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8 claves para elegir un buen vino (y no fallar en el intento)

La variedad es importante y el precio no es todo. Hay blancos, tintos y rosados. El origen del producto es clave. Aquí, los tips para no fracasar a la hora de comprar.

A la hora de elegir un vino hay que tener en cuenta algunas claves para no fallar en el intento. Unas son importantísimas, otras no tanto. En plan achicar la el margen de error al mínimo, conviene seguir estos siete consejos.

Blanco, tinto o rosado

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Esa es la primera pregunta que uno tiene que formularse antes de comprara una botella: qué quiero beber. En el fondo la pregunta es si quiere una bebida refrescante, como un blanco, una envolvente y amplia, como un tinto, o un punto medio. Desde ya que cada uno va con distintas situaciones de consumo, unos van fríos (rosado y blancos) y otros se sirven a una temperatura de 16-18 grados. En invierno, salvo algunos blancos mantecosos –Chardonnay con crianza en barrica, por ejemplo– se imponen los tintos.

El precio no es todo

El vino no deja de cumplir el viejo adagio que reza “existe un mundo mejor pero es más caro”. Cierto es que no todo vino más caro es más rico, ni mejor ni más adecuado a nuestro paladar. El ejercicio simple con el que hay que partir es el siguiente: en la góndola de los accesibles, digamos, hasta 500 pesos, 50 a 100 pesos hacen a una diferencia gustativa notable en sabor y complejidad. Pero en la de los 1000, no. Ahí que pensar que el salto efectivo se da con 300, 500 pesos, con vinos más precisos, matizados y ricos en sabores nuevos, en las que ya despunta la elegancia, el trazo fino. Pero si aún se busca ir más allá, digamos desde las 2500 pesos en adelante, la calidad del vino es poco discutible y en general las diferencias son sutilezas que responden otras cuestiones: cantidad de botellas, prestigio del productor y canales de venta.

La variedad importa

Es una guía a grandes rasgos que marca bastante bien el terreno. Para un tinto ligero, expresivo y de sabores sutiles, un Pinot Noir es la respuesta; un tinto con cuerpo, paso amplio y cierta textura, Cabernet Sauvignon puede andar bien. En el medio, el Malbec juega a dos bandas. Algunos están más cerca del primer tipo (son los menos) y una mayoría están en el segundo. Pero para saberlo con precisión conviene apuntar a otros dos datos: el estilo y el origen.

El estilo que te gusta

Hay tintos que son gordos, maduros y recuerdan a mermeladas, además de ofrecer madera, y otros que son ligeros, frescos y de expresión frutada. Todos ellos pueden estar bajo la etiqueta de un Malbec o un Cabernet Sauvignon, por ejemplo. Ahí es cuando la variedad no es importante, sino el estilo. En general, los primeros vienen en botellas tipo burdeos (la de los hombros anchos) y los segundos vienen en las tipo borgoña (que no tienen hombros). No es una regla exacta, pero se cumple la mayoría de las veces. Claro que si uno es un conocedor, la botella es el dato menos relevante. El estilo del productor es lo importante, pero para eso hay que beber asiduamente sus vinos.

La crianza

Otro índice de estilo es la crianza. En general los vinos del año, jóvenes y varietales, están en el grupo de los joviales y expresivos, mientras que los tintos con crianza en barrica van por los más opulentos y de cuerpo. Eso lo indica de forma relativamente precisa la etiqueta: si dice Reserva o Gran Reserva, estará entre los segundos, ya que por ley debieron al menos pasar entre 12 y 18 meses en la bodega. Si la etiqueta no indica nada, la cosecha y el alcohol son datos.

La cosecha

El año que figura en la etiqueta es un dato importante. Cuando más cerca estamos de la fecha, más joven es el vino y más expresión frutada ofrece. Así, los tintos 2021 que empiezan a llegar ahora al mercado son pura fruta y jovialidad, mientras que los 2018 o anteriores están más apagados aún cuando ofrecen más complejidad. En la mayoría de los blancos, es ideal la juventud, mientras que en los tintos, entre uno y cuatro años se considera joven, atado al estilo, desde ya: si hay crianza, el rango puede desplazarse hasta unos ocho años.

El grado etílico

Es un gran dato cuando es atípico. En nuestro mercado, vinos de 14 o más grados de alcohol –se expresa en porcentaje, 14,5%, por ejemplo– son la inmensa mayoría y ahí poco nos dice. Pero si hablamos de tintos o blancos de 12,5% ya sabemos que serán ligeros y de poco cuerpo.

Nivel pro: el origen

Dos tercios de los vinos argentinos vienen de Mendoza, con lo que los lugares más pequeños son más indicativos que la provincia. Luján de Cuyo va en la línea de los vinos con cuerpo y frescura moderada y Valle de Uco en los tintos con cuerpo y frescura elevada. Salta, por ejemplo, ofrece tintos especiados, mientras que Neuquén y Río Negro, una fruta expresiva y frescura moderada a intensa. Si se avanza sobre esta idea, a más preciso el lugar, más preciso el carácter. Pero eso es cuando uno ya se acerca al experto.

Cuestión de pesos

En la góndola actual hay vinos sensatos de 250 pesos y vinos fuera de serie de 55 mil pesos. ¿Significa esto que el segundo es 220 veces mejor que el primero? Difícil ponerlo así. Lo que sí está claro es que hay al menos unos 15 a 20 escalones cualitativos en el medio donde entra el resto del mercado. Y el precio es una cuestión de oferta y demanda y sobre todo, de quienes pueden y quieren darse el gusto. Eso sí: cuando una botella gusta, no hay dinero que los explique.

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