Algunos lo vieron por el Parque Central y compartieron unos mates con él, antes de que siga viaje con su carretilla a cuestas. Jonathan Viera es cordobés y está cerca de unir la Argentina a pie, de punta a punta. Partió el 5 de junio desde Salta capital y ayer anduvo por Neuquén. Hoy sigue hacia el sur, rumbo a Ushuaia, donde quiere sacarse una selfie junto al mítico faro del fin del mundo. Después, el destino dirá. Está tan entusiasmado con su viaje que planea continuar de caminata por toda Latinoamérica.

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Jonathan tiene 31 años y hasta hace poco vivía en Salta, donde trabajaba en una fábrica de cerveza artesanal y un taller de lámparas de cuero. Le gustaba acampar, pero nunca se había animado a salir a la ruta sin destino fijo. Un día vio una foto del emblemático faro de Ushuaia y se le ocurrió probar ir hasta allá a pie. Se consiguió una carretilla, una carpa y empezó a andar.

El miércoles llegó a Neuquén y acampó cerca del río. Ayer aprovechó a recorrer el centro y conoció a un neuquino solidario que le prestó la casa para pasar la noche. Esta mañana, seguía rumbo a Plottier y de allí a Arroyito, donde decidirá a último momento si continúa hacia Zapala o Piedra del Águila. Tiene muchas ganas de conocer la cordillera.

“Empecé el viaje hasta Ushuaia, pero esto es un proceso, hace un par de meses pensé en volverme recorriendo el resto de Argentina, ahora tengo ganas de continuar por Latinoamérica hasta México, pero también pienso por momentos que quizás este viaje no tenga fin”, comentó.

Explicó que lleva más de dos mil kilómetros recorridos “a pata, sin hacer dedo ni tomar colectivos”, porque no le interesa llegar sino disfrutar del viaje. “Sé que muchos hacen esto en bici, moto o auto; a mí se me dio por caminar”, indicó.

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En su carretilla, lleva una carpa y bolsa de dormir, algunas mudas de ropa, ollas y sartenes, más el infaltable equipo de mate. También arroz o fideos, un bidón con agua, yerba y azúcar. Todo lo demás, se lo dio el camino.

Cuando se siente perdido, consulta en un grupo de Whatsapp que usan los motoqueros de todo el mundo para ayudarse entre sí. Ahí le responden si una ruta es muy peligrosa o dónde puede encontrar una estación de servicio para bañarse.

En tantos kilómetros, las suelas de las zapatillas se le agujerearon y debió reparar las ruedas de la carretilla varias veces. Pero no hay contratiempo que lo desanime. Para Jonathan, su viaje es también un testimonio de vida, “porque en la televisión, la radio o las noticias siempre muestran cosas negativas y yo estoy en esto como una apuesta a lo bueno que tenemos los argentinos”.

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Dijo que es reticente a pedir ayuda; sin embargo, siempre aparece alguien con una comida calentita, una bebida fresca o una cama cómoda para que pueda reponerse de tanto caminar.

De cada lugar que visita, toma una foto de recuerdo que sube a su página de Facebook “Huellas de Jony”. También junta calcomanías de los motoqueros que lo ayudaron en la parte trasera del carro y algunos amigos que conoció en el camino le firmaron la bandera argentina que siempre lleva en alto.

Sin embargo, lo mejor del viaje no cabe en su carretilla. Tras cuatro meses de aventuras, Jonathan recalcó que “la sorpresa más grande fue descubrir lo generosa que es la gente”.

Se cruzó a un japonés que camina el mundo hace 10 años

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Aunque parezca increíble, Jonathan se cruzó en su viaje nada menos que con Sokichi Takashita, un japonés de 71 años que se volvió famoso porque se pasó la última década recorriendo el planeta a pie.

Takashita es el mentor de muchos viajeros caminantes. Después de andar por varios continentes, está tratando de unir Ushuaia con Perú. El cordobés que sigue sus pasos se lo encontró en Ataliva Roca, en La Pampa. De lejos, se divisaron mutuamente, cada cual con su carretilla a la rastra.

“No habla mucho español, pero tomé su consejo de avanzar como máximo 20 kilómetros por día; yo por ahí hacía 70 y él me dijo que haga menos para evitar la fatiga”, contó Jonathan. Tras el abrazo y la selfie, ambos siguieron su rumbo, felices de que el destino haya cruzado sus caminos.

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