Denuncian asaltos en las paradas de Cuenca XVI
Fabián, que trabaja de cajero en un supermercado céntrico, se quejó porque viven "con miedo constantemente". "Nunca sabemos cuándo nos van a robar", señaló. Como estrategia para evitar ser asaltado, cambia todos los días de parada y de camino.
Lejos: El barrio Cuenca XVI es uno de los lugares más alejados del centro de la ciudad.
Paula Arrucci no tuvo tanta suerte. Hace pocos días, después de bajar en la parada de la calle 4, un hombre le arrebató la cartera luego de amenazarla. Era pleno día. Desde entonces no quiere ir sola a tomar el colectivo.
La joven madre afirmó que también tiene miedo de llevar a sus dos nenes a la escuela del barrio, porque el lugar no está iluminado y "allí han ocurrido muchos robos".
Damián contó que hace poco quiso ir a trabajar pero le habían robado todo lo que tenía en el auto, que estaba estacionado en el patio de su casa. Indicó que acompaña a su esposa a la parada por miedo a los robos. "A mi tío lo agarraron ahí en la parada, lo golpearon todos, fueron unos pibes en dos motos. Sólo le robaron el celular", agregó. "Todos los días nos enteramos de que a algún vecino lo robaron. Así no se puede vivir", resaltó Fabián.
Los vecinos apuntan contra grupos de adolescentes, de las tomas cercanas, como los autores de los robos y asaltos. La semana pasada, los presidentes de las comisiones vecinales de Hibepa, Gran Neuquén Norte y Cuenca XV se reunieron con el secretario de Gobierno, Marcelo Bermúdez, quien adelantó que recién cuando se incorporen nuevas unidades podrán darles solución. Eso puede suceder "en una semana, en un mes o a fin de año".
Aunque la Policía también prometió tener una posta en el lugar para que haya una mayor presencia de móviles, tampoco se cumplió. Y si bien hay rondines, los vecinos se quejaron porque no siempre responden con rapidez cuando denuncian la presencia de intrusos o intentos de robo.
Un sector con muchas falencias
El barrio 483 de Cuenca XVI fue entregado por la Provincia a fines de febrero. Los adjudicatarios recibieron sus casas sin terminar y sin ningún servicio. El riesgo de que fuesen usurpadas los forzó a meterse sin luz, gas ni agua, en muchos casos sin las aberturas, los sanitarios ni las cocinas instaladas.
Durante casi un mes no tuvieron energía eléctrica. Para evitar los saqueos y usurpaciones nocturnas, los vecinos debieron organizarse y vigilar entre ellos. No tenían otra opción. Todavía hoy sufren robos. "No podés pegar un ojo en toda la noche porque no sabés cuándo pueden patear la puerta y entrar para que te roben", dijo Paula Arrucci.
Damián Villalobos, en tanto, señaló: "No nos podemos ir y dejar la casa sola, porque cuando volvés no tenés nada". Algo así le ocurrió a Jorge, que cuando regresó del trabajo con su esposa encontró que les habían forzado las aberturas y les habían robado todo. Como si fuera poco, también les habían destrozado lo que quedaba. Indudablemente actuaron con una saña increíble.
Aunque hoy ya tienen luz y agua potable, aún no tendrán gas natural hasta dentro de unos tres años, con lo cual su preocupación es el costo de la factura de la cooperativa CALF, ya que utilizan la electricidad para cocinar y calefaccionarse.
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