Del Alto Valle a Irlanda en busca de la felicidad

Catalina Arca es periodista y estudiante de idiomas. Un día tomó la decisión de dejar todo y mudarse a Dublín para comenzar lo que sería la aventura más increíble de su vida.

Inquieta de metro y miedo, así se describe ella y así la perciben quienes la conocen y aprecian. Catalina Arca, periodista y estudiante de idiomas, es una de las pocas mujeres que se atrevió a dar un salto a lo desconocido para cumplir sus sueños, reencontrarse consigo misma y cambiar su perspectiva sobre la vida. No sólo venció sus miedos al salir de su zona de confort, sino que también se animó a mudarse a la capital de Irlanda, Dublín, donde hasta el día de hoy continúa adaptándose al lenguaje, las tradiciones y hasta el clima. A pesar de las dudas y los cuestionamientos que la pusieron a prueba, logró derribar mitos y fronteras para ocuparse de un asunto pendiente: mantenerse empoderada y con un corazón desbordando de pasión y alegría.

Nacida y criada en la ciudad de Cipolletti, siempre sintió la necesidad de mantenerse informada y desde muy pequeña se acostumbró -junto a su familia- a leer los diarios del domingo, escuchar la radio por las mañanas y mirar el noticiero del mediodía y la noche. Este factor, sumado a su amor por los libros y su eterna curiosidad, fue lo que la llevó a decidir, a una temprana edad, que quería seguir una carrera relacionada con el derecho o comunicación social, un proyecto que pudo finalizar con éxito tras algunos años de arduo trabajo.

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Cata Arca

“Cuando salí del secundario comencé a estudiar Abogacía en Mar del Plata, pero a los pocos meses volví al Alto Valle y al año siguiente arranqué la Licenciatura en Comunicación Social con mención en Periodismo en la Facultad del Comahue, en General Roca, hasta que finalmente me recibí. En el 2012 gané una beca de intercambio para estudiar en la Universidad de Montevideo. Ahí conocí a un montón de gente y me di cuenta de que el mundo era demasiado grande para quedarme en un solo lugar. Por eso, desde ese momento empecé a proyectar maneras se seguir viajando y, si bien empecé a trabajar como periodista en el diario LM Neuquén, me puse una fecha límite para cumplir con mis proyectos”, relató la cipoleña de 31 años.

Durante ese período de tiempo, Cata dedicó parte de su tiempo a investigar en Internet sobre posgrados, masters, cursos y programas en otros países del mundo que le permitieran seguir creciendo a nivel profesional y personal, pero no pudo encontrar nada que la convenciera ni le diera la confianza necesaria para dar el siguiente paso. No obstante, en el año 2018 todo cambió para ella cuando se dio cuenta de que había algo que no estaba bien, un sentimiento que no le permitía avanzar y que hasta llegó a opacar toda chispa de felicidad.

“Sentí que necesitaba cambiar de aire, tenía que salir de la rutina porque me estaba haciendo mal anímicamente. Por eso empecé a buscar de nuevo y encontré, a través de la agencia Argentina Cultural Exchange, el programa Work and Study en Irlanda que te permite estudiar inglés y te brinda una visa de trabajo para tener sustento económico. Durante la temporada baja se trabaja medio tiempo, mientras que en la alta tiempo completo”, detalló.

En aquel momento, la joven periodista ya había retomado sus clases de inglés en Cipolletti y también estaba aprendiendo portugués, por lo que el programa cumplía con todos sus requisitos y expectativas y ya no había más excusas para postergar lo inevitable. Tras un largo período de evaluación se animó a sacar un pasaje de ida a Irlanda y comenzó a planear lo que sería el mejor año de su vida.

“Al principio fue muy difícil, cuando me tuve que subir al avión en el Aeropuerto de Ezeiza, que primero iba a Londres, sentí muchas emociones, sentí miedo, pero no del que te paraliza, sino el que te impulsa a avanzar. En la mitad del viaje entendí lo que estaba haciendo, no sabía cuándo iba a volver, había muchas preguntas y me largué a llorar. Tuve que adaptarme a una nueva cultura, a un nuevo idioma, a una nueva forma de vivir y hasta un clima nuevo. Nunca pensé que iba a extrañar tanto el sol, por dos meses nunca salió y no lo vi hasta que viajé a España”, confesó Cata, entre risas.

Catalina Arca

La fusión entre dos realidades

La primera semana de Cata en Dublín consistió, principalmente, en reconocer y adaptarse a la ciudad, aunque no tardó mucho en darse cuenta de todos los colores que comenzaron a rodearla a pesar del frío invernal, de las plazas verdes, los ladrillos rojos a la vista y las puertas más peculiares y atractivas. De manera casi inmediata tuvo que iniciar las clases en una escuela de inglés, en la que cursa durante la semana, y hoy se está preparando para rendir un examen de Cambridge.

“Creo que el viaje me ayudó a conocerme más. Sé que es una frase cliché, pero es así. Irlanda me puso a prueba, aprendí a lidiar conmigo misma, a decir que no sin tener culpa, a hacer lo que me hace bien. Mucha gente se preguntará, ¿por qué se tuvo que ir tan lejos? A lo que yo respondería que no lo sé. Sólo sé que tenía que irme de mis espacios de confort para darme cuenta de lo que soy capaz y entender que lo que tengo alrededor realmente vale la pena”, resaltó.

Mujeres que se animan a salir al mundo

Los cuestionamientos sobre viajar sola no fueron obstáculo alguno para Catalina, quien cree que la gente que opina de esta manera es casi la mitad que piensa que las mujeres deberían estar en las cocinas o en las casas. “Esos tiempos, por suerte, ya cambiaron. Hoy podemos estar donde queramos, solas o acompañadas. A las chicas que todavía están en duda de irse de viaje les diría que se animen, que lo hagan, no van a perder nada. Al contrario, van a salir ganando y sumando experiencias, que son impagables”, concluyó.

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