Divididos por la felicidad

El grupo sacó a lucir su mote de Aplanadora del rock. El power trío festejó sus 30 años en el Ruca Che.

Neuquén. Divididos hizo honor al mote de La aplanadora del rock and roll y en más de dos horas demolió el estadio Ruca Che. La banda de Ricardo Mollo y Diego Arnedo arribó el sábado para continuar celebrando sus 30 años de historia y llenar de electricidad el oeste neuquino. La nueva visita también les sirvió para sentar posturas. Apoyó la legalización del aborto (Mollo recibió del público el emblemático pañuelo verde que colgó en su micrófono), reconoció a los obreros de Zanón como “héroes” de lucha y levantó la bandera de la Fundación Sí, que tiene como objetivo la inclusión de los sectores más vulnerables, promoviendo la educación.

Con “Che, ¿qué esperas?”, el trío, que se completa con un desquiciado e imparable Catriel Ciavarella (se sumó en 2004) en batería, marcó el inicio para ir a “40 Dibujos ahí en el piso”: primera criatura que regrabó y rebautizó (“Haciendo cosas raras”).

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El disco le significó a Mollo y a Arnedo rescatar canciones creadas en medio de un duelo tras la pérdida de Luca Prodan. “Cada uno tiene su mesías. Nosotros tenemos uno que nos llevó a un determinado lugar y a determinada filosofía de vida”, diría el cantante haciendo referencia al padre y mito de Sumo. “Los sueños y las guerras”, ”Haciendo cosas raras” y la nueva versión de “La Foca”, que tuvo como invitado a Federico (guitarrista proveniente de Chos Malal), fueron otros de los temas de ese disco gestado en los ’80.

Arrasó: con entradas agotadas, Divididos congregó a más de 4000 personas.

El dominio del show estuvo marcado por esa fórmula que en el vivo es insobornable: distorsión, destreza y una sonoridad para poner todo al rojo vivo. Los puntos salientes se dieron con “Paisano de Hurlingham”, “¿Qué tal? (enganchada con “La rubia tarada”), “Cielito Lindo” (para el infaltable pogo), “El arriero”, con una notable vocalización de Mollo, y el tributo a Pappo con “Sucio y desprolijo”. Para bajar un poco los decibeles, “Como un cuento” y “Spaghetti del rock” funcionaron para tocar ese costado de fibra sensible.

“El 38” y “Ala delta” (con guiño a Led Zeppellin) marcaron la recta final para caer al irresistible mix de Sumo que fue devastador con “Crua Chan” -grito guerrero escocés-, “NextWeek” y “El ojo blindado”.

“Gracias por todo esto. No somos un artículo de primera necesidad en estos tiempos que vivimos”, agradecería Mollo a la gente que agotó entradas de un show donde no hubo cosas raras sino una parte de historia esencial del rock nacional y un coro que se fue instalando hace tres décadas: “Escúchenlo, escúchenlo, escúchenlo…La aplanadora, del rock and roll, es Divididos la p...” (L. C.).

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