El volante ofensivo estará fuera de las canchas por un tiempo prolongado. Pésima noticia para el xeneize
Cuando parecía que Boca tomaba forma futbolística, más allá de los numerosos empates, sufrió una pésima noticia. La lesión de Tomás Aranda que se conoció este miércoles lo dejará afuera de las canchas por un tiempo prolongado. El pibe de 19 años, que irrumpió en la primera del xeneize el semestre pasado, padeció una fractura del peroné en el entrenamiento matutino.
Según informó el periodista Augusto César, al jugador se le quedó trabado el botín en el piso, quedó visiblemente dolorido y lo llevaron inmediatamente a hacer estudios.
En cuanto a las consecuencias, esto le tomará al futbolista 4 meses de recuperación, por lo que su 2026 se terminó y se lo pensará para la próxima pretemporada de enero.
La noticia cayó como un balde de agua helada en invierno entre los hinchas de Boca, como en el plantel, cuerpo técnico y la directiva que encabeza Juan Román Riquelme.
Desde su llegada a primera, cuando al equipo lo dirigía Claudio Úbeda, se transformó en pieza esencial. Le dio al equipo el jugador que faltaba entre Leandro Paredes y los delanteros, ocupando una posición de enlace que escasea en el fútbol argentino y mundial.
Buena parte de las chances que Boca tenía de obtener títulos este semestre pasaban por Aranda. Para que esas oportunidades se mantengan, deberán rendir como nunca lo han hecho futbolistas que a Boca le salieron una fortuna pero nunca obraron en consecuencia, como Alan Velasco o Sebastián Villa.
La historia de Aranda
Nació en Ciudadela en el año 2007, cuando Boca estaba caminando hacia su última Copa Libertadores. Tras un breve paso por Ituzaingó, llegó al xeneize en las categorías infantiles y fue mostrando su habilidad desde muy chiquito.
Desde sus primeros pasos en infantiles hasta su llegada a Primera, Aranda acumula 138 partidos y 20 goles, números que reflejan una trayectoria marcada por la regularidad y el crecimiento dentro del club. Su contextura física, lejos de ser una dificultad, se transformó en una de sus principales virtudes: con 1,64 metros de altura, se mueve con rapidez, encuentra espacios entre los defensores y tiene facilidad para sacarse rivales de encima.
El juvenil puede desempeñarse utilizando ambos perfiles, cuenta con buen manejo de pelota y también representa una amenaza cuando tiene metros para probar desde afuera del área. Esas características le permitieron destacarse especialmente durante la temporada 2025, cuando fue una de las figuras de la Reserva que consiguió el bicampeonato. Allí utilizó la camiseta número diez, disputó 40 encuentros, convirtió cuatro goles y repartió siete asistencias.
La apuesta de Boca por su futuro quedó reflejada en septiembre de 2024, cuando Aranda firmó su primer contrato profesional, con vínculo hasta diciembre de 2029.
En un sector del campo que necesitaba alternativas por los bajos rendimientos de Velasco y Carlos Palacios, Aranda encontró una oportunidad para demostrar sus condiciones.
Y hubo una fecha que marcó un antes y un después: el 22 de marzo de 2026. Frente a Instituto, el juvenil convirtió su primer gol con la camiseta azul y oro, después de haber recorrido prácticamente todo el camino en las categorías formativas del club.
A fuerza de velocidad, habilidad y personalidad, Aranda empezaba a escribir su propia historia en Boca. Lo que comenzó en las infantiles hoy ya tiene un lugar en Primera.
Esta lesión aparece en un momento más que inoportuno y resulta una incógnita tanto para su carrera como para el futuro inmediato de Boca.
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