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Dormir con la boca abierta: por qué respirar mal te puede afectar más de lo que imaginás

Labios secos, fatiga constante y otras consecuencias que muchos pasan por alto aparecen ligados a esta situación. A qué síntomas tenés que prestarle atención.

Cansancio al despertar, labios secos, dificultad para mantener la atención o una sensación persistente de agotamiento pueden tener un origen inesperado: la respiración por la boca. Esta costumbre cotidiana pasa desapercibida para muchas personas, pero genera efectos concretos sobre el descanso nocturno, el sistema inmunitario y el rendimiento mental.

Especialistas citados por Mindfood (acompañamiento nutricional que integra hábitos, conciencia y estructura cotidiana) advierten que respirar por la boca no solo altera la oxigenación del cuerpo, sino que también interfiere con procesos biológicos clave. Tanto adultos como niños pueden verse afectados, aunque en la infancia las consecuencias resultan más profundas por el impacto sobre el desarrollo facial y respiratorio.

Respirar por la nariz cumple funciones esenciales: filtra partículas, regula la temperatura del aire y favorece un equilibrio adecuado del sistema nervioso. Cuando ese mecanismo natural se reemplaza por la respiración oral, el organismo entra en un patrón menos eficiente que termina reflejándose en múltiples síntomas físicos y cognitivos.

Por qué la respiración bucal se instala y cuesta revertirla

La causa más común detrás de este hábito es la obstrucción nasal persistente. Alergias, resfríos repetidos, inflamación crónica o infecciones sinusales suelen empujar a la persona a respirar por la boca, especialmente durante la noche. En los chicos también influyen amígdalas o adenoides agrandados, además de alteraciones estructurales como el desvío del tabique.

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La respiración por la boca se asocia con fatiga constante, menor concentración y mayor riesgo de problemas bucales y del sueño.

La respiración por la boca se asocia con fatiga constante, menor concentración y mayor riesgo de problemas bucales y del sueño.

Con el paso del tiempo, el cuerpo se adapta a esta forma de respirar. Incluso cuando la causa inicial desaparece, el patrón puede mantenerse, como si el sistema respiratorio quedara “reprogramado”.

A esto se suman factores ambientales: aire acondicionado o calefacción intensos, exposición prolongada a contaminantes y ciertos hábitos orales. Todo ese combo favorece la respiración bucal nocturna, muchas veces sin que la persona lo note.

Entre los signos más frecuentes aparecen mal aliento, sequedad bucal, labios agrietados, fatiga constante y problemas de concentración. En niños, además, pueden surgir dificultades escolares y cambios visibles en la estructura del rostro, como mandíbula estrecha o facciones alargadas.

Consecuencias invisibles: sueño liviano, defensas bajas y mente agotada

Respirar por la boca de forma crónica incrementa el riesgo de caries, infecciones orales y trastornos del sueño. El descanso pierde profundidad, el cuerpo no logra recuperarse del todo y aparece una sensación permanente de cansancio.

También se registra una menor producción de óxido nítrico, una molécula clave para optimizar la absorción de oxígeno. Ese déficit impacta en la energía diaria y en la función cognitiva.

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Muchas personas no relacionan dolores de cabeza matinales, ansiedad al despertar o irritabilidad con su manera de respirar. Sin embargo, el vínculo existe: la oxigenación deficiente y el sueño fragmentado afectan la memoria, la atención y el estado de ánimo.

En la infancia, el problema adquiere otra dimensión. La respiración bucal sostenida puede alterar el crecimiento de las vías respiratorias, modificar la morfología facial y dificultar los procesos de aprendizaje. Algunos de estos cambios resultan permanentes si no se detectan a tiempo.

También se observan efectos metabólicos: mayor predisposición al aumento de peso, baja tolerancia al esfuerzo físico y una sensación de agotamiento que atraviesa toda la jornada.

Cómo recuperar la respiración nasal y mejorar la salud general

La buena noticia es que corregir este hábito resulta posible. En adultos, los primeros pasos incluyen mejorar la higiene nasal con soluciones salinas, tratar alergias de forma adecuada y practicar ejercicios respiratorios específicos.

Un punto clave es la postura de la lengua: apoyada suavemente contra el paladar, labios cerrados y dientes apenas separados. Algunas personas también utilizan cinta médica durante la noche para favorecer la respiración nasal.

Técnicas como la respiración diafragmática o el método Buteyko ayudan a consolidar un patrón más saludable cuando se practican de manera regular.

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En el caso de los niños, la detección temprana marca la diferencia. Frente a ronquidos, boca abierta al dormir o fatiga diurna, conviene consultar con un especialista en oído, nariz y garganta para descartar obstrucciones o alergias.

La terapia miofuncional, enfocada en fortalecer la musculatura orofacial y crear hábitos respiratorios correctos, ofrece una alternativa no invasiva con buenos resultados.

Recuperar la respiración nasal mejora la calidad del sueño, la energía diaria y la capacidad de concentración, tanto en chicos como en adultos. Además, reduce el riesgo de problemas respiratorios y cardiovasculares, fortalece las defensas, mejora el cerebro y contribuye a un bienestar más estable y duradero.

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