El Pity se convirtió en héroe y River es finalista

El Millo lo dio vuelta en un cierre increíble y logró la hazaña.

Porto alegre. River no olvidará nunca la noche de Porte Alegre, con una remonatada inolvidable en la revancha de la serie ante el Gremio que comenzó perdiendo en Núñez y en Brasil, pero que revirtió de visitante (2 a 1) en los últimos minutos con los goles de Santos Borré y el Pity Martínez, de penal, en una falta cobrada por el VAR con sabor a venganza por lo que pasó hace un año, en la misma instancia, en la cancha de Lanús.

El Millonario jugó condicionado por lo que había hecho en la ida, lamentándose por no haber sido en el Monumental lo avasallante que sí se mostró en Brasil. Marcelo Gallardo sorprendió sentando a Gonzalo Martínez para la revancha, apostó por Juan Quintero como enlace e incluyó a Ignacio Fernández.

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Los primeros 20 minutos fueron del equipo argentino, que desperdició una chance clarísima de gol al minuto en los pies de Borré.

A los 9, Ponzio, quien todavía estaba en cancha, sorprendió de media distancia y a los 12 probó Palacios desde afuera, a centímetros del ángulo superior izquierdo.

El capitán de River se lesionó a los 23 y el conjunto de Gallardo perdió presencia en el círculo central con el ingreso de Enzo Pérez. Nuevamente Palacios, a los 27, lustró el ángulo del arco de Grohe.

De tanto ir, llegó lo temido: el gol de un Gremio hasta ese momento ausente, después de un tiro de esquina mal ejecutado que se desvió en Casco. El rebote lo encontró a Leonardo Gomes afuera del área: cruzó el remate y un leve desvió en Pratto terminó por sepultar a Armani para el 1 a 0.

Bajó al vestuario

Pese a la prohibición, Gallardo dejó el palco y fue hasta el vestuario para reacomodar la estructura. Sacó a Fernández para darle juego a Gonzalo Martínez.

Everton tuvo la sentencia a los 21, después de correr al vacío, pero mano a mano ante Armani ganó el arquero con el pie.

Lo dejó vivo a su rival, que lo empató a los 36, con un cabezazo impensado de Borré tras un tiro libre. Lo insólito llegó al final. Cuando Scocco sacó un remate que se desvió en el ingresado Bressan. Todos fueron al tiro de esquina, pero el llamado del VAR al juez uruguayo Cunha terminó en penal por una mano clara.

Casi 8 minutos después de la acción, en la reanudación, el Pity Martínez se vistió de héroe, tomó la pelota y estampó el 2 a 1 inolvidable que lo metió en la final, esperando a Palmeiras o a Boca, soñando con repetir lo del 2015.

Gallardo de incógnita, para dar la charla en el entretiempo.

Biscay: “Marcelo los convenció de que se podía ganar”

Los jugadores festejan, se abrazan, lloran. Y Matías Biscay reparte elogios para todos, para los que están dentro del campo de juego y para el gran Napoleón, que mira desde el palco. En el Millo derrochan alegría. Nunca dejaron de creer y tuvieron recompensa.

“Lo que hicieron los jugadores fue impresionante”, expresó Biscay, orgulloso por la enorme garra del plantel, que buscó siempre la clasificación, ante un equipo que se vio superado, frente a su gente, con el estadio lleno.

“En el primer tiempo fuimos muy superiores, en el peor momento de ellos llegó el gol”, trató de analizar Biscay y volvió a apuntar a los protagonistas: “Los chicos siempre pensaron que se daba vuelta”, destacó y señaló al padre de la criatura: “Marcelo los convenció que se podía ganar”.

Gallardo en el entretiempo

El Muñeco no se aguantó y hubo cámaras que lo registraron camuflado, yendo a dar la charla en el entretiempo. Seguramente, el DT de River volverá a ser sancionado, pero quién podrá decir que se equivocó. Metió al Millo en un nueva final de Libertadores después de tres años.

La historia de amor y odio con el árbitro Cunhaporto alegre

Esta vez el uruguayo Cunha, el mismo que manejaba el VAR en la semifinal del año pasado contra Lanús, le cobró una mano clave a River. Aquella vez, en el Sur, estaba 2-0 arriba y se no usó la tecnología para marcar el penal que había sido, en el primer tiempo. Después la historia fue tremenda, porque Lanús se lo dio vuelta 4-2 y el Millo se quedó out de la final.

Esta vez fue diferente, pero nuevamente fue protagonista, con final feliz para el Millo.

En el segundo tiempo, el mismo Cunha fue clave como árbitro: después de que empatara River, y cuando se venía un corner, fue hacia el monitor a revisar el tiro de Scocco que había terminado en corner por el rebote en Bressan. Y después de varias repeticiones, con mucho suspenso, se convenció de que la pelota había dado en el brazo del defensor.

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