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La fórmula 7-7-7: por qué este método puede marcar la diferencia en la crianza de tus hijos

Una especialista en desarrollo infantil recomienda tres momentos estratégicos de siete minutos para reducir la ansiedad y reforzar la autoestima.

Dedicar minutos diarios de atención exclusiva a los hijos puede modificar de manera profunda la dinámica familiar. Así lo plantea Jordyn Koveleski Gorman, especialista en desarrollo infantil y fundadora de Eat Play Say, quien difundió una fórmula simple conocida como la “regla 7-7-7”.

La idea apunta a organizar el día en tres momentos breves pero estratégicos para reforzar el vínculo emocional.

La premisa no exige largas jornadas compartidas ni actividades extraordinarias. Propone distribuir siete minutos por la mañana, siete al reencontrarse tras la escuela o guardería y siete antes de dormir.

En total, 21 minutos de presencia consciente, sin pantallas ni distracciones. Según la especialista, esos tramos coinciden con transiciones sensibles para los niños, cuando necesitan mayor sostén emocional.

Tres momentos clave para fortalecer el vínculo

La llamada “regla 7-7-7” no funciona como una fórmula rígida ni como un desafío contra el reloj. Su objetivo es ofrecer una estructura sencilla para priorizar el contacto genuino. El inicio del día, el regreso al hogar y el momento previo al sueño suelen concentrar emociones intensas: ansiedad, cansancio, entusiasmo o frustración.

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Especialistas sostienen que la fórmula se centra en la calidad del encuentro y no en la cantidad de tiempo compartido.

Especialistas sostienen que la fórmula se centra en la calidad del encuentro y no en la cantidad de tiempo compartido.

Durante el despertar, el acompañamiento ayuda a organizar la jornada con seguridad. Al regresar de la escuela, el niño procesa experiencias sociales y académicas. Antes de dormir, aparecen reflexiones y temores que requieren contención. La presencia adulta en esos instantes opera como un ancla emocional.

La especialista remarca que no se trata de cumplir un número exacto. Lo relevante es que el niño perciba disponibilidad y escucha real. Un diálogo breve, un juego improvisado o un abrazo sostenido pueden cumplir la función si existe conexión auténtica.

El respaldo de la evidencia científica

Diversas investigaciones respaldan la importancia de las interacciones breves pero consistentes. Estudios del Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard sostienen que la calidad del intercambio entre padres e hijos impacta en la formación de vínculos seguros, incluso cuando el tiempo compartido es limitado.

En la misma línea, trabajos de la Universidad de California en Los Ángeles analizan cómo los rituales cotidianos influyen en el bienestar infantil. Compartir una merienda o conversar antes de dormir fortalece la autoestima y la sensación de protección. No es la duración lo que construye el apego, sino la regularidad y la atención plena.

La Asociación Americana de Psicología también subraya que la atención exclusiva durante las transiciones diarias reduce la ansiedad infantil y mejora la comunicación dentro del hogar. Estos hallazgos refuerzan la idea de que pequeños gestos repetidos generan un entorno emocional estable.

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Desde la Universidad de Oxford, investigaciones en psiquiatría infantil concluyen que la previsibilidad en las muestras de afecto brinda seguridad y favorece la resiliencia. La repetición de rituales simples permite al niño anticipar contención, lo que reduce tensiones y facilita la regulación emocional.

Un antídoto frente a la presión cotidiana

En la vida actual, muchas familias enfrentan agendas cargadas y exigencias laborales que limitan el tiempo disponible. La propuesta de la “regla 7-7-7” actúa como un recordatorio: no es necesario dedicar horas interminables para construir un vínculo sólido.

La especialista advierte sobre el riesgo de convertir la regla de los minutos en una meta estricta. Si se transforma en obligación matemática, pierde su sentido. La conexión no reside en el cronómetro, sino en la calidad del encuentro. Lo fundamental es identificar las señales que emite cada niño y responder con sensibilidad.

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