El cura del hogar de las monjitas impidió un robo

El ladrón entró de noche y amenazó con un cuchillo a una enfermera.

NEUQUÉN

El hogar de ancianos Hermanitas de los Pobres fue víctima de un delincuente que, tras amenazar con un cuchillo a una empleada, desistió de su actitud gracias a la intervención del capellán de la Policía Juan Carlos Alfaya.

El hecho ocurrió a las 2 de la madrugada de ayer en el hogar que está en las calles Tronador y Chocón del barrio Confluencia. El lugar está a cargo de las monjitas y ahí reside el capellán de la Policía que está limitado en su movilidad y se las arregla para dar misa y despuntar el hobby con los títeres. “Acá todo cierra pasadas las 20 y no puede entrar ni salir nadie, por lo que sospechamos que puede haberse metido durante el día”, contó la hermana María Beatriz a LM Neuquén.

“Yo lo vi a eso de las 2:30 calentándose en uno de los radiadores y me dijo que estaba cuidando a un abuelo. A mí me llamó la atención por el olor a vino que tenía. Yo iba caminando a poner agua a calentar y siento que alguien me sigue. Cuando me di vuelta estaba este hombre con su brazo levantado y me amenazaba con un cuchillo tramontina”, recordó Mercedes, una de las mujeres que trabaja de noche cuidando a los abuelos.

“El misterio es cómo desapareció. Entrar puede ser fácil, pero salir no. Yo miré por todos lados, las hermanas revisaron hasta debajo de las camas y los policías también, y nada”. Juan Carlos Alfaya Capellán de la Policía que reside en el hogar de ancianos

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“El hombre me decía que no gritara y yo comencé a forcejear con él. No sé de dónde me salió decirle que tenía que hablar con alguien y lo llevé a la habitación del padre. Abrí la puerta lo desperté y le dije ‘padre, este hombre se quiere confesar’. Después cerré la puerta y me fui a esconder a la habitación de una abuela”, contó Mercedes, quien de inmediato llamó a la Policía.

Otra fue la cara del capellán que, sentado en su cama, se encontró con un ladrón con un cuchillo. “No entendía bien lo que pasaba porque me agarró durmiendo. Recuerdo que tenía olor a grasa con humo, no llega a ser olor a perro mojado pero por ahí anda. Yo me le presenté, le di la mano y le dije ‘¿qué te anda pasando flaco a esta hora?’”, detalló el cura.

El delincuente, de unos 35 años, le dijo al sacerdote que andaba en la pesada y que necesitaba algo. El capellán le mostró el bastón que necesita para caminar y el hombre se fue. “No sé si vino a robar o no, pero acá decimos que el que venga a robar va a tener que dejar algo porque no tenemos nada”, resumió el capellán, que no le restó importancia al episodio pero lo recuerda con una sonrisa por lo insólito.

Cuando llegó la Policía, en cuestión de minutos, revisaron todo el edificio y no encontraron a nadie. Incluso, las monjas comprobaron que no les habían robado nada y sospechan que podría haber querido llevarse pastillas de los abuelos porque plata no tienen.

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