Ingrid Lesser. Licenciada en Nutrición
Aunque el sobrepeso y la obesidad son multicausales y no se deben sólo a la mala alimentación, sin dudas esta tiene un rol ineludible. Alimentarse bien no implica gastar más dinero, sino tener más organización y priorizar el tema, para no caer en las comidas más fáciles cuando llegamos a casa cansados y con hambre. Los chicos se acostumbran a comer lo que hay en casa. Por eso, si habitualmente comemos preparaciones con verduras, ellos con el tiempo las comerán. No es bueno ofrecerles platos distintos porque no les gusta tal o cual cosa.
Para evitar conflictos con la comida, es bueno tener presentes cinco preguntas:
¿Qué se compra? Armar mentalmente un menú con platos variados que incluyan verduras. Evitar comprar alimentos innecesarios, como mayonesa, galletitas, jugos, gaseosas o fiambres.
¿Cuánto se compra? Reducir la compra de alimentos poco saludables y combinarlos con opciones más nutritivas.
¿Qué se cocina? Elaborar cocinas caseras y dejar algunos pasos adelantados si el problema es la falta de tiempo.
¿Cuánto se cocina? Cocinar la cantidad justa, con las porciones según las personas que coman. Para repetir se puede ofrecer ensalada fresca o sopa.
¿Qué llevo a la mesa? En lo posible, llevar los platos servidos. Es un buen hábito no comer con pan ni galletitas.
El principal objetivo para un niño con sobrepeso no es que baje de peso sino que adquiera hábitos saludables: comer las cuatro comidas sentado en la mesa y, entre horas, alguna fruta. El peso será consecuencia de lo anterior.
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