Con la vaca atada, entre diálogo, educación y seguridad
La semana que pasó estuvo marcada por la agenda de la actividad hidrocarburífera y la oportunidad única que nos da Vaca Muerta como país productor de petróleo y gas no convencional en un mundo convulsionado por la tensión entre China y Estados Unidos, vía Taiwán, y la guerra latente -aunque ya no sea título de portadas- que se mantiene entre Rusia y Ucrania, con Europa afectada por las decisiones de madrugada que pueda tomar don Putin.
La visita del embajador estadounidense y luego la del flamante ministro de Economía, Sergio Massa, pusieron a Neuquén en la primera línea de los títulos y los flashes, aunque aún muchos de los que viven de la General Paz “para allá” no entiendan la relevancia de la cuenca neuquina. Mientras que hay otros que se quieren llevar los réditos de lo que se produce.
Pero mientras el corazón de Vaca Muerta sigue latiendo, también siguen vivas otras situaciones un poco más preocupantes. La falta de conciencia y del pensar “a mí no me va a pasar” deriva en que cada vez se registren más casos de enfermedades de transmisión sexual en la provincia.
La franja etaria de los más jóvenes es la más afectada, con complicidad de la falta de campañas de educación sexual adecuadas y de diálogo familiar.
Este último también alimenta los episodios de violencia que se pueden observar en los colegios y en la vía pública, donde la ley del más fuerte se sigue adueñando de las calles en muchos casos, a fuerza de bocinazos.
Otro punto: el creciente delito, cuya sensación de inseguridad pasó a ser una realidad palpable. Las autoridades parecen no encontrarles la vuelta a una ciudad y a una provincia que crecen y crecen. Y ahí la vaca no está atada.
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