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Cómo se vivió el retorno a la democracia en Neuquén

Raúl Alfonsín visitó la provincia tres veces antes de consagrarse presidente. Tenía una buena relación con Felipe Sapag, que se impondría en las elecciones a gobernador, mientras que Jorge Sobisch ganaría la intendencia de la capital. Para el peronismo fue la mayor frustración de la historia.

Por Francisco Carnese - carnesef@lmneuquen.com.ar

El hombre ingresó en la vieja sede del Club Independiente de Neuquén, en la calle Carlos H. Rodríguez, saludó con su cordialidad habitual y se sentó frente a una decena de simpatizantes y dirigentes del partido que lo aguardaban con mucha expectativa. La dictadura más sangrienta de la historia Argentina todavía no había dejado el poder pero se respiraba otro aire hacia fines de 1982, donde las fuerzas políticas comenzaban a resurgir de las cenizas, pensando en una vuelta a la democracia que ya no podía esperar.

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Ese hombre tenía un plan y se los hizo a conocer a los correligionarios neuquinos. Les habló de la necesidad de conformar una comisión que investigara las violaciones a los derechos humanos para poder juzgar a los asesinos de la Junta Militar ante un tribunal federal y no bajo la justicia castrense. De sacar al país de una situación social compleja y de hacerle saber a todo el mundo que con la democracia “se come, se cura y se educa”.

Ese hombre era Raúl Alfonsín, que lideraba el Movimiento de Renovación y Cambio, corriente interna del radicalismo, con la cual después se impondría primero como presidente del partido y más tarde como candidato a presidente de la Nación.

Neuquén estaba dentro de un itinerario de provincias que Alfonsín visitó en más de una oportunidad entre 1982 y 1983, en representación no sólo de un nuevo espacio político dentro de la UCR sino también como parte de la Multipartidaria, integrada, además del radicalismo, por el justicialismo, el Partido Intransigente de Oscar Alende, la Democracia Cristiana y el Desarrollismo de Rogelio Frigerio. El objetivo central: la convocatoria a elecciones.

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La marcha de la Multipartidaria y la CGT en Buenos Aires, pidiendo por la vuelta de la democracia.

La marcha de la Multipartidaria y la CGT en Buenos Aires, pidiendo por la vuelta de la democracia.

En Buenos Aires, la Multipartidaria organizó en diciembre de 1982 una masiva movilización que congregó a unas 100 mil personas en el centro de la ciudad. Después del acto, cuando las columnas sindicales, con Saúl Ubaldini al frente, quisieron llegar hasta Plaza de Mayo, se desató una brutal represión que terminó con la vida del obrero metalúrgico Dalmiro Flores, baleado por la policía frente al Cabildo. El saldo de esa protesta dejó, además, 80 heridos, más de 100 detenidos, pero también la certeza de que la dictadura tenía las horas contadas.

En febrero de 1983, Reynaldo Bignone, el último presidente de facto, anunció la fecha de las elecciones para el 30 de octubre del mismo año.

El florecer de la democracia se vivía en cada rincón de la provincia. La militancia era puerta a puerta, con una participación popular pocas veces vista, que encontraba a la mayoría de los jóvenes formando parte de reuniones políticas. Estudiantes, obreros, empleados, profesores de diferentes ámbitos académicos, todos, sin excepción, se mostraban consustanciados, más allá de las diferencias de signo partidario, con el hecho de saber que el pueblo volvía a las urnas.

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“La gente venía a buscarnos a nosotros. Llegábamos a un barrio y los vecinos se amontonaban para hablar, discutir de política y colaborar en la campaña”, recordó un dirigente radical.

El peronismo neuquino comenzó a organizarse en 1981, todavía en plena dictadura, abriendo el primer local partidario, al que asistían dirigentes de otros espacios políticos y que se “disfrazó” como centro cultural, bajo el nombre de Ateneo Jaureche.

En el 83 recuperaron la sede del PJ, que había sido expropiada en 1955 por la autodenominada Revolución Libertadora, devuelta en 1973 y luego otra vez intervenida con el golpe de 1976.

En el país, radicales y peronistas concentraban toda la atención y, si bien Neuquén no escapaba a esa realidad, había una tercera fuerza política que buscaba volver al poder y que iba a resultar protagonista central de aquella jornada del 30 de octubre. Se trataba del Movimiento Popular Neuquino, con Felipe Sapag a la cabeza como candidato a gobernador. "No queremos seguir siendo ciudadanos de segunda o tercera. No podemos tolerar el espectáculo de la permanente negación de nuestros derechos regionales", declaró por ese entonces el viejo caudillo co-fundador del partido provincial.

Al MPN le tocaba terciar, otra vez, como una suerte de equilibrista frente a las dos grandes fuerzas políticas nacionales y, pese a sus raíces, surgidas en buena medida a partir de la proscripción del peronismo, Felipe tenía simpatía por Alfonsín. No obstante, el objetivo estaba puesto en la gobernación y hacia allí haría foco para volver a conducir los destinos de la provincia.

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Raúl Alfonsín, Rodolfo Quezada y Carlos Vidal.

Raúl Alfonsín, Rodolfo Quezada y Carlos Vidal.

Alfonsín llegó a Neuquén por segunda vez a mediados de 1983, ya como candidato a Presidente y después de haber pasado la interna de la UCR. Encabezó un acto frente al edificio de la biblioteca Popular Alberdi sobre la Avenida Argentina, en el que estuvo acompañado por miles de simpatizantes radicales y los dirigentes que conformarían luego la fórmula local para la gobernación, integrada por Armando Vidal y Eduardo del Río.

El tercer encuentro, más multitudinario y como cierre de campaña, fue ante unos 10 mil correligionarios en San Luis y Sarmiento.

Y si de convocatoria se trataba, el peronismo en Neuquén, al igual que había ocurrido en Buenos Aires con el acto central sobre la 9 de julio, reunió a la mayor cantidad de militantes en esa previa electoral. Lo hizo en el mismo lugar que la UCR, con una concurrencia estimada en 20 mil personas y sin la presencia de candidatos nacionales. “Después en las elecciones sacamos 21 mil votos, por lo que decíamos, a modo de risa, que íbamos a tratar de buscar a los mil que no fueron al acto”, recordó un dirigente justicialista de la época.

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Oscar Massei e Italo Lúder.

Oscar Massei e Italo Lúder.

Oscar Massei, fundador del Partido Justicia, Democracia y Participación, fue el candidato a gobernador que el peronismo neuquino llevó a esos comicios y tuvo a Luis Novoa como candidato a vice.

Massei había triunfado en la interna del PJ, en representación de un sector más vinculado a la renovación, contra Ángel Romero, relacionado con la ortodoxia peronista.

Lo del MPN, que llevaba la fórmula de Felipe Sapag y Horacio Forni, fue más modesto en cuanto a la movilización callejera y a su acto de cierre de campaña pero eso no incidió después a la hora de contar los votos en la noche de los comicios.

Quién era quién en el 83

El retorno de la democracia ya daba algunos indicios de los que, a posteriori, se convertirían en figuras importantes de la política local. Un joven Jorge Sapag se aprestaba por ese entonces a acompañar a su padre, Elías, en la responsabilidad de representar a la provincia de Neuquén en el Senado. Lo hizo como asesor de uno de los fundadores de MPN.

Otro fue Jorge Sobisch, que con 40 años y como presidente del Club Independiente, se lanzó al ruedo aprovechando la experiencia de su padre, otro co-fundador de un partido provincial que lo aceptó para que fuera candidato a intendente de la ciudad de Neuquén, sin necesidad de convocar a internas.

En la Universidad del Comahue, una doctora en bioquímica de 34 años trabajaba como investigadora participando, además, en la vida política universitaria y afiliándose más tarde al MPN. Era Ana Pechen.

A su vez, en la planta de gas de la cooperativa CALF, el jefe de administración y comercialización se entusiasmaba con un triunfo de Alfonsín. Había llegado desde San Martín de los Andes y tenía tan solo 29 años. Se trataba de Horacio “Pechi” Quiroga.

En la víspera de los comicios, los gremios tenían la misma efervescencia que los partidos políticos. En la empresa Astrafor sobresalía un delegado de 39 años. Era Guillermo Pereyra, ya afiliado al MPN y que al año siguiente se presentaría como candidato en las elecciones para elegir autoridades en el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa.

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Oscar Massei, Felipe Sapag y Armando Vidal, durante un debate de candidatos en Canal 7 (Gentileza Bernardo Guerra)

Oscar Massei, Felipe Sapag y Armando Vidal, durante un debate de candidatos en Canal 7 (Gentileza Bernardo Guerra)

A las urnas

El 30 de octubre de 1983 el país se volcó a las urnas después de pasar la etapa más oscura de la historia política argentina, que se había iniciado el 24 de marzo de 1976.

La expectativa era enorme. Neuquén, una provincia joven, tenía la posibilidad de elegir por cuarta vez, además de presidente, a su gobernador y a un intendente de la capital.

La jornada fue muy intensa, con números que se empezaron a conocer ya avanzada la tarde, pero con una tendencia que se convirtió luego en resultado irreversible cerca de las 21.

Para presidente, la fórmula radical de Raúl Alfonsín-Víctor Martínez obtuvo en la provincia el 45,31 por ciento de los votos contra el 22,20 de Ítalo Lúder-Deolindo Bittel del Justicialismo. Se volcaron a las urnas 112.550 personas, lo que significó una enorme participación del padrón con el 86,8 por ciento.

Pero para gobernador, la imparable marea alfonsinista no logró el efecto arrastre y la UCR tuvo que conformarse con el tercer lugar.

Felipe Sapag se alzó con una victoria contundente: 55.26% de los votos, seguido por el justicialista Massei con el 22.62% y Armando Vidal de la UCR, que cosechó el 20.06%.

En el medio, se produjo un hecho insólito con el recuento de votos para determinar las bancas de diputados provinciales. En ese entonces había 25 escaños. El primero (MPN) se llevaba 15 y el segundo los restantes diez y se produjo un empate de votos entre la UCR y el PJ. Se impugnó la mesa 97 en la Escuela 118 de Neuquén capital y se realizó una elección complementaria el 20 de noviembre. Mientras que en octubre el MPN había obtenido allí 98 votos contra 43 del PJ y 42 de la UCR, esta vez el PJ logró 80 votos contra 74 de la UCR y 22 del MPN. El peronismo se impuso, de este controvertido modo, por seis votos y accedió a los 10 escaños.

Muchos años más tarde, desde el MPN se dijo que hubo un pacto con el PJ para que los votantes emepenistas incidieran en el resultado.

Lo cierto es que en la noche del 30 de octubre, en medio de los festejos frente al monumento a San Martín, se mezclaron las banderas radicales con las del MPN celebrando la victoria pero, por sobre todas las cosas, dando la bienvenida a la anhelada democracia.

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Felipe Sapag saluda a la multitud, el día después de haber ganado las elecciones.

Felipe Sapag saluda a la multitud, el día después de haber ganado las elecciones.

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