El entrenador del Manchester City apareció durante un concierto benéfico en Barcelona y pidió "no mirar para otro lado".
Pep Guardiola eligió no quedarse al margen y puso su voz —y su prestigio— al servicio de una causa que hoy divide a gobiernos y sociedades: la tragedia humanitaria en Gaza y el genocidio palestino. El entrenador del Manchester City habló en el Palau Sant Jordi, en Barcelona, durante el concierto solidario Act X Palestine, un evento cultural pensado para visibilizar la situación y recaudar fondos.
Su aparición tuvo, además, un peso simbólico extra por el perfil del protagonista: no es un dirigente político ni un activista profesional, sino una de las figuras más influyentes del fútbol mundial, con llegada transversal y una plataforma global difícil de igualar. Por eso, cada vez que Guardiola toma posición, el mensaje sale del circuito militante y se mete de lleno en la conversación masiva, especialmente cuando lo hace en un escenario de alta visibilidad y frente a miles de personas.
En su intervención —con un pañuelo palestino y saludando con un “bona nit” y “salam aleikum”. El catalán construyó un alegato centrado en la dimensión humana del conflicto, con imágenes de niños bajo escombros como disparador emocional y moral. “Los hemos dejado solos”, dijo al describir lo que, a su entender, fue el abandono internacional frente al sufrimiento civil del pueblo palestino.
Las declaraciones de Pep Guardiola
“No soy neutral, soy palestino”, afirmó Guardiola ante el público. “Cuando ves a niños preguntando dónde están sus padres entre los escombros, no podés mirar para otro lado. No se trata de ideología, se trata de humanidad”, completó.
"Pienso que los hemos dejado solos. Siempre pienso que deben decir: ‘¿Dónde están? Vengan a ayudarnos’. Y hasta ahora, incluso ahora, no lo hemos hecho", afirmó.
"Los poderosos son cobardes porque envían a gente inocente a matar a gente inocente. Mientras… ellos están en casa con calefacción cuando hace frío y aire acondicionado cuando hace calor”, sumó el entrenador.
"Nos presentamos ante el mundo para demostrar que estamos del lado de los más débiles. En este caso, se trata de Palestina, y de todas las causas justas", concluyó Pep.
También apuntó contra el efecto buscado por la violencia —la indiferencia— y llamó a romper el silencio, en un pasaje que se viralizó rápido por el contraste entre su rol habitual (hablar de fútbol) y la dureza del contenido. En esa misma línea, lanzó una crítica frontal a los líderes y poderes del mundo, a quienes acusó de enviar inocentes a matar inocentes mientras se mantienen a resguardo, una frase que reforzó la idea de que su postura no fue tibia ni protocolar.
La relevancia de que Guardiola se sume a estos actos no está solo en lo que dijo, sino en lo que habilita: cuando alguien de su envergadura se expone de ese modo, empuja a otros referentes —del deporte, la cultura y el espectáculo— a pronunciarse, y le agrega una capa de legitimidad pública a un reclamo que, muchas veces, queda encapsulado en nichos. Su presencia también volvió a tender un puente entre el alto rendimiento y los derechos humanos, algo que ya había aparecido en antecedentes recientes vinculados a iniciativas solidarias en Barcelona, como eventos deportivos de apoyo a Palestina.
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