se ríe. La joven de 22 años nunca dudó de su capacidad para el oficio bicicletero, pero los prejuicios ajenos marcan la diferencia en este tipo de rubro, históricamente asignado a los hombres.
Su pasión por las bicis es parte de la herencia familiar ya que trabaja como mecánica en Oeste Bike, ubicada en San Martín 4331, junto a su papá, su tío y su primo. El local existe hace unos diez años y lo inició su abuelo.
Al revés que su familia, ella no llegó por la obligación de "seguir el legado" sino por interés propio cuando empezó a practicar Mountain Bike. A menos de un año de haberse iniciado en el mundo del ciclismo, hizo los 110 kilómetros del camino de los Siete Lagos y corrió en Chicas Todoterreno (Cutral Co), Copa Titán (Cinco Saltos) y Pueblo Blanco (El Chocón) donde hizo podio. Allí se lesionó y no pudo seguir entrenando.
Por ese tiempo, también vio la necesidad de poder arreglar ella misma su herramienta deportiva y empezó a aprender con su papá, su hermano, con colegas y hasta con videos de YouTube. “En las carreras rompés mucho las bicis y yo pensaba ‘mi papá no va a estar en todos los senderos que yo rompa la bici’. Entonces mi primer objetivo fue ese, no depender de nadie”, contó Celeste a LM Neuquén.
En la bicicletería empezó a trabajar en el área administrativa y de atención al público, pero en poco tiempo supo ponerse a la par de su familia en el trabajo mecánico, de arreglo, limpieza y armado de las bicis. Lo más difícil fue aprenderse los nombres de cada una de las partes y reconoce que la tarea más compleja es con las bicicletas nuevas. “Una vez que aprendés no, pero son muy delicadas. Son trabajos muy precisos y tenés que tener mucha motricidad fina”, refirió.
“Tiene que cambiar la mirada sobre las mujeres”
En su trabajo, a Celeste también le toca batallar contra los prejuicios de algunos clientes que la subestiman, desconfían o dudan de su capacidad sólo por ser mujer, a pesar de que demuestre lo contrario y tenga, de hecho, que demostrarlo.
“A algunos les llama la atención y algunos juzgan mucho. A veces pasa que no quieren que la arregle yo, o ha pasado que vos asesorás a alguien y desconfían, pero si se lo dice alguno de los chicos está todo bien”, relató la joven bicicletera. Consciente de que nadie debería juzgar por el género sino por la capacidad, Celeste nota que la diferencia en el trato viene por parte de la sociedad.
Tanto ella como su familia, sin embargo, en cada situación intentan apelar a la risa. “Cuando les empezás a hablar a los clientes y se dan cuenta que sabés, aún así desconfían y te dicen ‘vengo cuando esté el señor’, o me han preguntado si no está el mecánico. Mi papá se ríe y yo trato de no tomármelo tan mal. Mi objetivo es aprender y demostrarme a mí que yo puedo mejorar y hacer lo que ellos hacen”, agregó Celeste. Por el contrario, muchas mujeres se sienten más cómodas cuando son atendidas por ella.
“De los clientes tiene que cambiar la mirada y darte la oportunidad, no juzgar la capacidad por el género, simplemente sos un empleado más, que no te miren distinto por ser mujer. Si yo me equivocara en alguna reparación, sería más fácil juzgarme porque dirían ‘qué íbamos a esperar si es mujer’”, planteó la mecánica y aseguró que “aún demostrando ser capaz, cuesta que te den el lugar”.
Según ella, lo otro que debe cambiar es la propia visión de las mujeres sobre sí mismas a la hora de apropiarse de estas tareas. “A veces yo creo que la misma mujer se siente incapaz de poder hacerlo, porque lo he visto en las chicas que vienen acá, que me dicen ‘no sé nada’. Y no, obvio, nadie nace sabiendo”, apuntó. “No conozco mujeres que vayan a dejar el currículum para arreglar bicis, pero tampoco es un rubro que preste cursos de reparación, es mucho de oficio. Yo creo que si eso existiera, tal vez algunas se animarían”, agregó.
Sumado a esto, cree que los prejuicios vienen de la mano de lo que ocurre en general en las bicicleterías. “A la gente más grande le cuesta deconstruirse un poco, pero es también lo que se ve: vos vas a un lugar y te atiende y te arregla la bici un varón, aunque ahora yo veo que las chicas manejan camiones, colectivos, taxis, o son albañiles”.
Diferencias en el ciclismo
Celeste también advirtió que se encontró con algunas diferencias de pautas según el género cuando empezó Mountain Bike.
“Lo que pasa deportivamente en el ciclisimo es que, si bien hay mujeres, no somos tantas como los hombres, y acá no hay carreras de ruta para mujeres, se corre en la pista nada más. Además, las categorías de mujeres son de diez en diez, o sea, yo corro con mujeres de 30 años, y en los hombres es de cinco en cinco”, explicó.
Se usa más la bici
En la bicicletería de Celeste y su familia, la actividad tuvo un repunte a pesar de la cuarentena por la pandemia del coronavirus. La gente empezó a desempolvar viejas bicicletas y otras personas se compraron nuevas.
"Para nosotros no fue negativo, mi papá nunca dejó de arreglar porque si bien trabaja con bicis nuevas hace muchas reparaciones para gente que trabaja mucho. Notamos que la gente empezó a usar mucho la bici, se empezaron a sacar bicis que tenían guardadas hace dos años. La gente, con tal de salir un rato, quería irse a trabajar en bici y la venta subió mucho", detalló, y agregó que las medidas de restricción para el uso de transporte público también incentivaron el uso de este medio de transporte.
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