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La Mañana Boca

Opinión| Están esperando que Boca pierda para volver a enfocar a Riquelme

La extensa racha positiva del xeneize generó que el presidente saliera de la escena en los grandes medios.

Hay algo que se repite cada vez que Boca no consigue el resultado que necesita: las cámaras buscan a Juan Román Riquelme. No importa demasiado cómo jugó el equipo, cuáles fueron los errores futbolísticos o qué responsabilidad tuvo el entrenador. La imagen del presidente, su reacción en el palco y cualquier gesto que pueda alimentar una discusión pasan rápidamente al centro de la escena. Como si la derrota de Boca necesitara, obligatoriamente, un responsable que no esté dentro de la cancha.

Pero detrás de esa mirada también hay una disputa política que excede los 90 minutos. Riquelme no solamente conduce al club más popular de la Argentina: también representa un modelo de gestión que tiene enfrente a sectores con otra concepción del fútbol y de la vida institucional de Boca. Y en esa vereda aparece una figura central: Mauricio Macri, expresidente xeneize y uno de los principales referentes del espacio opositor.

La rivalidad entre ambos no nació ayer. Tiene historia, diferencias de conducción y una discusión de fondo sobre quién debe decidir el rumbo de una institución que pertenece a sus socios. Por eso, cada tropiezo futbolístico de Boca adquiere una dimensión política. Una derrota puede convertirse rápidamente en argumento para cuestionar a Riquelme, desgastar su imagen y alimentar a quienes pretenden recuperar el poder del club.

En ese contexto, ante cada error, canales como ESPN, TNT Sports y, en menor medida, TyC Sports, suelen apelar a la imagen del presidente para explicar todos los males.

¿Se analiza a Boca o se espera que Boca pierda para hablar de Riquelme? La pregunta no busca convertir al presidente en alguien intocable. Boca es demasiado grande como para evitar las críticas cuando juega mal, pierde puntos o queda eliminado de una competencia. Quien conduce el club tiene responsabilidades y debe responder por sus decisiones. El problema aparece cuando el análisis deja de ser futbolístico y se transforma en una búsqueda direccionada de culpables.

En esa discusión también entra una cuestión fundamental: qué lugar ocupa el negocio en el fútbol. Hay una mirada que entiende a los clubes principalmente desde su estructura empresarial, sus posibilidades comerciales y su capacidad de generar ingresos. Y hay otra que pone el acento en la pertenencia, la identidad, la vida social y el vínculo con los hinchas. No son dimensiones necesariamente incompatibles, porque un club necesita administrar sus recursos y ser sostenible. Pero sí pueden entrar en tensión cuando el negocio amenaza con convertirse en el objetivo principal.

Boca no es una empresa cualquiera. Es una institución con una historia que supera a cualquier dirigente y una identidad construida durante generaciones. Los socios no son clientes y la camiseta no es solamente una marca.

Esa es una discusión que atraviesa el presente xeneize y que explica parte de la intensidad con la que se observa cada movimiento de Riquelme.

La coherencia debería ser una necesidad

Eso no significa que el presidente tenga razón en todo. Su gestión debe ser evaluada por los resultados deportivos, las decisiones institucionales, la planificación y la capacidad de construir un equipo competitivo. El pasado como ídolo no alcanza para garantizar el éxito como dirigente. Pero tampoco corresponde convertir cada derrota en una sentencia definitiva ni suponer que todos los cuestionamientos responden a la misma intención.

La paradoja es que, cuando Boca gana, la discusión suele pasar rápidamente a otra cosa. Cuando pierde, en cambio, Román vuelve al centro de la escena. Su silencio, sus gestos y hasta su presencia en el palco se convierten en material de debate. Mientras tanto, el funcionamiento del equipo, los errores tácticos y las decisiones futbolísticas quedan muchas veces relegados.

Riquelme debe ser criticado cuando corresponda, pero también debe ser juzgado con honestidad. Y quienes aspiran a reemplazarlo, con Macri como uno de sus principales referentes, tienen derecho a plantear otro proyecto. La discusión democrática dentro de Boca es necesaria. Lo que merece cuestionarse es que el debate se reduzca a aprovechar cada caída para golpear al adversario político.

Porque Boca necesita jugar bien, ganar y construir un proyecto deportivo a la altura de su historia. Y sus socios merecen discutir qué club quieren, más allá de los resultados de un domingo.

Al final, la pregunta es sencilla: ¿se busca entender qué le pasa a Boca o se espera que pierda para volver a hablar de Riquelme? Cuando el resultado se convierte en una herramienta de la disputa política, el fútbol corre el riesgo de quedar en segundo plano. Y Boca, con toda su historia, merece bastante más que una pelea permanente por ver quién capitaliza sus derrotas.

Mientras tanto, el equipo lleva 17 partidos consecutivos sin perder, contando todas las competencias. La racha de Rodolfo Arruabarrena incluye:

  • 9 victorias y 8 empates.

  • 31 goles a favor y 14 en contra.

  • El último partido fue el empate 2-2 ante Instituto.

Con esa marca, Boca alcanzó el mejor invicto de la era de Juan Román Riquelme como dirigente.

Este martes recibirá a Vasco Da Gama por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana, sin su capitán, figura y mejor jugador: Leandro Paredes.

La fuerte frase de Riquelme tras la sufrida clasificación de Boca en la Sudamericana.

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