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A aprender la lección

Un tropezón no es caída y aún se está a tiempo de clasificar y llegar lejos. Pero hay que bajar el perfil y dejar todo.

Cada vez que Argentina se la cree de antemano en los mundiales, sufre un duro cachetazo de la realidad, y del fútbol. Le pasó al equipazo de Bielsa en Corea-Japón 2002, también al del Coco Basile en Estados Unidos 1994 –si bien fue decisivo el doping de Maradona– y hasta al de Carlos Bilardo en Italia 90 –derrota inicial 1 a 0 con Camerún–, por más que luego llegó a la final del mundo, antecedente que a la vez debe tomarse como un aliciente en este inquietante contexto.

Lo había anticipado Messi en la previa del doloroso e inesperado 1-2 ante Arabia y se cumplió. “No vamos a ser campeones de entrada como pensamos los argentinos”, adelantó la Pulga, siempre sabio.

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Lo cierto es que un tropezón no es caída y aún se puede salir de esta situación apremiante y conseguir el ansiado pase a la próxima ronda. El margen de error se achicó considerablemente, pero ganando los próximos dos partidos, ante México y Polonia, deberíamos avanzar.

Claro que muchos deberán aprender la lección y darse un baño de humildad.

De movida hay que bajar el perfil y no creerse los mejores del mundo antes de jugar, algo tan propio de los argentinos. Lo dijo el Matador Kempes, “algunos jugadores sobraron al rival, muy cancheritos por momentos”.

Tampoco el entrenador Lionel Scaloni se mostró demasiado autocrítico en la conferencia de prensa posterior. Ahora llega su momento de actuar, de meter mano e incluir a los que mejor están física y futbolísticamente ante México.

Ya no hay lugar para nuevas sorpresas. El crédito sigue abierto. ¡No nos falles, selección!

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