La cultura mapuche sobrevive en los cerros, en los ríos, en los imponentes paisajes y en su gente. En ellos se atesoran los saberes ancestrales de una generación que escribió las realidades y construyó las leyendas que encierran los sentimientos, las vivencias y las historias más emblemáticas de estas tierras neuquinas, en las que aún se siente y se vive el patrimonio cultural y natural de aquellas comunidades primigenias. Algo así se yergue en la cuenca del Ruca Choroi, a escasos 18 kilómetros del centro de Aluminé.
Allí, en las tierras de la comunidad Aigo se erige altivo el cerro Carri Lil (piedra o barda verde, en dialecto mapuche). En los aires de esa elevación de 800 metros vuelan y perduran secretos de un pasado de guerras y luchas permanentes entre el hombre originario y el huinca. Así lo relata Luis Fernando Pellao, un poblador descendiente de aquellos hombres y mujeres que también supieron escribir la historia de aquel rico y hasta desconocido pasado. Luis, en compañía de dos habitantes de esa comunidad, hace unos tres meses se lanzó a la aventura de hacer conocer el valioso tesoro paisajístico que atraviesa esas tierras.
En el lugar se encuentran disponibles todos los servicios que puede requerir el visitante que llega a contemplar y disfrutar de sus paisajes.
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