Amamantar es muy importante cuando el bebé está internado

Alimenta, mejora las defensas y, de paso, mima al recién nacido.

España
La internación hospitalaria de un bebé o un niño muy pequeño es una situación traumática. Y en este contexto, es fundamental que la madre pueda seguir amamantándolo en cualquier momento del día o, si no puede, que se saque leche y esta sea almacenada por el hospital para dársela al bebé cuando lo requiera.

La leche materna es fundamental siempre, pero en los niños hospitalizados aumenta su trascendencia.

Hace un tiempo, la Asociación Española de Pediatría (AEP) publicó un documento respecto de este mismo tema, en el que destaca la importancia de continuar con la lactancia materna durante el ingreso de los bebés, “porque es el mejor alimento para un niño enfermo: tiene nutrientes y aporta gran cantidad de líquidos necesarios para su recuperación, anticuerpos y células vivas que ayudan a las defensas del bebé y acortan la duración de la mayoría de las infecciones”. En otras palabras, una madre que amamanta a su hijo internado lo alimenta y lo ayuda a curarse lo antes posible.

Además, el pecho materno tiene un efecto analgésico: actúa contra el dolor, tanto el provocado por la propia enfermedad como el derivado de prácticas médicas invasivas, como la instalación de un suero o la realización de análisis. Asimismo, estar en brazos de la mamá y sentir el contacto corporal con ella “ofrece al niño consuelo y calma en un medio tan hostil para ellos como es un hospital”. Los pediatras cuentan que en una internación los bebés pueden perder el apetito. Igual hay que ofrecerles el pecho con la expectativa de que algo, más no sea jugando, tomarán. Si presenta diarrea, el riesgo mayor que se corre es el de la deshidratación. De inmediato, y con frecuencia, deben tomar la teta. En el caso de los vómitos es diferente, y se recomienda suspender por unas horas la lactancia hasta que el bebé se estabilice (mientras, se lo alimentará con un suero).

Si tiene problemas respiratorios (neumonía, bronquiolitis, etc.), quizás pueda presentar alguna dificultad para mamar. El objetivo, en este caso, es intentar que no deje de tomar y, llegado el caso, darle por espacios cortos y más seguido. Y si el niño va a ser sometido a algún tipo de operación, puede tomar leche materna hasta cuatro horas antes (sin que inhiba la anestesia), y es imprescindible que cuente con la compañía de los padres: eso lo calma ante cualquier ansiedad y le permite llegar al quirófano más tranquilo.

Todo natural
La leche materna se adapta al tiempo del bebé

En el caso de los chicos que nacieron antes de término, la leche materna es fundamental porque tiene las características necesarias para el bebé en ese momento. El calostro, por ejemplo, tiene muchas proteínas y anticuerpos y es muy necesario para un prematuro. Le aporta importantes cantidades de anticuerpos, protegiéndolo contra las enfermedades respiratorias e intestinales más comunes, y contribuye en la maduración de su aparato digestivo. Y, naturaleza pura, a medida que pasan los días, la composición de la leche materna se va adaptando al bebé.

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