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El médico neuquino que inició una cruzada para curar el dolor ajeno

Es uno de los pocos especialistas en tratamiento del dolor crónico en la región. Cuenta la realidad de los pacientes más graves, que no pueden trabajar ni dormir, y aclara que hay un alivio para ellos.

La fuerza de su vocación y de su juramento hipocrático lo atraviesa por completo. Oscar Castañares no lo dudó nunca: desde muy chico soñó con ser médico y ahora, con años de formación y su propio centro especializado, enaltece su profesión con consultas personalizadas que ofrecen respuesta a los pacientes que sufren dolor crónico y que darían lo que fuera por un poco de alivio.

“Esta es mi vocación, nunca quise de trabajar de otra cosa”, asegura con su voz pausada. Después de una infancia despuntando su amor por la medicina con estetoscopios de juguete, comenzó a asistir a charlas para sumergirse en el universo de la salud y conocer todo lo necesario para curar a sus futuros pacientes.

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Oscar estudió en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Combinaba las largas jornadas en la facultad con su trabajo como preceptor y el cuidado de enfermos, con el objetivo de costear sus estudios. En cuarto año, cuando le tocó entrar a un quirófano, no les prestó demasiada atención a los cirujanos. “Me pasé toda la operación al lado del anestesiólogo, quería ver todo lo que hacía”, recuerda.

Así como siempre supo que iba a ser médico e hizo malabares imposibles con el trabajo para conseguir su diploma, Oscar sabía que iba a hacer su residencia en Neuquén. “Fue mi primera y única opción, me presenté en un solo concurso y quedé, y fui la primera camada de anestesiólogos de acá”, expresa.

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En la residencia, había un aspecto del trato con los pacientes que lo marcaba más que cualquier otra cosa. Notaba el dolor que acuciaba a muchos después de las cirugías, el lamento que no los dejaba dormir ni disfrutar de un momento de compañía ni un rayo de sol. Y con esa determinación que tuvo siempre, se propuso la meta de aliviar a todos los neuquinos que sintieran algún tipo de dolor.

Para eso, Oscar tuvo que seguir formándose. Realizó un curso de Experto en Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y luego un posgrado de Intervencionismo para Tratamiento de Dolor Refractario que dicta el reconocido Juan Carlos Flores en la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) y que lo convirtió en el único profesional de la ciudad en especializarse de forma tan intensa en el tratamiento del dolor.

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Con la obsesión de recuperar la vida de sus pacientes aquejados por dolencias crónicas, Oscar se toma el tiempo necesario para tratar de cada uno. A veces, los ve levantarse de la silla de la sala de esperar y caminar hacia el consultorio, y ya puede adivinar dónde está ese dolor que no los deja dormir. Sin embargo, se toma una hora entera para entrevistarlos, examinarlos y pedirles que dibujen, en la silueta de un cuerpo humano, en qué punto está localizado su sufrimiento.

Como experto en la temática, Oscar sabe de todo tipo de dolores. Algunos son leves y otros son intensos. Los hay agudos y también crónicos. Pueden ser continuos, intermitentes y opresivos. Algunos surgen en determinadas posturas y hay otros que son tan agresivos que son provocados por algo tan trivial como el roce de la ropa. Y en sus entrevistas extensas, él se ocupa de identificarlos, de ponerles un nombre y apellido para descubrir así su origen y tratarlos con los fármacos o las intervenciones adecuadas.

“La mayoría de los pacientes vienen después de haber pasado por un derrotero de especialistas que no les dieron ninguna solución; vienen sobremedicados y hasta deprimidos”, afirma el profesional. Algunos llegan con gruesas carpetas de estudios carísimos y les dicen que ya probaron todo: fueron a kinesiólogos, a médicos clínicos, se hicieron sesiones de acupuntura y buscaron, desesperados, a un curandero que los aliviara de palabra. Pero nada les funciona.

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“Hay dolores tan intensos que no permiten seguir con el ritmo de vida normal”, explica Oscar. Son personas que no pueden permanecer sentadas para trabajar ni erguirse para salir a disfrutar del aire libre. Con la irritabilidad que les genera, el dolor no le da el humor suficiente para vincularse con su familia y sus amigos. Les quita horas de sueño. No los deja vivir.

“Lamentablemente, hay dolores que no tienen cura, pero sí tienen un tratamiento”, relata el profesional. “Los que sienten ese dolor, darían lo que fuera por aliviarse al menos por un rato y ya en la primera consulta se van con un tratamiento y una esperanza”, reconoce.

El objetivo de las consultas con Oscar es evitar que sea el dolor el que conduzca la vida de sus pacientes. “Siempre digo que, cuando llegan, el dolor está al volante, pero, a medida que pasa el tratamiento, pasa al asiento del acompañante y después al asiento de atrás”, dice y agrega: “Y llega el momento en que ni se acuerda de que lo tienen, porque son ellos y no el dolor los que conducen su propia vida”.

La extensión de cada entrevista con Oscar tiene una razón de ser. Él afirma que las personas que sufren dolor crónico necesitan, por sobre todas las cosas, ser escuchadas. Muchas veces, cuando expresan lo que sufren, sus allegados piensan que están exagerando. “Yo estoy para decirles que sí les creo y que hay un alivio con los fármacos adecuados”, señala. Por eso, muchas veces integra en las consultas a las familias de sus pacientes, que también se ven afectadas por estos dolores intensos.

Los estudios indican que casi un 60% de los pacientes que atraviesan una cirugía sienten dolor. Cuando este se extiende por más de tres meses, se convierte en un dolor crónico que puede requerir el tratamiento de Oscar. Los dolores más comunes son los lumbares, que engrosan el 80% de las consultas. Y en su mayoría, pueden aliviarse o desaparecer por completo con fármacos adecuados y sin necesidad de una nueva operación.

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Oscar se opone a la venta libre de analgésicos, que muchas personas toman y hasta comparten como si fueran golosinas y que, en un consumo excesivo, pueden generar consecuencias graves en el organismo. “Aunque la mayoría no generan dependencia, pueden generar úlceras o un efecto rebote: al principio los calma, pero después cada vez les duele más”, expresa.

Como precursor de estos tratamientos en la zona, Oscar trabaja de manera conjunta con otros especialistas a través de interconsultas. También se vincula con nutricionistas que cuidan la alimentación de los pacientes y hasta celebra ateneos para debatir casos específicos que requieren de mayor análisis. Así, impulsa su cruzada contra el dolor ajeno en otros profesionales de Neuquén.

La vocación de este profesional lo llevó a reparar en aquellos que sufren dolor las 24 horas de dl día. Y sus estudios les permitieron saber que existen tratamientos para acercarles algo de alivio. “A aquellos que lo padecen, les digo que se imaginen una vida sin dolor, con el ritmo de antes, porque es posible”, asegura.

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