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La Mañana Música

El arte de enamorar

Su tercer concierto tuvo lugar anoche en el Casino Magic. Lejos del eléctrico, Babasónicos brilló con dos shows impecables y sutiles en el Cine Teatro Español.

“Tengo el cuerpo hecho a medida del romance. Mi traje favorito es el amor…”, reza uno de las fragmentos de “Rubí” (Jessico, 2001), una de las canciones con aires de bolero que encajan a la perfección en el cuerpo de Adrián Dárgelos, voz de Babasónicos, que en dos noches “derritió” al Cine Teatro Español (anoche la banda hacía su tercera fecha en Casino Magic). Con una sala colmada, se vivió un concierto frágil en el que no se apeló al volumen desmedido del rock, sino a la sutileza.

En medio de la celebración de sus 25 años, la banda gestada en Lanús presentó su espectáculo “Repuesto de fe”, realizando un repertorio lleno de justos e impecables arreglos. El setlist sorprendió en el inicio con “Natural”, tema de la década del 90 con el que Dárgelos comenzó a darle una vuelta de rosca al rock nacional con el debut de Pasto.

De principio a fin, el cantante -que en la apertura se mostró de espalda ante un público que entró por momentos en estado de histeria- fue amo y señor en la histórica sala. Experto en el juego de seducción, sus movimientos y andar rozaron lo teatral resguardado por una banda que mutó en una moderna orquesta que esparció su sonoridad con un conjunto infinito de instrumentos, como vibráfono, armónica, flauta traversa, marimbas y un saxo, este último casi sin registro en la historia de la banda.

Si hay algo que sabe Babásonicos, es ir más allá y salirse de su comodidad. En esta ocasión se reinventó desarreglando sus obras para edificarlas buscando y provocando diferentes viajes mentales en su público. Por momentos tomaron vuelo acústico con grado de psicodelia (“Valle de Valium”), en otras se volvieron románticamente desenchufados (“Como eran las cosas”, “Capricho”) y folk (“El maestro”). El costado elegante y bailable estuvo presente con “Los calientes” y “Deléctrico”.

En medio de esa saga de canciones desnudas y directas que comenzó con Impuesto de fe, Dárgelos, es el gran impostor en sus historias. Un chulo gran señor que juega con sus criaturas de ficción que lo convierten en un provocador serial que posee el arte de enamorar: “Soy hermoso y el mundo sonríe conmigo”, dice en “Puesto” Adrián Hugo Rodríguez, el hombre que a los 47 años se cuela en un número muy finito de canciones y juega al eterno seductor que siempre aparenta salirse con las suyas. (L.C.).

Adrián Dárgelos y compañía mostraron toda su sutileza sin apelar al volumen desmedido del rock.

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