Por Vicky Chávez
Neuquén > Las autoridades de la comisión vecinal solicitaron al Consejo Municipal que, por medio de ordenanza, el 7 de noviembre se celebre el aniversario del barrio. Fecha que corresponde al nacimiento de Florencia Ochagavía, esposa de Enrique Nordenstrom. Como año se estableció 1912 porque el Estado nacional otorgó la propiedad definitiva de la quinta 39 a Nordenstrom.
El barrio estaba habitado por pobladores que ejercieron distintos oficios. Entre ellos se encontraban propietarios de tropas de carros que llevaban mercaderías a Zapala, tardaban dos meses para ir y volver. Enrique Carro era uno de ellos. Era el comerciante por excelencia, mayorista, devenido en político.
Había también albañiles, pintores de obra, trabajadores rurales y policías. El carnicero era Julio Ortiz, el primero en tener carnicería. También torneros, tomeros, tambero, lechero -como Juan José Durán-, hojalatero y carbonero.
Además, se destacaban las tareas de las curanderas Juana Castro y Juanita Puentes, quienes curaban el mal de ojo y el empacho. Otra vecina célebre fue Palmero de Baggio.
El tambo de los Durán
Los nacidos en el Neuquén de ayer nombrábamos las calles por el apellido del más reconocido dueño de casa o negocio. Es el caso del tambo San José. Le decíamos “la calle del tambo de Durán”. Juan José “Juancho” Durán levantó su establecimiento en la chacra 83, entre las calles Leguizamón, La Plata, Lanín y Nordenstrom. Formó su familia con Isabel Fioretti, habitante del bario desde 1937, y vivieron en calle Lanín. El lugar en donde se ordeñaba las vacas era en la intersección de La Plata y Leguizamón. El tambo, que comenzó a funcionar en 1949, contaba con cien vacas holando-argentinas. La producción ascendía a 500 litros de leche repartida por día.
El tambo San José era una empresa familiar, Juan trabajaba con sus hijos, Miguel y Juan Carlos, ordeñando de tarde y de madrugada, y su madre, Isabel, era la encargada de preparar el reparto. Miguel era el encargado de recorrer todo Neuquén, con su carro tirado por un caballo.
Distante a unos 30 metros del tambo se levantaba la cancha del club de fútbol San José, donde también funcionaba una peña folklórica que organizaba eventos con domadores, payadores, conjuntos musicales y bailarines. Además, había un conjunto de danzas con varias parejas, las que ensayaban en el comedor de la casa. Las coreografías estaban a cargo de Raquel Samueza.
En 1962, Juan José fue elegido presidente de la Comisión Vecinal y fue reelecto en varias oportunidades. Hablar de la familia Durán es hablar de participación comunitaria. A modo de ejemplo, se les debe la casa de salud: la familia donó dos terrenos para su construcción; es por eso que hoy lleva su nombre.
Diversión de los vecinos
Los autores del libro que estamos sintetizando inmortalizaron testimonios de los vecinos que recuerdan:
“En Villa Florencia se jugaba a las carreras de caballos, se corría en bicicleta, se jugaba al truco, a las bochas y bailábamos con virolas y guitarra”, contó Roberto Parada.
Para la fiesta patria del 25 de mayo de 1939 se hicieron carreras de caballo, había palo enjabonado y sortijas. Se jugaba a la taba y se vendían empanadas.
Los domingos se acostumbraba a ir al centro a dar “la vuelta al perro” y a bailar con la música que ejecutaba la Banda de la Policía.
"Los carnavales -recordó Julio Vázquez-, lástima que en el '49 se dejaron de hacer. El corso sobre la calle Sarmiento entre Corrientes y Don Bosco, convocaba a todos los habitantes de Neuquén con las comparsas, las serpentinas y el agua que tiraban desde los balcones de los negocios. Nadie se enojaba. Después nos íbamos a bailar, nosotros los de los barrios, los pobres, a locales como Venecia, Lopresti, luego los de Florencia volvíamos a lo de Menna. Al club Pacífico y al Independiente iba la aristocracia”.
En el bar El Cóndor de Jorgelina Zúñiga y su esposo Ángel Manuel Ferrari, los domingos se reunían a escuchar el partido de fútbol que transmitían por radio.
Además se festejaban las fiestas de algún santo, como por ejemplo San Juan. Como el barrio era todo campo, se juntaba mote para hacer la fogata en la víspera, y se prendía a medianoche, relataron Sides y García, que era el cantor del barrio, que con el hermano que tocaba la guitarra salían a cantar por el barrio.
El boliche de Menna
Nicolás Menna era un italiano que había llegado en 1936 a la Argentina, y ya en 1942 alquiló la quinta 23 del señor Ardenghi, sobre la calle Nordenstrom y Luis Beltrán, por donde corría el canal.
La pista de baile era circular, primero de tierra con bolsas de arpillera alrededor, luego se hizo de cemento con baranda y paredones de adobe. A un costado se ubicaba el palco para la orquesta, el despacho de bebidas y otros de choripanes. Al son de la orquesta -en donde tocaba el hijo mayor de Menna-, se bailaban pasodobles, valses, rumbas y tangos. De aquí también salió un conjunto integrado por José Sides, Juan Carlos Salinas, Carrasco y Martracci, que tocaban en el club Pacífico en 1957.
Organización de la vecinal
Pasaron los años y el barrio fue poblándose. A partir de 1960 su crecimiento fue notorio. Fue necesario organizarse para trabajar comunitariamente y conseguir los servicios indispensables para el vecindario. Es así que en 1959 se reunieron en la casa de Roberto Parada, ubicada en calle Luis Beltrán, y decidieron formar una comisión vecinal que quedó conformada por: Juan Fanoni (presidente), Horacio Mora (vicepresidente), José Tralamán (secretario), Adolfo Tizzano (prosecretario), Juan Delvas (tesorero), Pedro García, Reinaldo Aranda, Sixto García, Julio Vázquez, Avelino Leiva y Roberto Parada (vocales).
El mandato tendría vigencia hasta que se designaran las autoridades definitivas en asamblea.
En 1963 se realizaron reuniones en el domicilio de Juan José Durán y se eligió la Comisión Vecinal definitiva, hubo antes una provisoria: Durán (presidente), José Tralaman (vicepresidente), Horacio Argentino Mora (secretario), Juan Eusebio Salinas (prosecretario), Diego García (tesorero), Diego García (protesorero), Diego López. Juan Fanoni. Ricardo Ferrari y Pedro Sepúlveda (vocales), Adolfo Adad. Juan García, Juan Tello y Mario Tizzano (vocales suplentes) y Julio Ortiz y Nicolás Morales (revisores de cuenta).
Sala de primeros auxilios
En julio de 1964 se realizó la asamblea para conformar una subcomisión pro construcción de la sala de primeros auxilios del barrio. Esta reunión contó con la presencia del Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Neuquén, Joaquín Pardo. En esa oportunidad, Juan José Durán expresó su intención de donar un terreno de su propiedad, situado en la calle Mango, para que allí se construyera la tan anhelada sala de primeros auxilios del barrio. Su construcción no demoró en comenzar. La obra fue adjudicada al ingeniero Mario Morales. El 9 de abril de 1972 la sala fue inaugurada, y contó con Soria y la enfermera Yolanda Defilica como profesionales. En la actualidad permanece funcionando el centro de salud, que lleva su nombre.
Adelantos para el barrio
En septiembre de 1964 se inauguró el alumbrado público, que se extendía desde la Ruta 22 por Ignacio Rivas y desde Luis Beltrán hasta Chaneton.
Como en el barrio había pozos ubicados en las casas, se habían colocado canillas de agua corriente en las calles Daniel Gatica y Remigio Bosch. En 1965 se inauguró otra canilla en Namuncurá y Leguizamón, a cargo de Obras Sanitarias de la Nación.
El 25 de julio de 1965 se decidió solicitar la extensión de la red de gas.
En 1964 se instaló el primer teléfono. El artefacto se hallaba en la casa del señor Ramidán, ubicada sobre calle Lanín al 1100, posteriormente se lo trasladó al domicilio del señor Tralamán, sobre calle Luis Beltrán.
En marzo de 1964 y por las gestiones de la comisión vecinal, se informó que el colectivo comenzaría a circular por el barrio.
El deporte
El barrio Villa Florencia tiene una tradición deportiva muy importante para la ciudad.
En la década del '40 un grupo de jóvenes se reunía por las tardes en una canchita ubicada en la calle Mango, entre Luis Beltrán y Ceferino Namuncurá.
El 20 de mayo de 1955 se fundó el Club Defensores de Boca, su sede se encontraba en la calle Namuncurá, y la camiseta era blanca con dos rayas rojas en el frente izquierdo.
El club funcionó unos pocos años y fue refundado con la iniciativa de Ragussi, Oses, Castro, Troncoso y otros vecinos, teniendo como sede el bar Oses, en la calle Gatica al 700. La sede funcionó, en un principio, en un terreno prestado en calle Chaneton.
Defensores de Boca fue el primer club que trajo la luz de mercurio a Neuquén. Iluminaba la pista de baile y un foco le daba luz a la calle Chaneton.
Problemas generados por intereses de algunos dirigentes llevaron al remate de sus tierras y a la renuncia de su presidente. Posteriormente se reorganizaron bajo la dirección de Sebastián Rizzo recuperaron los muebles, trofeos y luz de mercurio y compraron un terreno en la calle Remigio Bosch. En asamblea se decidió cambiar el nombre por el de Villa Florencia, en el año 1971.
Otro club que funcionó en el barrio fue el San José, nacido en agosto de 1962 a instancias de la familia Durán. La camiseta era verde, con cuello y puños blancos.
Sus jugadores fueron: Alfredo A. Mora, Juan E. Salinas, Ricardo Ramos, Eleasin Ramos, Aquiles Jara, Manuel Valenzuela, Eusebio Palma, Ángel Carter, Servando Espinosa, René Palma, Miguel Durán, Rafael Poo, Eliseo Viedma, Audorindo Muñoz, Rogelio Nordenstrom, Alberto Valdebenito, Luis Ñancul, Esteban Lagos, Máximo Díaz, Juan B. Puente, Arsenio Puente, Cayetano Puente, Alfredo Bonet, Jorge Antonio Bonet, Ricardo Gómez, Víctor Jaramillo, Luis Castillo, Millaín Figueroa, J. Dalla Riva y R. Pérez.
Hubo otras disciplinas deportivas en donde se destacaron hijos y vecinos del barrio: Francisco Castro, arquero de la selección neuquina; Raúl Acevedo, en ciclismo; Pedro Méndez y Adolfo Corbalán, en boxeo.
Los más jóvenes continúan participando en distintos eventos deportivos, como Rosana Sastre que comenzó a patinar a los 6 años en el Colegio Don Bosco. Cosechó muchos premios, con 12 años ganó el Campeonato Argentino en Mar del Plata. Asimismo, patinó en eventos mundiales. En 1986 participó en el Primer Campeonato Mundial en Australia y en la Selección Nacional hasta 1998; entre 1987 y 1992, dirigió la escuela de Patín Carrera en el playón de la comisión vecinal del barrio, con el apoyo y la participación de Mary Lardani. Se destacaron también en esta disciplina, Nicolás González y Alejandro Abelli.
Escuela de patín
En 1987 se creó la subcomisión de patín, creada por un grupo de madres integrada por las vecinas María de Lardani, Trinidad Salas, Filomena B. de González, Marta Vázquez, Marta Eva Larrea, Alicia Zárate, Angélica Urrutia Rosa Abello, Teresa Parra y Nancy Fritz.
Personajes del barrio
Deambulando por las calles podía verse a un linyera que no tenía nada, dormía donde se le hacía la noche y comía de la basura. Había otro hombre, llamado el Gaucho Pinto, que hablaba a los gritos y corría a las mujeres. Un tal Arauco recibía siempre invitaciones, lo llevaban a los bares y a la cancha porque se divertían con él. También estaba Domingo Paredes, un viejo que se había hecho un ranchito de chapa debajo de un tamarisco, en la calle Mango, y vivía con un perro. Era famoso por ser un buen contador de historias inventadas.
Todo esto se desprende de los testimonios de los vecinos.
Grandes sentimientos unen a los antiguos pobladores del barrio Villa Florencia, sentimientos cuyo eje es el arraigo en el tiempo y que se define mejor con el conocido “antes era mejor”. Las relaciones sociales, presentes en los relatos de los antiguos pobladores, dan cuenta de este espíritu de convivencia, en virtud de que “los vecinos eran todos muy buenos”, como alguien supo recordar. Otro valor tomado en cuenta es la tranquilidad, porque “antes dormíamos con la puerta abierta”, y “antes salía y quedaba la casa sin llave, abierta”. Otro rasgo destacado es ser gente de trabajo y haber construido todas las viviendas por esfuerzo propio.
Estos testimonios revelan los rasgos identitarios de un barrio emblema del Neuquén, definidos por el arraigo, la tranquilidad, el esfuerzo, el trabajo, la participación y el compromiso con el deporte.
Hoy sus habitantes son continuadores de aquel rumbo pautado por Enrique Nordenstrom y su esposa, Florencia Ochagavía, quienes, sin medir trabajo e inclemencias del tiempo, apostaron a estas tierras. Su impronta permitió que el barrio adquiera la importancia que merece, y que en la actualidad ostenta.


