El cine se viste de luto
Buenos Aires. Tras una larga carrera en cine y teatro, Federico Luppi murió ayer a los 81 años, luego de padecer varios problemas de salud a raíz de un fuerte golpe en la cabeza en un accidente doméstico (se golpeó con una mesita de luz) ocurrido en abril. La contusión le produjo un coágulo cerebral, y en marzo ya había sido internado por una retención de líquido severa. El reconocido actor se encontraba internado desde hacía unos días en la Fundación Favaloro, a la espera de poder ser trasladado al Fleni para iniciar un proceso de rehabilitación.
Luppi, quien se encontraba en plena actividad antes del accidente, estaba por iniciar una gira teatral con Las últimas lunas, una obra tierna, lúcida y sencilla sobre la vejez dirigida por su mujer, Susana Hornos.
Durante su extensa trayectoria, el actor supo generar varias polémicas y escándalos fuera de la pantalla, pero también se ganó un lugar a fuerza de talento.
1997 Ese año ganó la Concha de Plata por Mejor actor, en el festival de San Sebastián.
Único y categórico
Respetado y apreciado tanto en el cine español como en el local, Luppi creó un estilo singular a la hora de componer sus personajes: contundentes y con gestos mínimos, lograban conmover e identificar al público. En su extensa labor protagonizó incontables éxitos, como Los pasos perdidos (2001), El laberinto del fauno (2006), Lisboa (1999), Un lugar en el mundo (1992), Martín Hache (1995), Lugares comunes (2002), Cuestión de principios (2009) y la emblemática Plata dulce (1982), entre muchas otras.
Nacido en Buenos Aires el 23 de febrero de 1936, debutó en cine con Pajarito Gómez en 1965 y luego participó de más de 100 títulos, entre los que contó tanto piezas teatrales como films de todo tipo: drama, comedia, thriller y suspenso. Su consagración llegó con El romance del Aniceto y la Francisca, del afamado director Leonardo Favio. Además, fue uno de los actores predilectos del prestigioso director Adolfo Aristarain (Tiempo de revancha, 1985).
Frente en alto
Ante la pregunta recurrente de la prensa sobre cuándo habría de jubilarse, Luppi respondía: “Nunca”. Sólo en un reportaje para la revista de cine Encadenados había dicho: “No soy amigo de los balances. Los balances son un momento para hacer falsas promesas. Hice cosas buenas, cosas regulares, cosas malas, meteduras de pata, ¡qué sé yo! Lo que se hizo, se hizo como se pudo y no hay más responsables que uno mismo. Me siento feliz de estar vivo a esta edad, de haber pasado tantas cosas en la Argentina y todavía poder contarlo. Y me gustaría, sí, en términos un poco fantásticos, descender lentamente por el lado oscuro de la luna, pero con dignidad”.
El fuerte cruce con Mirtha Legrand y Ricardo Darín
Con un claro pensamiento político y un fuerte carácter, Luppi tuvo grandes enfrentamientos con Mirtha Legrand y otros famosos. En 2010, en una entrevista el actor fue contra la diva de los almuerzos: “No sé qué me irrita más de Mirtha, si su profunda y extensa ignorancia o el estado totalmente reaccionario de su alma. Un alma pobre”.
Tres años después atendió a Ricardo Darín. En en una entrevista con Brando, el actor de Un cuento chino dijo que le encantaría que alguien “le explicara el crecimiento patrimonial de los Kirchner”. Por esos dichos, Luppi declaró a La Nación: “Darín me sigue pareciendo un boludo. Hay honestidades que tienen que ver con lo viril: si yo voy a tu casa, como la presidenta lo invita a él porque ganó el Oscar, lo invita a la Casa Rosada, está dos horas con ella, ¿por qué no le dice ahí ‘Cristina, dígame, no habría forma de comunicar mejor este tema de los patrimonios personales? Porque da mucho que hablar esto’. No, esperó dos meses para ir a hacer un reportaje a una revista del Grupo La Nación. Entonces, ¿qué sentido tiene, para qué lo hacés?”.
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