Desde que comenzó la cuarentena por el COVID-19, la asistencia alimentaria de parte del Ministerio de Desarrollo Social en la provincia creció ocho veces respecto de lo que se venía otorgando antes de la pandemia.
Así lo informó la titular del área, Adriana Figueroa, quien precisó que se pasó de entregar 2000 módulos alimentarios por mes a casi 30 mil en los últimos 50 días, de los cuales 20 mil se destinaron al interior neuquino, mientras que el resto correspondió a la capital provincial.
Respecto del presupuesto que había sido asignado para este fin, la ministra indicó que se agregaron 46 millones de pesos para la compra de los módulos, que salió de fondos provinciales, más una parte que corresponde a aportes del tesoro nacional.
La política de asistencia alimentaria también incluye el abastecimiento de insumos para 27 comedores que hoy no pueden abrir sus puertas a causa del aislamiento obligatorio pero que elaboran unas 4000 viandas diarias, que se les da a la gente que se acerca a esos lugares para poder acceder a un plato de comida. Y la tarea de los merenderos, que continúa con la elaboración de 5000 raciones para los más chicos y otras 2000 que aportan los comedores de las organizaciones sociales.
"Se entrega a medida que llegan las solicitudes, se hacen los relevamientos y se coordina con el secretario de Asuntos Municipales, Osvaldo LLancafilo, para que llegue a la gente que lo necesita en cada lugar de la provincia", explicó Figueroa.
Tarjeta
A esta ayuda social también que hay que agregar la tarjeta Alimentar de Nación. En la actualidad hay más de 5000, dado que Nación envió a la provincia 16.286 y hasta antes de la pandemia se habían adjudicado 11.120.
"Quedó un remanente de esas tarjetas que vamos gestionar para alcanzar a las familias que lo necesitan", explicó la ministra de Desarrollo Social.
El incremento de la demanda de comida de una parte importante de la población se debe, en gran medida, a que un sector del mercado informal de trabajo, como los changarines, dejó de percibir ingresos en el último mes y medio, elemento que se sumó a la crisis que ya arrastraba el país y que derivó en que el gobierno nacional, apenas asumió, declarara la emergencia alimentaria.
La Tarjeta Alimentar forma parte del Plan Argentina contra el Hambre impulsado por el gobierno nacional. Está destinada a la compra de alimentos por parte de padres y madres de niños y niñas de entre 0 y 6 años, embarazadas a partir del tercer mes y personas con discapacidad, que no pueden alcanzar la canasta alimentaria básica y que reciben la Asignación Universal por Hijo.
La provincia distribuyó para este invierno 20 mil bonos de gas, de los cuales 8000 van para municipios y comisiones de fomento, igual número para las organizaciones sociales y centros comunitarios, y 4000 para las zonas rurales.
Entrega de bonos de gas
La provincia distribuyó para este invierno 20 mil bonos de gas, de los cuales 8000 van para municipios y comisiones de fomento, igual número para las organizaciones sociales y centros comunitarios, y 4000 para las zonas rurales.
Una ONG y la UNCo también hacen su aporte
En la provincia también funciona el Banco Neuquino de Alimentos, una asociación civil con delegaciones en todo el país y que trabaja en paralelo a la ayuda que brinda el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
En Neuquén, la organización distribuye más de 10 mil módulos alimentarios, que por las medidas de aislamiento no llegan a los comedores, sino que son directamente entregados a las familias que lo necesitan y que consisten en una canasta de 22 productos, entre comida y artículos de limpieza.
La mercadería corresponde a colaboraciones exclusivamente de privados, entre las que se encuentran grandes cadenas de supermercados, como La Anónima.
A su vez, la Universidad Nacional del Comahue, a través de su fundación, selló una alianza estratégica con el Banco de Alimentos con sede en Neuquén para desarrollar acciones conjuntas con el objetivo de llegar a los sectores socialmente más vulnerables de la región. La iniciativa está abierta a otras instituciones (de hecho también se sumó CALF, con un aporte monetario y de logística) y organizaciones de la sociedad civil En esta primera etapa, la universidad aportará espacios físicos, coordinación logística y trabajo solidario de integrantes de la comunidad universitaria para armar los módulos alimentarios con los productos donados.
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