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Elecciones 2021: las figuras política que quedaron en el banco de suplentes

De Patricia Bullrich a Gabriela Michetti, pasando por Elisa Carrió, Juan Manuel Urtubey y Jorge Macri, el dilema de seguir vigente sin ser candidato.

Una parte importante de trabajar en política consiste en saber esperar. Esperar a que al partido político al que uno pertenece, o a la línea interna, o a uno mismo le llegue el momento oportuno. El que espera desespera, dice el refrán. Y es que en sí mismo esperar no es un verbo: es un tumulto de angustia, acciones postergadas, distracciones y trabajo constante mientras llega eso que, en política, nada ni nadie asegura que vaya a llegar. Si uno alza la mirada hacia el norte, bien hacia el norte, y ve a Joe Biden asumiendo la presidencia de los Estados Unidos a los 78 años, la situación adquiere tintes tan promisorios como angustiantes: la carrera es larga, y esa incertidumbre puede llegar a durar muchos años.

Algo de eso debe saber Alberto Fernández, quien antes de ser bendecido por su vice para liderar la fórmula para la presidencia pasó una larga década en la intemperie opositora. Pero no sólo el presidente: también su círculo más estrecho hacía tiempo que no “pegaba” un cargo o un lugar en alguna lista, salvo algunas excepciones. Alguno estaba, incluso, ya en retirada.

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En tiempos de cierre de listas, cuando la política muestra algunas de sus aristas más pragmáticas, estas reflexiones pueden parecer casi metafísicas, pero no es difícil imaginar a algunos de los protagonistas de esta columna extraviados en sus pensamientos en una mesa de café a la espera de un llamado que se sabe esta vez no llegará. Nos referimos al “banco de suplentes” de la política, aquellos que por decisión o circunstancia no serán los protagonistas en esta elección.

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Jorge Macri bajó su candidatura para las elecciones legislativas.

Jorge Macri bajó su candidatura para las elecciones legislativas.

El más resonante caso es el de Patricia Bullrich: doblegada por el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, no será parte de las listas en esta elección legislativa. En el café de Beruti y República Árabe Siria, que la tiene por clienta habitual, seguramente estará pensando en sus opciones, en su futuro. Bullrich ya adelantó que no resigna sus aspiraciones presidenciales, pero el de presidente de la Nación es un empleo difícil de conseguir: la búsqueda se abre solamente cada cuatro años y son muchos millones los reclutadores a los que hay que convencer para un puesto que admite un solo ganador. Sarmiento decía que para todo argentino es obligación aspirar a ser presidente de la república; afortunadamente para quienes aspiran al cargo, la competencia es un poco más modesta, aunque no menos descarnada.

En cualquier caso, habrá que seguir sus próximos pasos y escudriñar un poco su reciente decisión: más allá del ruido, lo que quedó en evidencia fue la falta de una estructura (militantes organizados, dirigentes y fondos) que pudiera dar cuerpo a una precandidatura competitiva frente a la de María Eugenia Vidal, el caballo del comisario. Con Mauricio Macri (auto)excluido de la carrera, habrá que ver qué movimientos hace Bullrich de cara a 2023 en el sentido de construir un armado competitivo.

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Urtubey ayudará a Randazzo.

Urtubey ayudará a Randazzo.

Otro ausente con aspiraciones presidenciales es Juan Manuel Urtubey. El ex gobernador de Salta decidió no competir por una banca en Diputados y dedica su tiempo a trabajar en la candidatura de Florencio Randazzo. Cuentan en su entorno que está amortizando el quincho que se hizo construir en la casa de su esposa la actriz Isabel Macedo en San Isidro: lo usa para recibir periodistas, políticos e intelectuales, con quienes comparte asados y charlas sobre la actualidad nacional. Quienes han pasado por ese quincho aseguran que se lo ve distendido, consciente de que con 51 años a su carrera política le queda por delante más de dos décadas, aunque alguno también mencionó palabras que son casi sinónimos de espera: tedio, hastío, aburrimiento.

Otro autoexcluido reciente es el intendente de Vicente López Jorge Macri: acaba de declinar su precandidatura a diputado nacional, que en algún momento amenazó con hacerle sombra al alfil larretista en territorio bonaerense Diego Santilli. Al primo todavía le quedan dos años más del que sería su último mandato en el municipio: sucede que en la provincia de Buenos Aires rige una ley -aprobada bajo la gestión de Vidal y con el apoyo del massismo- que limita a dos la cantidad de mandatos para cargos electivos provinciales y municipales. Limitar la elegibilidad de los ciudadanos para cargos públicos por la vía de una ley es algo de muy dudosa constitucionalidad. De aplicarse en 2023, cuando efectivamente entrará en vigencia, y en combinación con la ley de cupo femenino, generaría un gran “juego de la silla”: diputados y senadores provinciales, intendentes, concejales y consejeros escolares que estén cursando su segundo mandato deberían buscar un nuevo destino. Por el momento nadie se anima a cuestionar la ley públicamente, pero por lo bajo son muchos los que están buscando algún consejero escolar dispuesto a inmolarse para conseguir un amparo que suspenda su aplicación.

Más allá de lo que vaya a suceder con la ley electoral bonaerense, Jorge Macri es un político con aspiraciones, que con el tiempo y la gestión ha mostrado un crecimiento en su formación, por lo que es esperable que en 2023 vuelva a intentar ir por la gobernación. En lo inmediato, no tiene competidores dentro de la alianza opositora: el radicalismo tuvo que “invitar” a Facundo Manes para tener un candidato competitivo en la provincia, y la Coalición Cívica nunca tuvo como función aportar nombres para la función ejecutiva.

Desde la Coalición Cívica llega, justamente, otra autoexcluida: con un rimbombante renunciamiento, Elisa Carrió se bajó de la elección legislativa y dedica ahora sus días a recomendar el Evangelio del día en sus redes sociales. Tras la confirmación de la candidatura de Manes, “Lilita” consideró que su participación ”carece de sentido histórico y mi sacrificio resultaría inútil”. Estamos ya tan acostumbrados a sus renunciamientos como a sus retornos, por lo que no conviene alentar demasiadas expectativas sobre su retiro de la política, tantas veces anunciado.

https://twitter.com/elisacarrio/status/1411434526786609162

Diferente es el caso de Gabriela Michetti, cuya ausencia llama la atención por lo prolongada. Instalada en Laprida, una localidad ubicada a unos 500 kilómetros de la capital, en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires, Michetti está abocada al cuidado de sus padres, que según sus colaboradores se encuentran en un delicado estado de salud. Este alejamiento tiene el don de la oportunidad: fue una de las dirigentes que mayores costos debió pagar durante la gestión macrista, desempeñando mal el papel de vocera de decisiones que no tomaba y que en muchos casos ignoraba. Pero también fue quien mejor y más rápido leyó la derrota en las PASO que anunciaba el fin de la gestión macrista; ante un CCK repleto de funcionarios, con un Macri atontado por el golpe y una Carrió explicando la caída porque los votantes estaban esquiando o en Europa, Michetti dio muestras de una sensibilidad que la caracteriza y la acerca a varios sectores del electorado. Palabras más, palabras menos, la entonces vicepresidenta, que había sido relegada de las candidaturas, le dijo al núcleo duro del macrismo -arrogante en la derrota- que muchos de quienes los habían votado en 2015 no llegaban a fin de mes y que por eso les habían dado la espalda. En línea con sus convicciones cristianas, que nunca ocultó, Michetti recomendaba “acompañar” a esos votantes; traída a 2020 y 2021 esa recomendación, llama la atención su ausencia en la arena pública durante una pandemia que tuvo a los adultos mayores como principales víctimas, un sector en el que ella siempre tuvo especial predicamento.

A diferencia de los otros integrantes del banco de suplentes, Michetti no conoce el mercado de pases: inició su carrera política en el PRO y es el único partido en el que militó formalmente, más allá de alguna vinculación familiar con la Democracia Cristiana de Carlos Auyero. Habrá que esperar a 2023 para ver si eso sigue así.

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