El precio del Brent, esa variable central para la economía neuquina, se cuece en los mercados internacionales. O ni siquiera. Hoy, fundamentalmente, está cruzado por la disputa entre Estados Unidos y China. La tan mentada guerra comercial entre ambas potencias, que disemina sus efectos casi del mismo modo en la cantidad de combustible que destilará una refinería en Asia como en el sándwich de más o de menos que venderá un polirrubro en Añelo. El precio vuelve a estar por debajo de los 60 dólares. Más precisamente, esta semana tocó los 57 dólares, el valor más bajo en siete meses. Es un dato central que las operadoras (y el Gobierno) siguen minuto a minuto. Tiene y tendrá un impacto determinante, ya que marcará el tenor de las regalías que obtendrá Neuquén y que hoy son parte del 30% de su presupuesto de 102 mil millones de pesos.

El precio es crucial por eso. Pero también porque marcará el camino que seguirán las áreas en producción, un cuadro de situación que sumará miles de barriles de crudo a la producción nacional en un puñado de años, aun para las proyecciones más conservadoras, esos cerca de 290 mil barriles diarios en 2023, que casi todos dicen que serán bastante más en ese entonces.

La expansión del horizonte productivo (y geográfico) de Vaca Muerta también se relaciona, de forma indirecta, con el precio del barril.

135 mil barriles es el objetivo que hay en la provincia para el 2019. Se estima una proyección, conservadora, de subas anuales del 15%.

La escasez de áreas de shale oil ubicadas en la zona caliente, que hoy tiene como epicentro a Añelo, obligó a las productoras a ampliar la mirada. Claro, nada de esto hubiera sido posible, o tal vez hubiera ocurrido a otro ritmo, sin los grandes problemas que afronta la producción de gas. El cuello de botella del transporte y la retracción del consumo interno durante buena parte del año. Al menos hasta que los gasoductos (pero sobre todo la macroeconomía) permita dar ese salto de sueño a realidad, el proceso de pelear mercados con GNL de Vaca Muerta, algo que YPF comienza a planificar, y no es la única.

Lo dicho, Rincón de los Sauces y Cultral Co-Plaza Huincul también empiezan a recibir el influjo del shale por las variables internacionales que mantienen el precio en torno a los 60 dólares (nunca está de más señalarlo, un valor que es redituable para la industria no convencional pero que para los viejos pozos no convencionales es casi un certificado de defunción). ExxonMobil, primero, y Tecpetrol, ahora, anunciaron que invertirán para hacer despegar la zona de influencia en torno a Rincón. Se trata de una chance que incrementará la actividad y despejará dudas sobre el futuro de ese punto histórico de la industria en Neuquén, justo cuando densos nubarrones comenzaban a posarse allí.

YPF también aprovechará esa circunstancia, apostando y ocupando otros casilleros en la cuenca neuquina, con una triada de clústeres, de donde también saldrán otros miles de barriles de crudo.

Es la influencia internacional del precio y la posibilidad de ampliar territorialmente ese negocio. El juego de la geopolítica y la incidencia cada vez más directa que tienen en la cuenca neuquina las decisiones que se toman a miles de kilómetros.

Detrás de esto, también, asoman las mismas preguntas de siempre. Cómo hace Neuquén para capitalizar (esta vez sí), con un margen de estabilidad mucho mayor, los ciclos de precio alto del crudo, que en 2016 dejaron una crisis con miles de afectados, que fue posible esquivar con el subsidio al gas de la resolución 46, hoy en retroceso.

Parte de la respuesta pasa por generar valor agregado en origen, una discusión que al menos en la superficie parece no tener muchos precursores. Son las preguntas de siempre, que ahora también se dan de frente con la recta final hacia los comicios de octubre.

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