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La Mañana Sueño

Dormir demasiado también es un problema: qué pasa si superás las 9 horas

El descanso excesivo puede traer alteraciones que muchos no tienen en cuenta. La recomendación de los especialistas.

El descanso diario y dormir las horas necesarias de sueño son pilares básicos del bienestar físico y mental. Sin embargo, más horas en la cama no siempre equivalen a mejor descanso. Según el médico Jeffrey H. Chester, director del Ohana Luxury Addiction Treatment Center, dormir más de nueve horas de manera habitual podría asociarse a efectos negativos en la salud.

La idea de que “cuanto más se duerme, mejor” forma parte de una creencia extendida. No obstante, distintos estudios clínicos señalan que existe un rango considerado óptimo para adultos. En términos generales, los especialistas ubican ese intervalo entre siete y nueve horas por noche, franja que se vincula con un mejor rendimiento cognitivo, equilibrio emocional y funcionamiento físico.

El problema surge cuando el descanso supera ese límite de forma sostenida y sin una causa puntual que lo justifique.

El exceso de sueño y sus posibles efectos

Dormir más de nueve horas de manera regular puede relacionarse con fatiga persistente, alteraciones del ánimo y dificultades cognitivas. Aunque en situaciones aisladas —como después de una enfermedad— el cuerpo necesita más tiempo de recuperación, el patrón sostenido genera interrogantes.

El fenómeno se conoce como exceso de sueño o hipersomnia. No siempre implica una patología en sí misma, pero puede funcionar como señal de alerta. En algunos casos se asocia a trastornos del estado de ánimo, problemas metabólicos o afecciones cardiovasculares.

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El calor extremo trae aparejado problemas de sueño en verano, afectando tanto al bienestar físico como mental.

El calor extremo trae aparejado problemas de sueño en verano, afectando tanto al bienestar físico como mental.

El impacto no reside solo en la cantidad de horas, sino en la alteración del ritmo circadiano, el sistema biológico que regula los ciclos de vigilia y descanso. Cuando ese reloj interno pierde estabilidad, pueden aparecer sensaciones de cansancio incluso después de dormir muchas horas. Es decir, más tiempo en la cama no garantiza una sensación real de recuperación.

La desorganización del ritmo natural afecta la energía diaria, la concentración y el rendimiento. El sueño de calidad no depende exclusivamente de la duración, sino del equilibrio entre descanso y actividad.

Cuándo preocuparse y consultar

Dormir más de lo habitual durante algunos días, por ejemplo tras una gripe o un cuadro de agotamiento físico, no representa un riesgo. El cuerpo responde a procesos de recuperación aumentando la necesidad de descanso. Esa situación suele resolverse de manera espontánea.

La preocupación aparece cuando la tendencia a dormir más de nueve horas se mantiene durante varias semanas y se acompaña de falta de energía, cambios en el estado de ánimo o dificultades para concentrarse. En esos casos, los especialistas recomiendan consultar a un profesional de la salud para descartar causas subyacentes.

El exceso de sueño puede vincularse con depresión, trastornos hormonales o alteraciones metabólicas. Identificar el origen resulta clave para evitar que el problema se prolongue en el tiempo.

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También es importante considerar la calidad del descanso. Interrupciones frecuentes, apnea del sueño u otros trastornos pueden llevar a que la persona permanezca más horas en la cama intentando compensar un sueño poco reparador.

Cómo mejorar la calidad del descanso

Más allá de la cantidad de horas, los especialistas coinciden en la importancia de sostener rutinas estables de sueño. Acostarse y levantarse en horarios similares ayuda a regular el ritmo circadiano y favorece un descanso más eficiente.

La exposición a la luz natural durante la mañana contribuye a ordenar el reloj biológico. Del mismo modo, reducir el uso de pantallas antes de dormir facilita la producción de melatonina, hormona clave en el ciclo sueño-vigilia.

Incorporar rituales relajantes antes de acostarse, como lectura tranquila, respiración consciente o escritura reflexiva, también mejora la transición hacia el descanso nocturno. Estos hábitos permiten que el cuerpo y la mente se preparen para dormir de forma gradual.

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