Un sándwich de contrabando puso en peligro una misión de la NASA
En la historia de la exploración espacial hay un hecho que ocurrió en 1965 y tuvo como protagonista a un sandwich de pastrón que puso en peligro una misión.
La misión Gemini III fue la primera del programa Gemini, destinado a preparar a los astronautas para misiones más largas, como las que llevarían al ser humano a la Luna. La fabulosa aventura tenía como protagonistas a los pilotos de la NASA John Young y su acompañante, el veterano astronauta Gus Grissom, ambos ansiosos por el desafío que les esperaba.
Sin embargo, dos horas después del despegue, un gesto inesperado de Young sorprendió a su compañero: sacó un sándwich de carne curada, comprado dos días antes en una tienda de Cocoa Beach, Florida, y se lo ofreció a Grissom.
Este acto, aunque aparentemente inofensivo, puso en riesgo la misión. El gran problema con el pan es que genera migas, y en el ambiente de microgravedad de la nave espacial, estas migas pueden flotar libremente. Esto representa un peligro considerable, ya que las partículas de pan pueden penetrar los ojos de los astronautas, ser inhaladas o incluso infiltrarse en los paneles eléctricos de la nave, con el potencial de causar un incendio.
Después de un solo mordisco, Grissom notó que el sándwich se desmoronaba y, consciente del riesgo, decidió guardarlo nuevamente en su bolsillo. A pesar de este rápido reflejo, el daño ya estaba hecho: las migas comenzaron a dispersarse por la cabina, lo que obligó a la NASA a prohibir el pan en futuras misiones espaciales, sustituyéndolo por tortillas de maíz, que no producen migas.
El sándwich de la discordia
El incidente generó una considerable controversia en la Tierra. Aunque la misión fue un éxito en términos científicos y técnicos, el hecho de que Young introdujera un alimento no autorizado y que Grissom comiera algo fuera de la dieta espacial planificada, enfureció a varios congresistas estadounidenses. Se les acusó de haber comprometido la misión y de ignorar las rigurosas normas alimentarias establecidas para los experimentos médicos a bordo.
John Young, por su parte, restó importancia al incidente, argumentando que se exageró el problema y que el éxito general de la misión debería haber sido el foco de atención. Sin embargo, la historia del sándwich contrabandeado quedó grabada en la memoria colectiva, tanto que hoy en día, en el Grissom Memorial Museum en Indiana, se exhibe un sándwich de carne curada preservado en un bloque de acrílico, inmortalizando ese momento peculiar de la exploración espacial.
Alimentos prohibidos
Este episodio es un recordatorio de que, en el espacio, incluso los actos más simples pueden tener consecuencias inesperadas. Y aunque la tecnología y las precauciones han avanzado desde entonces, la historia del sándwich de carne curada continúa siendo un ejemplo de los desafíos únicos que enfrentan los astronautas y de cómo un pequeño gesto puede dejar una huella imborrable en la historia de la exploración espacial.
La sopa Borsch en el espacio
El borsch ha sido parte de las misiones espaciales rusas desde los primeros vuelos tripulados, comenzando con el programa "Vostok" y más tarde en las misiones de las estaciones espaciales "Salyut" y "Mir". Sin embargo, uno de los momentos más emblemáticos en los que el borsch estuvo presente fue durante las misiones de la "Estación Espacial Internacional (ISS)", donde los cosmonautas rusos la pudieron disfrutar como parte de su dieta espacial.
En la "ISS", donde los astronautas y cosmonautas de diferentes nacionalidades comparten comidas, el borsch ha sido uno de los alimentos que se envían desde Rusia para sus tripulantes. El borsch, junto con otros platos tradicionales rusos, se rehidrata en bolsas especiales y se consume de manera muy parecida a como lo harían en la Tierra, pero en un entorno de microgravedad.
Aunque no se asocia con una misión específica, la inclusión del borsch en los menús espaciales es una constante en los vuelos tripulados rusos, lo que refleja la importancia de mantener una dieta que, además de ser nutritiva, permita conservar el vínculo cultural y psicológico con su lugar de origen.
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