Caso Galar: "Cuando vi el crimen de Villa Gesell, no pude evitar recordar a Javier"

Habla la hermana del joven asesinado en junio de 2006 por una patota en pleno centro neuquino.

Por Guillermo Elía - policiales@lmneuquen.com.ar

El brutal asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de diez jóvenes a la salida de un boliche en Villa Gesell, no solo disparó un fuerte debate social sobre los ataques en manada y la violencia machista, sino que en Neuquén reflotó la historia del aberrante crimen de Javier Galar (27), a quien una patota de cinco jóvenes mató a golpes la madrugada del 17 de junio de 2006 en pleno centro de la ciudad.

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Los Galar pretendieron, durante casi 10 años de avatares judiciales, que Javier fuera el último caso, pero la realidad demuestra que estos tipos de ataques están lejos de cesar. LMN dialogó con Miriam Galar, hermana de Javier, quien nos contó todo lo que removió en su familia el caso de Villa Gesell.

"Lo primero que me generó cuando vi lo que había ocurrido en Villa Gesell fue un sentimiento de angustia y de tristeza muy grandes, porque me sentí muy identificada con el dolor de la familia de Baéz Sosa. Fue inevitable que no apareciera el recuerdo de Javi. Con mi papá estamos en la misma sintonía de recordar, pero tratamos de no hablarlo porque es muy doloroso para nosotros, más allá de que Javi siempre está presente", relató Miriam con angustia.

Pero no solo se trató de un recuerdo que salió a flote. "A la vez, tuve un sentimiento de bronca al ver que pasan los años y sigue ocurriendo lo mismo. Nosotros queríamos que Javier fuera el último, y no vemos que haya solución. Desde mi opinión, lo que pasa es una mezcla de cuestiones sociales, culturales, económicas, políticas. Hay ingredientes de todo tipo y es muy difícil decir ‘la solución es esta’, porque es un conflicto tiene muchos elementos a tratar", analizó la mujer, que hoy ejercer la abogacía.

"Yo no creo que haya una solución frente a esta problemática ni a corto ni a mediano plazo. Esto se soluciona muy a largo plazo. Encima, lo que veo es que esto va empeorando, no es que va mermando con el tiempo o vamos avanzando como sociedad. Cada vez veo que la sociedad tiene más bronca, más ira. Y la gente se saca la bronca en estos hechos de violencia. También hay mucha cobardía, por eso aprovechan estas patotas o manadas para sacarse esa bronca, que a lo mejor viene por otro motivo, y lamentablemente un inocente paga las consecuencias", resumió Miriam.

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El ataque a Javier Galar

Parece lejos en el tiempo, porque ya pasaron 13 años desde aquel aberrante y cobarde crimen, pero con todo lo que vivió Miriam junto a su padre Jorge, al menos pudieron reconstruir lo que ocurrió esa maldita madrugada.

"Mi hermano había salido con dos amigos y tuvieron un altercado con una camioneta en el centro. A los 50 metros se vuelven a cruzar con ellos en un semáforo. Esos amigos con los que salió mi hermano comenzaron a intercambiar palabras con esas personas de la camioneta y, en un momento, bajan todos de la camioneta y los amigos de mi hermano salen corriendo. Como no los pudieron atrapar, estos chicos asesinos, al volver, lo ven a mi hermano que iba caminando solo y deciden desatar toda la furia contra él. Al primer golpe, que mi hermano ni lo esperaba, lo dejan casi inconsciente en el suelo, donde le siguen pegando. Bastante conocido es que mi hermano murió prácticamente con las manos en los bolsillos. No pudo ni defenderse", dijo con bronca.

El aviso de los amigos de Javier a unos policías que estaban en un local, a un par de cuadras, ayudó a que se pudiera detener en el lugar a un pibe de 17 años y durante la mañana de ese domingo a cuatro jóvenes más: Juan Díaz, Esteban Martín Larrat, Nicolás Chamblá y Leandro Serrano.

Malas noticias de madrugada

Miriam repasó el último diálogo que tuvo esa noche con su hermano antes de que saliera con los amigos. "Me había acostado y, como se estaba por ir, lo saludé como si fuera una noche más", recordó con lágrimas en los ojos, porque nunca se puede prever un final así de abrupto.

Eran las 5 de la madrugada del sábado 17 de junio cuando el teléfono fijo sonó en la casa de los Galar. Jorge atendió y, tras una muy breve charla, colgó y le dijo a Miriam que era la Policía y que tenían que ir a la Comisaría Primera.

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"No nos dijeron el motivo. Sabía que era por Javier, pero yo no quería sospechar nada y no tuve la valentía de llamarlo al celular, él ya tenía celular", contó Miriam, que algo intuía en su interior pero se contenía.

"Cuando llegamos a la comisaría, estaban todos los amigos de mi hermano llorando y, en medio de ese caos, solo nos dijeron que había fallecido, pero no nos contaron ni cómo ni por qué. Recuerdo que cuando nos fuimos a casa esa mañana, no teníamos claro qué había pasado", lamentó la mujer.

El devenir judicial

Cuando ocurrió el crimen de Javier, su hermana tenía 25 años y estudiaba derecho. Los Galar por primera vez iban a atravesar todo un proceso judicial y, encima, en el oscurantismo del viejo sistema que era lento y burocrático.

En un primer momento, la causa se caratuló como homicidio en riña y, tras la feria judicial, la cambiaron a homicidio simple, lo que atenuaba las penas.

"Tenía una dualidad muy importante. Por un lado, estaba lo afectivo que te generaba ganas de salir a gritar, insultar y romper todo, cosa que no hicimos nunca; y, por el otro, entendía el proceso legal y todo eso que mi papá no entendía. Tenía una batalla interna para ver qué hacía y en ese momento mi papá no estaba en condiciones de salir a los medios, por lo que tenía que salir yo y debía ser una persona centrada y coherente para llevar la situación legal lo mejor posible, a lo que se sumaba el dolor por la muerte de Javi", explicó Miriam.

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Prueba de muerte

"La discusión recuerdo que era quién le pegó la patada que desencadenó la muerte. No podemos guiarnos en quién fue el último que golpeó a mi hermano y lo llevó a la muerte, cuando estamos hablando de que eran un montón los que lo atacaron", aseveró la abogada.

"Ahora, estaba viendo en la tele que hay una discusión muy similar con lo del crimen de Villa Gesell. ¿Quién le dio el golpe mortal? No importa eso. En Gesell creo que fueron como diez los que lo atacaron, y en el caso de mi hermano fueron cinco. Todos tenían participación necesaria, y quién pegó una patada más o menos me parece que era irrelevante", afirmó.

En esa época, todo el juicio se centró en tratar de identificar al autor de la patada. "Fue agotador y te daba muchísima bronca", describió la hermana de Javier.

Lo que generó cierta bronca y amargura fue que el menor resultó culpable de la patada. "Esa fue una estrategia de los abogados para sacarles la responsabilidad a los otros cuatro adultos. Para mí era indiferente, pero como los menores están protegidos por la ley, lo culparon a él, total nunca iba a ir preso y los mayores quedaron con una mera participación", concluyó Miriam.

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La golpiza letal de los rugbiers en Le Brique

La madrugada del sábado 18, Fernando Báez Sosa fue asesinado a golpes afuera del boliche Le Brique, en Villa Gesell, por un grupo de diez rugbiers oriundos del partido bonaerense de Zárate. Hay 10 detenidos, de los cuales dos están imputados como autores de la agresión que derivó en la muerte del joven.

El hecho se habría originado por una discusión dentro del boliche. Tras ser echados por los guardias de seguridad, el grupo se ensañó con Fernando, a quien encontraron solo en la vereda, donde cayó en seco tras un fuerte golpe en la cabeza.

Al joven le practicaron RCP por más de media hora, pero su estado era irreversible y falleció en el hospital a causa de los severos traumatismos con los que ingresó.

Para el mediodía de ese mismo día, todos los atacantes estaban ubicados y bajo custodia policial, pero la historia parecía tomar un nuevo rumbo cuando apuntaron a otro participante, Pablo Ventura, quien, según versiones extraoficiales, había intentado huir a su pueblo natal junto a su padre como cómplice. La treta que apuntaba a ese nuevo imputado en la causa fue rápidamente descubierta como tal y caratulada como un acto de bullying.

De los diez imputados por el crimen, se sabe que hay dos oficialmente acusados de coautores: Máximo Thomsen, de 20 años, hijo de la secretaria de Obras Públicas del municipio de Zárate, y Ciro Pertossi, de 19. Entre ellos se encuentra el responsable de la patada que terminó siendo el causal de muerte de Fernando.

Ambos podrían llegar a purgar una pena de prisión perpetua, dado que el delito cometido fue calificado como agravado por ser premeditado por dos o más personas. Los investigadores se encuentran realizando las pericias necesarias para identificar el calzado que los guiará hasta el asesino.

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