Adquirir hábitos más saludables previene el ACV

Los especialistas resaltan la necesidad de reducir los factores de riesgo.

Sufrir alteraciones en la visión o una parálisis en una parte del cuerpo pueden ser los primeros síntomas de un ataque cerebrovascular (ACV), una afección que constituye la segunda causa de muerte en Argentina. El personal de la Fundación Médica de Río Negro y Neuquén recordó que se trata de una enfermedad prevenible e hizo hincapié en la necesidad de reducir los factores de riesgo.

Silvana Svampa, neurointensivista de la Fundación, señaló que ya no se habla de accidente sino de ataque cerebrovascular, ya que las personas tienen la posibilidad de reducir los factores de riesgo para prevenir el problema. La hipertensión arterial, la obesidad, el tabaquismo, el alcoholismo, el sedentarismo y las arritmias son circunstancias modificables que pueden reducir el riesgo de padecer estos ataques.

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“Siete de cada 10 argentinos saben reconocer los síntomas de ACV: dificultad para caminar, mareos, vértigos, pérdida del equilibrio o falta de coordinación, dolor de cabeza súbita y de máxima intensidad, dificultad para hablar, dificultad repentina para ver con uno o ambos ojos, dificultad para manejar los brazos o coordinar los movimientos, confusión súbita, problemas para hablar o entender”, sostuvo Svampa, pero aclaró que son pocos los que conocen que este tipo de afecciones es potencialmente mortal.

Como sucede con otras afecciones, la consulta precoz es una herramienta fundamental para evitar que el problema se agrave. En este caso, la médica aclaró que cada segundo es indispensable: “Por cada minuto que pasa, se mueren dos millones de neuronas”, señaló. Consultar a tiempo permite abrir lo conocido como una ventana terapéutica, donde se pueden aplicar diversos tratamientos para reducir los daños causados por el ACV.

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Los tratamientos varían según si se trata de un ataque hemorrágico o isquémico. En el primer caso, se realiza una arteriografía para localizar el aneurisma y excluirlo mediante procedimientos endovasculares, una vez realizado se traslada el paciente a la unidad de terapia intensiva, donde continúa su tratamiento.

Para los casos isquémicos, se practica un tratamiento por vía endovenosa de un medicamento que ayuda a la disolución del coágulo, que luego se extrae.

Aunque el nivel de secuelas que deja un ataque cerebrovascular varía según cada paciente, en todos los casos se recomiendan tratamientos posteriores. Pueden ser prácticas ambulatorias con neurólogos, kinesiólogos y fonoaudiólogos o, para los casos que se presentan más graves, internaciones en algunos de los tres centros neuquinos que se dedican a este tipo de cuidados.

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--> Un equipo preparado para todos los casos

En Neuquén, la Clínica de Imágenes cuenta con un equipo multidisciplinario para la atención del ataque cerebrovascular (ACV). La guardia de emergencia, a cargo de CIMA, se ocupa de identificar al paciente con sospecha de ACV y activa un código llamado “rojo” en algunos centros o “del ACV” en otros para priorizar su atención tanto desde el laboratorio central como los estudios por imágenes, que incluyen tomografías, resonancias magnéticas y angiografía cerebral.

La unidad de cuidados intensivos de la Clínica de Imágenes está conformada por especialistas en medicina crítica, cardiología, enfermería entrenada y kinesiología.

Recibe el apoyo de los neurointesivistas y neurocirujanos, que están preparados para definir, según el tiempo de evolución de cada paciente desde el inicio del ACV y los resultados de los estudios, cuál es el tratamiento más adecuado para reducir los síntomas o evitar el riesgo de muerte o de secuelas graves.

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