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Volver a clases es impensado

La educación está pagando caro la pandemia. A su modo. El año terminará sin que se pueda volver a dictar clases con normalidad. Mientras sigan al límite las salas de cuidados intensivos de los hospitales y las clínicas, no es pensable una decisión política a favor del regreso de los alumnos a las escuelas. En la suspensión del dictado presencial de clases es el principal factor de contención para la circulación de personas. Sin clases, el movimiento general en las ciudades es acotado, por más que esté abierto el comercio y buena parte de los servicios.

Es redundante pero necesario: la circulación y concentración de personas son determinantes preponderantes de los vaivenes de las curvas de contagio.

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Mirar las posibilidades de mejorar la educación a distancia podría tener un espacio en la agenda pública, que está más preocupada por la fecha de regreso de las clases, como si tal cosa fuese una posibilidad real en el contexto actual.

Con el 90% de terapia ocupado, no se ve una ventana para aguantar el impacto de las escuelas en la circulación.

En Neuquén no alcanzaron a empezar las clases presenciales este año. De golpe, el sistema se intentó adaptar a un método a distancia no ensayado ni estudiado hasta entonces. Al calendario ordinario de la escuela le quedan tres meses y algunos días. No se ve la ventana por la que se cuelen las condiciones para una decisión política que disponga la normalización de las prestaciones educativas en los edificios escolares.

Hay muchas preguntas sin respuestas políticas porque tienen orígenes en variables sanitarias. La gestión enfrenta un cúmulo de imponderables desconocidos en un contexto ajeno al que configuró el coronavirus. Las decisiones políticas tienen un campo de acción, pero no son suficientes para explicar el desarrollo de la pandemia.

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